26/08/2014: Atravesando Bulgaria

Nos despertamos tras un reparador sueño. Tantos días de camping se agradecía dormir en cama, no tener que montar y desmontar tiendas, etc.

Bajamos a desayunar y alucinamos con el desayuno. Pastel, tostadas, queso, embutido, zumos… De todo, y por 3€ más del precio de la habitación.

Sacamos las motos del lavadero-garaje y nos pusimos en ruta rumbo Sofia. No teníamos autonomía para mucho más de 100km y vi un cartel de Lukoil donde indicaba que había una a 50km.

Cuando me daba la impresión de que llevábamos ya más de esos 50km, pasé de largo una gasolinera muy cutre sin darme cuenta de que justo detrás había una con buena pinta. Al rato me paré y Noelia hizo lo mismo, no sabíamos dónde estaban Ricardo y Álvaro. Al cabo de unos minutos aparecieron, Álvaro había visto la gasolinera “buena” y paró a repostar. Yo ya andaba en reserva. Seguimos por la carretera con la esperanza de encontrar una gasolinera. No quise meterme en mitad de la ciudad de Плевен (Pleven) así, por lo que finalmente busqué la gasolinera más cercana en los POI del GPS y seguí las indicaciones. Sólo había 2km, hicimos una pequeña pista pero por fortuna la gasolinera estaba ahí. Mi autonomía, 4km, por los pelos!

 

Tras repostar y tomarnos una bebida energética continuamos por la carretera. Era impresionante la cantidad de prostitutas que había a los lados y bromeábamos diciendo que en caso de parar seguro que terminabas sin moto ni ropa…

Finalmente llegamos a Sofia, hacía bastante calor y buscamos un lugar donde dejar las motos ya que habíamos parado en zona azul y no estaba muy claro si se podía aparcar en la acera. Encontramos un lugar entre unas jardineras y metimos las motos en medio. Estábamos en pleno centro, delante de la Banca Nacional de Bulgaria (Българска народна банка).

Caminamos hasta la Catedral de Alejandro Nevski, que estaba muy cerca y la visitamos. Es muy grande y el interior tiene pinturas por todas partes y unas bóvedas altísimas.

Seguimos caminando por el centro y como se iba acercando la hora de comer buscamos algún sitio. Vimos un restaurante al que se accedía por un pasillo que era un gran patio interior de un edificio. Nos gustó y nos sentamos. Pedimos rissotto en distintas variantes y probamos alguna cerveza nueva.

La comida resultó estar muy buena y el café también. Además pagamos el equivalente a no más de 4€ por cabeza… Qué más se puede pedir?

Tras la comida continuamos paseando, aprovechando a parar en un McDonald’s para tomar un helado y conectarnos a la Wifi, sentarnos en los parques, y como no, haciendo el tonto.

Salimos de Sofia entre un gran atasco. Encima la carretera por la que debíamos ir estaba cortada, intenté en tres ocasiones enlazarla más adelante y seguía cortada. Por fortuna, en un pueblo un señor nos explicó cómo hacerlo y con sus indicaciones y el GPS pudimos tomar la ruta correcta. Nuestro destino era la ciudad de Кюстендил (Kyustendil), la elegimos por ser muy próxima a la frontera con Macedonia, no estaba muy lejos, unos 90km, pero los últimos 15km resultaron muy pesados, por una carretera llena de baches y curvas y oscura como la boca del lobo. Por suerte llegamos a la ciudad sin incidentes.

Localizamos el lugar donde nos alojaríamos, llamado Salmina House, lo había encontrado en Booking, era una especie de hostel, muy barato (30€ los 4 en una misma habitación). Lo que no esperábamos era que la “recepción” fuera una extraña tienda de sombreros, pelucas y tétricas muñecas.

Nos recibió una mujer mayor que sólo hablaba búlgaro y que pese a que yo le intentaba hacer entender que no me enteraba de nada de lo que me estaba contando, hablaba como una cotorra. Bromeé con Álvaro diciéndole que era la típica situación en que aparecía la nieta, que hablaba inglés y además estaba buena y acerté casi al 100% porque nos quedamos con las ganas de saber si la chica estaba buena o no, sólo hablé con ella por teléfono.

La abuelita, que parecía la dueña de Piolín, nos abrió la puerta del jardín-terraza y con dificultad (Tuvimos que quitar las maletas para pasar por la puerta) metimos las motos dentro. La habitación, que estaba en la segunda planta de la casa era muy grande y tenía 6 camas, fregadero y cocina. El baño estaba fuera pero estábamos solos en esa planta.

Tras instalarnos salimos en busca de un lugar donde cenar. La ciudad era oscurísima y no se veía nada de movimiento. El único lugar que vimos animado resultó ser un hotel de 5 estrellas, donde seguramente nos hubieran echado nada más acercarnos a la puerta.

Al final terminamos yendo a un sitio que vi cuando nos acercábamos al hostel, tenía muy buena pinta y el camarero hablaba inglés con muchísimo acento, pero suficiente para entendernos.

Nos dejamos aconsejar por el camarero y cenamos la mar de bien, todo estaba delicioso.

Tras tan copiosa cena estuvimos hablando con un hombre en el restaurante que se quedó un poco alucinado con el viaje que habíamos hecho, pero la verdad es que lo que le sorprendió más que Noelia hubiera hecho el viaje con nosotros a todo lo demás. Le faltó decir “Vosotros tres habéis ido hasta Ucrania en moto? Menudos nenazas! Sin embargo ella es una valiente”.

Regresamos al hostel y tras un rato de cachondeo por las curiosas sábanas nos acostamos.

 

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25/08/2014: Cruzando Rumanía para llegar a Bulgaria

El día amanecía nublado pero no llovía. Recogimos y salimos del hotel sin desayunar, ya lo haríamos al llegar a la cercana localidad de Bran, donde se encuentra el famoso castillo del Conde Drácula.

Exceptuando por un desvío que no tomé porque no me daba tiempo y donde indiqué a los demás que giraran, no hubo contratiempos. Al final, me colé yo, Álvaro me hizo caso cuando le hice señas de que saliera y Noelia y Ricardo vinieron detrás de mi. Tras un par de pirulas para tomar la dirección correcta, nos reagrupamos y continuamos tranquilamente hacia Bran.

Al llegar aparcamos en la calle principal en un hueco debajo de un cartel donde un coche no podría aparcar. Pese a ello, se nos acercaron un par de chavales vestidos con chaleco y acreditación diciéndonos que era de pago.

En un momento me giro y veo a Ricardo en el suelo, Álvaro y yo preguntamos a la vez “Pero qué haces? Eres tonto?” y Ricardo decía “No me puedo haber dejado la pata sin poner, se tiene que haber hundido o algo”. Y no, no se había hundido, se había partido! Tras examinar el trozo de pata mejor vimos que debía llevar tiempo partida y que había terminado de romperse en ese preciso instante.

Tras enganchar con una brida de nylon el “muñón” de la pata para que no se parara la moto, nos movimos a una calle más apartada del castillo donde vimos algún coche aparcado. Dejamos las motos en fila y aprovechamos para desayunar sobre las maletas de mi moto leche y unas galletas de chocolate que nos supieron a gloria.

Subimos a la entrada del castillo y tal y como habíamos leído, los lunes abrían más tarde (12 de la mañana), por lo que decidimos hacer tiempo en el mercadillo de debajo, escribir unas postales, etc.

Como vimos que se empezó a formar cola, nos pusimos en la fila y cuando abrieron no tardamos más que 5 minutos en llegar a la taquilla y comprar las entradas (25 lei/6€ aprox.). Subimos la cuesta que separa la entrada del castillo y visitamos el castillo, que aunque es interesante, tampoco es que sea la pera, ya lo sabíamos.

Lo que sí nos gustó mucho fueron las vistas desde el castillo, con todos esos bosques verdes y montañas.

Al salir del castillo nos comimos una mazorca cada uno, las habíamos visto al entrar y estábamos con antojo jejeje

Regresamos a las motos, que para nuestra sorpresa seguían donde las habíamos dejado y nos pusimos rumbo a Bucarest. Saliendo de Brașov atravesamos un enorme polígono industrial donde además estaban en obras, nos costó un buen rato y algún susto, pero logramos salir a carretera sin más contratiempos y a los pocos kilómetros estábamos circulando por una divertida carretera con curvas muy bien peraltadas y un asfalto excelente. Aunque mi rueda y la dirección seguían mal podía ir bastante bien puesto que eran carreteras rápidas, donde siguiendo el estilo rumano, adelantábamos en continua si no venía nadie de frente.

Llegamos a Bușteni, donde había muchísimo tráfico, pero no nos importó porque el pueblo era una chulada, con casitas típicas, un centro moderno y bonito y una estación de esquí.

Pronto nos dio la hora de comer y como me habían reñido por parar en una gasolinera con intención de comer, divisé un lugar majo y paramos. Resultó ser la estación de tren del pueblo de Sinaia. Nos instalamos en un banco del andén, sacamos los bártulos y disfrutamos de la comida viendo pasar algún que otro tren.

Tras la comida Álvaro y yo fuimos a por un café a la estación y observamos algún trasto curioso adaptado a la circulación por las vías del tren.

Retomamos la carretera, que cada vez era más lisa y aburrida, para finalmente convertirse en una especie de autovía de dos carriles por la que llegamos a Bucarest.

Teníamos intención de pasar de largo, pero como no era muy tarde decidimos pasar por el centro en vez de rodear la ciudad. La verdad es que pese a los atascos, el calor que hacía y el electroventilador de la moto, que saltaba cada dos por tres, nos sorprendió mucho, una ciudad moderna, muy europea y bonita. Ah, y los policías que montaban BMW R1200RT jeje

Cruzar por el centro nos llevó 1h aproximadamente, pero habíamos hecho suficiente visita, y es que todos coincidíamos en que visitar una o dos ciudades está bien, pero visitar todas es un coñazo.

Saliendo de Bucarest, empezando una autovía perdí a mis tres compañeros y empezó a diluviar, unas gotas enormes de esas que duelen como si fuera granizo. No había absolutamente ningún sitio donde parar, estaba todo vacío, por lo que decido enroscarle la oreja a la moto y salir zumbando, delante se veía el cielo despejado. Tras 10 o 12km así paró de llover y con la velocidad y el calor que hacía me seco igual de rápido que me había mojado. Ya prácticamente seco me paro en un costado a esperar a mis amigos, que no tardan mucho en aparecer.

Desde nuestra posición hasta la ciudad de Бяла (Byala) donde teníamos reserva de hotel sólo hay 120km, que discurren bastante rápido hasta que llegamos a la frontera, donde Ricardo y Noelia intentan comprar en una gasolinera la viñeta para quedársela de recuerdo. Luego descubrimos que las motos no pagan viñeta, y nosotros preocupados por si nos decían algo al salir!

La frontera está cruzando un largo puente sobre el Danubio donde vemos multitud de naves industriales y astilleros. Hay mucho tráfico sobre el estrecho puente, pero finalmente llegamos a la frontera, donde pasamos sin más en cuanto el policía ve que somos ciudadanos europeos.

Estamos ya en Bulgaria, en la ciudad de Русе (Ruse) y nos falta muy poquito para llegar a Бяла, la carretera no es de las mejores que hemos visto, el asfalto está viejo pero aceptable y circulamos bastante rápido. Pronto llegamos al desvío y nos metemos en el pueblo. Al final nos toca darnos la vuelta, resulta que el hotel está por la misma carretera que veníamos 500m más hacia delante de donde nos habíamos desviado.

Teníamos reserva en el Formula 1 Hotel, 32€ la habitación doble con desayuno incluído. Al llegar no me gusta que las motos están muy a la vista desde la carretera, pero enseguida la chica de recepción nos dice que podemos aparcarlas a cubierto. Las metemos dentro de un antiguo lavadero/engrase con forma de hangar, a salvo de miradas indiscretas.

Las habitaciones son muy modernas y están muy limpias, en general todo el hotel parece de muy reciente construcción. Hemos visto un bar-restaurante abajo y al rato estamos sentados en la mesa. Nos dan una carta en inglés y elegimos una ensalada y pan para todos y luego cada uno un plato. Nos sorprende el pan, que es una torta tostada por fuera estilo el pan marroquí, con un intenso sabor. El aceite de oliva (Es griego) es de los que a mí me gustan, potente, por lo que nos ventilamos el pan mojando en el aceite.

El plato está exquisito y probamos un par de cervezas autóctonas como Zagorka o Каменица (Kamenitza).

Aprovechando que tenemos wifi hablo con una amiga búlgara para ver si conoce a alguien que nos pueda echar una mano a fabricar un refuerzo para la moto de Álvaro y Ricardo hace lo mismo con otra conocida, sin mucho éxito. Poco a poco le hemos ido convenciendo de continuar, primero decía “Cuando llegue a Bucarest llamo a la grúa”, ahora dice “Cuando lleguemos a Sofía llamo a la grúa” y nosotros le instamos a terminar lo poco que nos queda de viaje con nosotros.

Alargamos la sobremesa jugando con los gatos que hay y escribiendo a la familia, subiendo fotos, etc. y luego nos vamos a dormir.

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24/08/2014: Brașov

Nos despertamos y lloviznaba. Ricardo y yo nos armamos de valor para ducharnos sin agua caliente, nos lo habían advertido el día anterior. Las duchas daban asco, estaba todo inundado con casi un palmo de agua y encima el agua estaba fría de narices. En fin, mejor que oler mal…

Al salir de la ducha se puso a diluviar, así que me refugié en la recepción donde además tenía Wifi. Que te pille la lluvia circulando puede ser molesto pero antes de poder recoger es un problemón.

Me puse a buscar alternativas ya que no nos quedaba ropa limpia y la previsión era de lluvia… Busqué precios de hoteles en Brașov y encontré uno con buena pinta por 29€ la habitación doble. Reservé, así por lo menos llegaríamos a un lugar seco y podríamos lavar ropa.

La lluvia aflojó un poco y Ricardo, Álvaro y yo nos acercamos al Carrefour que vimos la noche anterior a ver si encontrábamos una cincha para fijar mejor la parte rota de la moto de Álvaro. Encontramos una con tensor que tenía buena pinta y compramos para desayunar.

Había parado de llover y salió el sol así que aprovechamos para secar las tiendas mientras desayunábamos. Entre pitos y flautas salimos sobre las 10:30.

La carretera estaba en buen estado y era tranquila, yo me estaba durmiendo sobre la moto e imaginé que mis compañeros estarían igual, así que paré en una gasolinera aprovechando a repostar. Compramos bebidas energéticas y café y estuvimos un buen rato despejándonos, parece mentira la modorra que te puede llegar a entrar sobre la moto…

Cuando reanudamos la marcha noto un pinchazo en la pierna, miro hacia abajo y veo una abeja que se ha quedado atrapada entre mi pierna y el asiento. Por suerte me ha picado a través del pantalón y a la media hora ya no me pica.

Estando a unos 50km de Brașov tuvimos que ponernos los impermeables porque empezó a llover. En una zona donde el agua cruza sobre la carretera me asusto porque la moto resbala de lado a lado.

Tras pasar por una presa empieza una zona revirada donde Ricardo me adelanta. Yo noto la moto cada vez más rara, especialmente al tumbar a poca velocidad, por lo que circulo despacio y observo que cuando me tumbo el manillar vibra muchísimo. En curvas cerradas y lentas es francamente difícil mantener la trayectoria y observo que en mojado es aún peor.

Empiezo a recordar el cráter del día anterior en Ucrania donde Álvaro rompió el soporte… Poniéndome de pie sobre las estriberas y observando la rueda delantera veo que se menea muchísimo. Debí de doblar el aro de la llanta en el maldito agujero… Siempre había dicho que la gente se quejaba mucho de estas llantas y las mías habían aguantado de todo. Hasta ahora.

Por fin logramos llegar a Brașov, yo bastante aliviado de parar porque no me siento nada seguro sobre la moto. Busco la dirección del hotel en el navegador del móvil y se lo paso a Ricardo, que tiene soporte, para que nos guíe. Noelia está un poco asustada porque nos había perdido en un cruce y encima empezaba a llover fuerte de nuevo.

Salimos detrás de Ricardo y en dos o tres rotondas me llevo un susto de muerte. La dirección de mi moto parece que se bloquee y salir de parado en mojado es toda una odisea. Respiro aliviado cuando llegamos al hotel, tengo los nervios de punta… Tras inspeccionar la moto veo que los rodamientos de dirección están dañados y la dirección se queda en el centro pillada. Maldito cráter ucraniano…

El Hotel Global de Brașov resulta ser un hotel cercano al centro, reformado hace poco y muy acogedor. Además la recepcionista se vuelca en ayudarnos y tras preguntar a su jefe si podemos lavar la ropa y darnos la negativa nos busca una lavandería por internet. Al cabo de un rato me dibuja un plano de cómo llegar a un centro comercial que está a 1km escaso donde hay una lavandería. Es domingo y no sabe si estará abierto.

Tras comer de picnic en la habitación del hotel, nos vamos con lo mínimo puesto (Pantalón corto y la sudadera sin nada debajo) al centro comercial en cuestión. Yo voy de paquete de Ricardo porque sigo preocupado por la moto.

Llegamos sin problemas al centro comercial y encontramos la lavandería. Justo cuando la vemos cerrada encontramos dos chichas con la misma cara de sorpresa que nosotros y sendas bolsas de ropa sucia. Da la casualidad de que son españolas, así que en un momento estamos 6 españoles, cada uno con nuestra bolsa de ropa sucia, mirando la puerta cerrada de una lavandería. Menudo chasco…

Volvemos al hotel con cara de tontos y lavamos en una papelera una muda para al menos tener algo para el día siguiente. Lo dejamos tendido en la habitación y tras preguntar a la chica de recepción nos explica dónde tomar el autobús para ir al centro.

Tal y como nos había dicho, encontramos la parada de autobuses y al cabo de dos o tres minutos llega un autobús de los que nos vienen bien para ir al centro. Subimos y cuando vamos a hacer amago de pagar al conductor ni se digna en mirarnos, así que nos sentamos rápidamente como si tal cosa.

Llegamos al centro y bajamos, no sea que nos detengan por colarnos en el bus y empezamos a caminar por el casco histórico de Brașov. Es una chulada y vemos las famosas letras en la montaña estilo HOLYWOOD pero que rezan “BRASOV”.

Tras hacer un poco el tonto continuamos paseando por las callejuelas y buscando un lugar que nos llame la atención para cenar. Tras ver un par de lugares que tienen muy buena pinta pero sólo son bares, decidimos entrar en un irlandés que hemos visto antes que nos había llamado la atención, el lugar se llama Deane’s.

Bajamos al sótano, que nos alucina por su decoración, nos sentamos en una mesa cerrada y un simpático camarero nos toma nota. Lo primero, unas buenas jarras de Ursus para todos menos Álvaro, que pide una Guinness.

Cuando nos traen la cena lo flipamos, qué bueno está todo!

Encima hay Wifi así que la cena se alarga bastante. Sabemos que no hay ya autobuses para volver pero el camarero nos indica dónde podemos coger un taxi. Caminamos los pocos metros que nos separan de la parada de taxis y nos subimos a uno de los muchos Dacia Logan. Los hay de todos tipos y colores, de policía, taxis, de reparto, particulares… Ya sabéis, hacen lo que los demás pero por mucho menos!

Para sorpresa de Ricardo, que va sentado en mitad del asiento trasero, el Logan es muy espacioso y cabe cómodamente pese a su 1.92m de estatura.

Llegamos al hotel en pocos minutos y pagamos el equivalente a 3.5€, nada mal para ser de noche y la distancia a la que estábamos.

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23/08/2014: Largo camino de regreso a Rumanía

A las 7 de la mañana, tal y como habíamos quedado, Ricardo y yo nos plantamos en la playa. Noelia y Álvaro vienen después. Cumplimos y nos bañamos, el agua no está fría para nada, aunque Noelia y Álvaro sólo se mojan los pies.

Tras el chapuzón (Ya podemos decir que hemos llegado al Mar Negro con nuestra moto y que nos hemos bañado!) nos duchamos y desayunamos en el mismo hotel.

Después de desayunar intentamos resetear la centralita de la moto de Álvaro, el día anterior no iba bien y aunque sospechamos de la calidad de la gasolina queremos asegurarnos.

Un rato después de salir Álvaro nos confirma que la moto sigue fallando, se ahoga al pasar de 4000rpm, pues nada, ajustaremos la velocidad y ya está.

Saliendo de Odessa enganchamos un atasco impresionante y encima hace bastante calor. Empezamos a pasar por la izquierda de los coches parados y los que vienen de frente se apartan y nos dejan salir. Álvaro iba por delante y yo el segundo. En un momento veo que el coche que viene de frente en vez de apartarse viene haciendo luces y hace un amago de encerrarme. Clavo la moto y me quedo a dos dedos por cada lado del coche de mi izquierda y el del subnormal en cuestión. Unos segundos más tarde oigo un frenazo y siento un golpe por detrás, cuando me giro Noelia está a punto de caerse, ha sido ella quien me ha dado. Avanzo la moto y me bajo sin quitarme el casco, el tipo del coche que venía haciendo luces se baja y me señala mi maleta y su coche. Yo, que sabía que no le había tocado le respondo con un “Eres un gilipollas, vienes asustando a la gente o qué?”. Aunque era ucraniano debió de entenderme a la perfección porque le cambió la cara y se quedó callado, me giro y pregunto a Noelia si está bien, me confirma que si. Recojo la tulipa de mi luz de matrícula, que se ha roto con el golpe y vuelvo a preguntar a Noelia si está bien. Aunque tiene cara de susto no se ha hecho nada serio. En ese momento cuando le digo “Vale, pues vámonos” aparece el borracho del pueblo con la litrona en la mano y empieza a decirle al tipo del coche que saque fotos. Salgo zumbando, Noelia detrás de mi y Ricardo no tiene más remedio que tirar y rezar para que el borracho y su colega se aparten. Paramos unos metros más adelante para confirmar que realmente estamos todos bien y proseguimos, pronto se disuelve el atasco.

Iniciamos un track que el Google Maps nos quería hacer evitar a toda costa pero que decidimos hacer porque la alternativa era volver a cruzar Transnistria hasta Chisináu. No nos apetecía, y mucho menos después de la movida el día anterior.

Atravesamos un puente que une dos penínsulas y llegamos a una zona muy turística, llena de carteles de habitaciones y gente que está en los costados de la carretera esperando a reclutar turistas para llevarlos a sus casas donde alquilan habitaciones.

Tras salir del caos de esta población seguimos por carreteras estrechas y poco transitadas. En un momento el asfalto se termina y empieza una pista de tierra. Álvaro y yo nos empezamos a divertir pero tenemos que ir parando a esperar a las dos Fazers, por una vez tenemos ventaja jejeje

Noelia está bastante agobiada por conducir por tierra pero se sobrepone y continuamos alternando tramos de tierra con asfalto. Pronto nos damos cuenta de que hay un camino paralelo a la carretera y que el camino está en mucho mejor estado que el asfalto, que está lleno de agujeros.

En ese tramo Álvaro y yo le abrimos la oreja y nos divertimos de lo lindo hasta que se acaba el camino y debemos volver a incorporarnos a la carretera agujereada. Cuando circulábamos por ésta veo que de nuevo nace un camino paralelo y veo un poco de barro pero en ese momento me parece poca cosa. En cuanto me meto me doy cuenta de que me he equivocado de pleno y que hay mucho más barro de lo que parece, dos metros más y mi rueda trasera me está adelantando, otros dos metros y me encuentro de pie en mitad del barro y la moto tumbada al revés de como venía.

Enseguida aparecen Ricardo y Noelia, yo estoy con un ataque de risa, Ricardo baja a ayudarme pero le prevengo de que no se meta mucho. Me ayuda y levantamos mi moto, arranco y no avanza, la rueda trasera se ha convertido en un donut y no avanzo. Ricardo me empuja y poco a poco consigo salir del barrizal sin volverme a caer. Casi me voy al suelo cuando ya estoy en tierra firme porque la rueda sigue completamente embotada.

Álvaro aparece entonces y su cara lo dice todo. No se había dado cuenta de que no íbamos y cuando se percató y se dio la vuelta se encontró con que yo estaba retozando en el barro.

Tras reponerme volvemos a montar y seguimos, a los pocos kilómetros llegamos a una carretera en mejor estado y más grande. Paramos en una gasolinera a repostar y no tienen lavadero. De hecho ninguna gasolinera tiene…

La carretera estaba destrozada, llena de agujeros en el asfalto donde parece que además se hayan entretenido en sacar lo que había dentro del agujero. Luego describiríamos la carretera como un campo de pruebas de mortero.

Iba yo delante bastante adormilado pese a que tomábamos de tanto en tanto alguna energy drink y al parecer pasamos bastante rápido por delante de una garita donde había dos policías. Digo al parecer porque yo iba tan empanado que ni los vi. Según Ricardo con el ruido de mi moto (Iba sin DB Killer jejeje) los desperté y salieron corriendo a dar el alto a Noelia, que tras dudar decidió pasar de largo. Ricardo tuvo que esquivar al policía que ya se había puesto en mitad de la carretera, pero es que con un Lada de los años 70 difícilmente nos iba a poder perseguir…

Un rato más tarde me tragué un cráter inmenso en mitad de la carretera, me asusté mucho porque además del golpe por un instante mi culo y mis pies se separaron de asiento y estriberas. Con el ruido y el susto no oí a Álvaro y al cabo de un rato me di cuenta de que iba solo, y es que iba bastante dormido. Me paré en un lado de la carretera y tras 4 o 5 minutos esperando y no venir nadie me temí algo malo. Di la vuelta a toda pastilla y me crucé con Noelia que me hizo gestos de que fuera hacia atrás. Por suerte, en el breve espacio de tiempo que nos cruzamos su cara no me pareció demasiado seria.

Al poco llegué a la altura de Ricardo y Álvaro. El topcase de Álvaro estaba en el suelo junto a la moto, me paré y pregunté. Ricardo me dijo “Algo se ha roto de la vaca”.

Tras examinar la moto vimos que uno de los soportes de la parte trasera del chasis, que sujeta el asiento trasero y las tres maletas y descansa sobre una oreja de la caja de cambios se había partido.

Fue en ese momento cuando Ricardo me dijo “Precisamente aquí, que nos ha dado el alto un policía un poco más arriba”.

Examinando la moto decidimos intentar fijar de alguna manera la pata del chasis a la caja de cambios, mientras Álvaro rescataba el trozo de metal y el tornillo de la mitad de la carretera.

Como yo llevaba cuerda de paracaídas, que es fina, ligera y aguanta muchísimo. La usamos para apretar todo lo que pudimos el tubo del chasis a la estribera, que va sujeta a la caja de cambios.

Mientras estábamos en estas me entra un retortijón que me dobla por la mitad. Necesito urgentemente mandar un fax… Qué suerte, hay una casetita a escasos 20m con buena pinta para esconderse detrás a… Eso. La casetita resulta ser una letrina, entro y no tengo claro si es mejor depositar la carga dentro que fuera. Me arriesgo… No atiné mucho con el agujero de la letrina pero en mi defensa diré que mi “pintada” no se notó mucho ya que al parecer no era yo el único “artista”…

Regresé aliviado y Ricardo se había liado a hacer nudos quedando un remiendo bastante apañado teniendo en cuenta los medios de los que disponíamos ahí en medio de la nada.

De pronto escuchamos un derrape bestial, se trataba de un camión que casi se cruzó para evitar el cráter.

Continuamos con más cuidado y menos velocidad. La moto de Álvaro no sabemos si irá a peor y encima yo noto algo raro en la mía.

Kilómetros más tarde paramos en un pueblo a buscar algo de comer. No nos quedan demasiadas grivnas, juntando lo que nos queda a cada uno conseguimos unas 65 grivnas, unos 3.8€. Entramos Ricardo y yo al supermercado con el dinero en la mano y empezamos a buscar algo y a sumar mentalmente el precio. Finalmente salimos del supermercado con un queso ahumado de casi 1kg, una bolsa de pan cortado en rebanadas, embutido, agua y alguna otra cosa… Y cambio, nos sobró dinero!

Decidimos no comer ahí mismo porque habíamos aparcado delante de un cuartel militar o algo parecido y dos tipos nos miraban con mala cara. Paramos 1km más allá en una gasolinera con césped.

Comimos en compañía de un par de perros salvajes y levantamos el aposento con ganas de salir del país. Unos kilómetros más y llegamos a la frontera. Mismo procedimiento de la entrada, un militar con ametralladora custodia la barrera, anota la matrícula en un papel y nos lo da para posteriomente abrir la barrera.

Hay que pasar por dos ventanillas, una de inmigración y la otra la aduana. Un rato más tarde estamos saliendo a la tierra de nadie. Curiosamente hay un tractor segando hierba en la tierra de nadie que cruza a sus anchas sin que nadie le diga nada…

El espacio entre ambas fronteras es larguísimo, aproximadamente 3km más tarde y tras cruzar las vías del tren en un par de ocasiones, llegamos a la frontera moldava. Cruzamos sin mucho problema y la verdad es que estamos deseando llegar a la frontera con Rumanía, que se encuentra a unos 40km. Cruzamos algunas poblaciones, un pseudo-puerto de montaña adoquinado y de nuevo carreteras bastante deterioradas.

Por fin llegamos a la frontera! Paramos en una gasolinera Lukoil a gorronear WiFi y buscar la dirección del camping que sabemos que hay en la localidad de Brăila, que está pegada a la ciudad fronteriza de Galați. Se nota que el combustible es más barato en Moldavia, en la gasolinera tienen unos tablones que colocan en el suelo para inclinar los vehículos y poder llenar más el depósito. Tras anotar la dirección del camping, salimos de la gasolinera, que está a escasos 300m de la frontera. Cuando estoy saliendo de la gasolinera le comento a Álvaro por el intercomunicador “Qué suelo más raro”, debido a que noto la dirección muy extraña y lo achaco a los adoquines de la gasolinera, pero en cuanto salimos al asfalto me doy cuenta de que es otra cosa, la rueda delantera está pinchada. Doy la vuelta e hincho la rueda en la gasolinera, parece que no pierde, quizás el Slime ha funcionado…

Bajamos a la frontera y está la barrera bajada. Nos paramos justo delante y me pongo a hablar con la policía que la custodia. Viste el uniforme pero lleva zapatos de tacón, las uñas larguísimas y arregladas y un cinturón de Prada. Antes muerta que sencilla. La chica habla italiano así que nos medio entendemos, nos dice que en unos 5-10 minutos podremos pasar. Mientras estamos parados y charlando observo que mi rueda se está deshinchando de nuevo. Pregunto a la chica si hay gasolinera cerca después de cruzar la frontera rumana y me dice que no, que quizás 10km hasta la más cercana.

Tras consultar con mis compañeros, acordamos que volveré a la gasolinera de antes ya que justo al lado había un taller de neumáticos (Vulcanizare) mientras ellos hacen cola y en caso de que abran, me esperan al otro lado.

Con extremo cuidado subo hasta el taller del chico, si no muevo la dirección la moto se puede medio conducir, muy despacio en 1ª y con los pies preparados, pero es rozar el manillar y la moto se descontrola. Llego sin caerme, todo un logro… En seguida sale a recibirme y le enseño la rueda delantera, como no habla más que su idioma le voy señalando los tornillos que hay que aflojar para sacar la rueda delantera. Me preocupa que no tenga un vaso de 12 caras para los tornillos de las pinzas de freno, pero me sorprende sacando un maletín bastante apañado. Mientras él afloja el eje de la rueda yo retiro el captador del ABS, la pinza de freno… En un par o tres de minutos la rueda está fuera. No hace falta destalonarla porque se ha destalonado al andar sin aire, intenta meterla en la máquina desmontadora pero sus garras no abren tanto (Me río al verlo puesto que la máquina que tengo en mi taller abre hasta las 23”, por lo que puedo desmontar la rueda delantera de 21” de mi moto). Le toca desmontarla a la antigua usanza, con desmontables a mano. El pobre chaval suda de lo lindo, y es que las Heidenau tienen unos flancos duros de narices…

Revisamos la cámara y al parecer el fondo de llanta, algo deteriorado ha permitido que una de las cabezas de los radios toque la cámara, haciéndole un poro. Rápidamente el chico pone un parche y comprobamos en el tanque de agua que no pierde. Vuelta a sufrir para meter la cubierta y en un rato la rueda montada en la moto. A lo tonto he perdido 1h… Le pago 5€ ya que no llevo leis moldavos y es el billete más pequeño (Las monedas no se las cambian) y salgo zumbando hacia la frontera.

La barrera está bajada pero mis compis no están… Me quedo detrás de una fila de coches. Al rato aparece un chico rumano y me dice que pase delante de los coches, que no pasa nada… Lo había pensado pero no quise cabrear a los muchos coches que estaban esperando. Bajo hasta la barrera y “mi amiga” sigue ahí, me dice que están haciendo el cambio de turno y que es cuestión de 5 minutos. Esta vez resulta ser verdad lo de los 5 minutos y cuando abren la barrera salgo disparado detrás de un chaval en bici que baja a toda pastilla. Me paro en la garita y el chaval de la bici me hace gestos indicándome a quién debo dar mi pasaporte. Se lo doy a una funcionaria que se lo lleva junto con 10 o 15 más. El chico de la bici me vuelve a hacer señas de que me acerque a la ventanilla, la gente se asoma y si su pasaporte está en la mesa mete el brazo y lo cogen.

Cuando dejan mi pasaporte lo cojo y veo a otro policía mirando la moto, me acerco y me señala una maleta, le hago gestos de abrirla y la abro. Me pregunta si llevo tabaco y me coge el pasaporte de nuevo. Se mete en la garita y al poco me lo devuelve. Ya puedo salir de Moldavia.

Veo a mis tres amigos delante del Duty Free esperando. Me acerco y arrancamos hacia la frontera rumana. Tras colarnos por un carril que no era por ir siguiendo a un coche que parecía que sabía donde iba, llegamos a la frontera. El policía mira el pasaporte y empieza a preguntarnos de qué equipo somos. Yo, que detesto el fútbol, haciéndome el simpático le enseño mi pasaporte donde dice lugar de nacimiento Barcelona y le digo que por supuesto soy del Barça. Ricardo se queda con él cuando el policía a grito pelado pregunta “Real Madrir or Atlético de Madrid?” y le responde “Rayo vallecano!!!”, el policía le choca la mano entusiasmado.

Salimos de la frontera circulando por un polígono industrial y llevo un coche pisándome los talones, ya cerca de Galati perdemos a Ricardo y Noelia en algún semáforo y me mosqueo porque el coche de antes va demasiado cerca. Me paro a un lado para esperarlos y el coche se para junto a mi, mi mosqueo es máximo. El conductor me dice en inglés que nos ha visto un poco perdidos, que él también es motero y que si nos puede ayudar. Le comento que vamos de camino al camping y se ofrece a acompañarnos. Cuando aparecen Noelia y Ricardo empezamos a seguirle, conduce a toda pastilla, está empezando a llover y en una rotonda nos acojonamos porque entramos a todo trapo para tratar de no perder el Peugeot 406 de nuestro nuevo amigo.

Se para frente a una gasolinera y nos pregunta de nuevo dónde vamos. Le hablamos del camping y nos ofrece un camping “no oficial”, le decimos que necesitamos duchas y aseos y entonces saca el móvil para buscar en internet. Le indico el nombre del camping y lo busca, llama por teléfono y avisa de que vamos de camino. Nos pide que le sigamos un poco más y que cuando nos lo indique sólo debemos seguir hasta llegar a Brăila. Luego nos da la valiosa información de continuar hasta que veamos un Carrefour, sigamos 1km más hasta una rotonda, sigamos hasta una gasolinera y salgamos justo después. Se despide de nosotros lamentando no poder acompañarnos por compromisos. Nos hacemos una foto con él y nos busca en Facebook para agregarnos.

Seguimos sus indicaciones por la carretera más oscura del mundo, yo que voy delante tengo que andar con mil ojos, consigo engancharme a un coche y quedarme detrás, ahora la presión de ir el primero la tiene otro… Seguimos detrás del coche incluso dentro del pueblo hasta que vemos un Lidl, no tenemos nada para cenar ni para desayunar.

Entramos los tres hombres a hacer la compra y la emoción de volver a estar en un país medianamente civilizado y miembro de la UE nos embarga… Compramos espaguettis, queso, tomate, galletas, crema de cacao, cola…

Buscando un vino me asaltan las dudas puesto que el típico “Conde Noble” que solemos comprar los juernes cuando nos juntamos para hacer kalimotxo, lo hay en brick en rosado y blanco pero no en tinto. Mirando en botella no me queda claro, en las de vino tinto parece que pone “Semi dulce” y temo que sean tipo moscatel…

Cuando me fijo, en la cabecera de un lineal veo vino tinto español, “Castillo de Alcoy”, denominación de origen Valencia. Me río porque durante los 3 años que viví ahí nunca me gustó el vino, pero es barato e indiscutiblemente es tinto. Salimos del Lidl cargados hasta con helado, hemos tenido un momento de euforia consumista en el Lidl…

Siguiendo las explicaciones de Bodgan llegamos perfectamente al camping, nos damos cuenta de que si no llega a llamar y preguntar cómo llegar no lo hubiéramos encontrado jamás.

Cuando llegamos a la recepción la mujer nos dice “Ah si, los españoles de las motos”.

Montamos las tiendas y nos preparamos un kalimotxo mientras Ricardo se curra la cena. El vino “Castillo de Alcoy”, que por cierto, es de Fuente la Higuera, resulta ser excelente para nuestro paladar, el kali nos sabe a gloria… Igual que nos saben los espaguettis con salchichas que prepara Ricardo. Nos ponemos como cerdos y de postre helado, como dice Noelia, qué gochez!

Tras la cena los hombres nos vamos a las escaleras de la recepción a mirar el Google Mpas. Debemos variar nuestra ruta puesto que hemos acampado antes de nuestro destino teórico y debemos recortar lo que teníamos previsto. Nos tiramos más de una hora mirando y sacamos una alternativa, reservamos algunos hoteles porque no tenemos campings en los nuevos destinos y finalmente nos acostamos.

Cuando tras lavarme los dientes regreso a la tienda me río al ver que uno de los perros salvajes que pueblan el camping está durmiendo justo delante de Ricardo y Noelia.

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22/08/2014: Transnistria y Ucrania

Nos levantamos bastante temprano porque le habíamos prometido a Macario que nos iríamos pronto. Además no teníamos nada para desayunar así que recogimos rápido y volvimos a la gasolinera del día anterior para aprovechamos del Wifi y tomar un café y un croissant.

Salimos en dirección Tiráspol volviendo a cruzar parte de Chisináu, por otro barrio distinto pero igualmente feo y sucio.

En pocos km llegamos a la frontera con la ciudad de Bender. Una policía con uniforme soviético y falda nos indicó que aparcáramos a un lado y entráramos a una oficina. Encontramos a unos alemanes que viajaban en moto y les preguntamos el proceso a seguir para entrar en Transnistria, nos dijeron que primero pasáramos por una ventana y luego por la otra.

Aunque los funcionarios se lo tomaban con calma pronto nos atendieron, pagamos la entrada al país (Supongo que era la tasa de carreteras o vete a saber) y pasamos a la segunda ventanilla, donde debíamos hacer la importación temporal de la moto y pagar un 0,18% del valor que estiman que tiene. Pronto descubrimos que el valor para ellos debe depender únicamente de la cilindrada, porque uno de los alemanes tenía una bronca con el funcionario debido a la diferencia de importe (Que por otra parte era irrisoria, todo hay que decirlo) entre una KTM 1190 Adventure y una R1200GS LC.

Álvaro fue el que más pagó y Ricardo y Noelia los que menos, así que la teoría de la cilindrada cobraba sentido.

En cualquier caso, una hora y pico después estábamos circulando en dirección Tiráspol. Por la mañana me di cuenta de que uno de los tornillos de mi estribera izquierda (Que a su vez sujeta la pata de cabra) que se me llevaba aflojando unos días se había perdido. En un semáforo vi un taller mecánico grande con buena pinta y entramos a preguntar. Uno de los mecánicos hablaba inglés así que le conté lo que necesitaba (Un tornillo M10) y me llevó a otro taller más pequeño de la misma calle, buscamos en la típica caja que tiene todo taller con cientos de tornillos y encontré uno que me servía. No me quisieron cobrar nada y además me dejaron las herramientas para ponerlo y poder apretar bien el otro tornillo. Por el momento muy buena sensación sobre la gente de Transnistria.

Le preguntamos cómo llegar al centro y nos indicó, llegamos 5 minutos más tarde y aparcamos las motos. Paseamos por delante de la estatua de Lenin, las tumbas de los muertos en la guerra de Transnistria y el monumento al soldado desconocido. Nos hicimos unas fotos delante del famoso tanque que hay en el parque y también frente al escudo de Tiráspol, que destaca la parte industrial y la parte agrícola de la ciudad, con el río Dniéster en el centro.

Concluída la visita al centro, volvimos sobre nuestros pasos con intención de visitar el estadio del Sheriff FC ya que habíamos pasado por delante al entrar en Tiráspol. Aprovechamos para repostar a precio de risa, pero ojo porque en Transnistria sólo se puede pagar en rublos transnistrios, leis moldavos o dólares, pero ni con tarjeta ni en euros.

Nos acercamos a la entrada del estadio y había un vigilante en una garita y la barrera bajada, le preguntamos si podíamos visitar el estadio y nos echó de manera bastante borde. Para su mosqueo, colocamos las motos en fila para hacer una foto con el estadio de fondo y nos fuimos antes de que se cabreara de verdad.

Salimos de ahí siguiendo las indicaciones de Одеса (Odessa) cruzando todo Tiráspol por un entramado de calles raras, donde no tienes claro si estás circulando por una carretera o por una calle muy grande.

Llegamos al puesto fronterizo y todo parecía ir bien, hasta que el policía dice “Only one, boss”. Me acerqué y me comentó que nos faltaba un papel de inmigración que nos tenían que haber dado en Bender al entrar. Le dije que habíamos hecho lo que nos habían pedido, le remarqué que habíamos hecho la importación de las motos, que habíamos pagado… Y me decía que debíamos volver a Bender a por el papel en cuestión. Le hice ver que el fallo era suyo y le pedí que llamara. Accedió y se metió en la oficina, tardó unos 10 minutos en volver a aparecer. Me confirmó que el fallo era de la policía fronteriza de Bender y que debíamos volver. Insistí tanto como pude en que si me estaba dando la razón en que el fallo era suyo ellos debían solucionarlo, no nosotros.

Debimos de tocar las narices a su superior porque pese a que al chico se le veía con voluntad de ayudarnos, tras el último viaje a la oficina salió muy serio diciendo “My boss says you have to return to Bender”.

Agotadas todas las opciones, bastante cabreados porque íbamos muy bien de tiempo, dimos media vuelta y volvimos a Bender cruzando de nuevo todo Tiráspol. Cuando llegamos se nos acercó un policía de los que habíamos visto por la mañana a preguntar qué pasaba, cuando le expliqué se sonrió y dijo “Yes, I know, I know”. A mí no me había hecho ni pizca de gracia…

Pasamos por la ventanilla de inmigración y en un minuto nos imprimieron un ticket a cada uno con nuestro nombre escrito en caracteres latinos y cilíricos.

Salimos zumbando de Bender para volver a atravesar Tiráspol. Adelantando a un coche pasé a toda pastilla por un control militar y por suerte los soldados estaban de cachondeo y debieron de ver a la legua que era un turista, de haber ido en coche igual me fríen a tiros…

Saliendo de Tiráspol tras girar en un cruce un policía con un sombrero estilo paellera soviética me da el alto. Iluso de mi pensé que era curiosidad… No hablaba nada de inglés así que saca su carnet de conducir transnistrio (Que fuera de ahí tiene el mismo valor que un billete de Monopoly) y me indica que quiere ver el mío. Saco el carnet de conducir y me enseña la pantallita de una pistola radar donde se ven varias fotos nuestras (De frente), una de ellas conmigo delante a 64km/h, el resto con los cuatro a mogollón a 59km/h.

Me hace entrar en la garita y se mosquea bastante cuando Álvaro, Noelia y Ricardo, que estaban fuera, asoman la cabeza dentro.

Me pinta en un papel una señal de limitación a 40km/h y luego escribe 64-40=24.

Saca su móvil del bolsillo y abre una aplicación de traducción donde escribe en ruso y veo en inglés “PENALTY”. Le digo que ni de coña, que no había ninguna señal y que no voy a pagar ninguna multa. Se levanta y sale fuera, me señala el coche patrulla y por un momento pienso que me he pasado de listo y que por bocazas me van a llevar al cuartel. Pronto me doy cuenta de que lo que quiere el tipo es que vaya a ver la señal con su compañero. Me subo al coche mientras veo la cara de incredulidad de mis tres compañeros. Salimos de ahí con otro coche detrás escoltándonos.

Mientras circulamos, le hago señas al otro policía de que nosotros no veníamos por esa calle sino que habíamos girado, me hace gestos de que me espere, llega a la calle por la que nosotros veníamos, hace un giro y se incorpora a la calle parándose justo al lado de la señal. OK, tú ganas, había señal.

Volvemos a la garita y le digo al policía “No lei, no rubles, only euros”, escribe en el papel 30E. Le cojo el móvil y usando la misma palabra que había salido antes escribo “PENALTY ONLY FOR ME”. Asiente con la cabeza, salgo de la garita y cojo 20€ de mi bolsa. Ricardo me da los otros 10€. Le doy los 30€ al policía de la paellera en la cabeza y sonriendo se los mete en el bolsillo. Sabemos que ha sido una mordida en toda regla y que probablemente con ese dinero vaya a cenar como un marqués varios días, pero qué se le va a hacer…

Salimos despidiéndonos con un “A cascarla!” y a pocos metros ya estamos a más de 100km/h, total, ya habíamos pagado mordida para todo el día.

Llegamos de nuevo a la frontera y el mismo policía de la vez anterior nos deja salir, no tardamos ni un minuto… Llegamos a la frontera de Ucrania donde primero un soldado nos da un papel donde anota “MOTO” y la matrícula para posteriormente abrirnos la barrera.

Hay que pasar por dos ventanillas, la de inmigración y la de aduanas. Nos preguntan si vamos a Odessa y se sorprenden de que vayamos 4 personas en moto, el policía no para de preguntar “Four motorbikes?”.

Sin mayor contratiempo pasamos, ya estamos en Ucrania. Paramos en una gasolinera a llenar puesto que en Tiráspol sólo echamos lo que nos quedaba en leis moldavos.

No tenemos grivnas pero se puede pagar con tarjeta. Tras 10 minutos intentando entender lo que los dos tipos de la gasolinera querían llegamos a la conclusión de que no se fiaban y querían que echara uno, cobrarle, se echara otro, cobrarle y así sucesivamente. Llegamos el depósito a precio de risa, menos de 1€ el litro, además hay 3 tipos distintos de gasolina 95 y también gasolina de 92.

Las carreteras están del estilo de Moldavia, muy onduladas y con grietas. Vamos avanzando hacia Odessa sin muchos problemas y finalmente entramos en la ciudad. Los mapas que llevo son poco detallados así que echamos un vistazo rápido en el Google Maps para ver la ruta que debemos tomar para llegar al camping. Cuando estamos a las afueras pero aún en Odessa veo una señal de camping y decido entrar y pasar de ir al camping previsto, que estaba 40km más lejos.

Por un momento dudo, me he metido en una calle llena de chiringuitos, tiendas de playa y puestos de comida, llego a una barrera y pregunto al vigilante “Camping?”, me abre la barrera “Pues vale, será por ahí”. Cada vez más asombrado avanzo entre restaurantes, discotecas y centenares de personas que están de fiesta, bebiendo o bailando, incluso paso por medio de una boda! Unos metros más hacia delante un tipo con uniforme me indica dónde aparcar la moto, no salgo de mi asombro.

Se me acerca un chaval con cresta y me dice que nos vió el día anterior en Chisináu, es eslovaco y me dice literalmente que no hay camping pero que los apartamentos están muy baratos. Ellos van a salir por la noche de fiesta y podemos apuntarnos.

Dejo la moto y vuelvo atrás a buscar a los otros tres, que han aparcado más atrás. El chaval eslovaco nos acompaña a la recepción del lugar. Sale un chico que no habla inglés y nos lleva por un entramado de pasillos, escaleras y callejones a un lugar cuya puerta parece la de un establo, de madera y con un candado. Abre y nos enseña una habitación con una cama, no hay baño en la habitación y la vista por detrás parece la vista de una celda, con barrotes. Preguntamos el precio y no nos parece caro, salimos a unos 12€ por cabeza. Los baños están a tomar por saco de lejos y en el trayecto vemos a gente bebiendo y cocinando en las barbacoas. El lugar es raro de narices, parece una especie de hermandad como en las películas, o un centro de juerga a gran escala.

No se puede pagar en euros ni con tarjeta, pero el chico nos lleva a un cajero. Encontramos a un compañero del punky eslovaco cuya tarjeta se ha quedado metida en el cajero. No hay más cajeros… Preguntamos y nos dicen que cerca hay otro, así que nos ponemos a caminar como cuatro tontos mucho más del kilómetro que nos han dicho. Llegamos a unos apartamentos con mucha mejor pinta, preguntamos y valen aproximadamente lo mismo, podemos dejar las motos dentro de un recinto vallado y encima aceptan euros. Decidimos pasar del otro lugar, y encima no hemos encontrado el cajero. Volvemos por el paseo marítimo caminando la mitad que antes, el eslovaco ha logrado recuperar su tarjeta y aparentemente el cajero funciona. Decido arriesgarme y saco dinero, funciona. Aprovechamos todos para sacar grivnas, recogemos las motos y nos vamos al otro sitio, mucho más tranquilo. Además ahora tenemos grivnas así que tenemos libertad para buscar el lugar para cenar que más nos guste. La única pega es que la wifi es gratis sólo durante 10 minutos, no se puede tener todo.

Cenamos en un restaurante alemán bastante bien, tienen mantitas y menos mal, porque hace fresquito. Después de cenar Ricardo y yo quedamos para ir a bañarnos en el Mar Negro a las 7 de la mañana.

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21/08/2014: Llegada a Moldavia

Durante la madrugada nos llovió pero por fortuna paró antes de despertarnos y salió el sol, por lo que pudimos dejar secar las tiendas mientras nos duchábamos y preparábamos el desayuno y visitábamos el monasterio, que estaba justo enfrente del camping.

Saliendo de Suceava me desvié del track y pensé que podríamos cambiar el rumbo más adelante, pero un vistazo rápido al mapa reveló que no había enlaces entre la carretera por la que circulábamos y la que debíamos circular. Dimos media vuelta y continuamos en la dirección adecuada. No quedaba ni rastro de nubes y hacía bastante calor.

Sobre las 13h llegamos a la frontera con Moldavia. Nos quedamos un poco sorprendidos con las preguntas del policía de aduanas: “Pistolas, narcóticos?”. Tras bromear acerca de que no eran cosas que soliéramos llevar en vacaciones, pasamos a hablar con la policía fronteriza, que nos preguntó dónde íbamos. No se sorprendió cuando le hablamos de Chisináu (Capital de Moldavia) pero puso cara de susto cuando dijimos “Tiráspol”. Nos preguntó literalmente que qué se nos había perdido en ahí. Por su cara temí algún problema que no conociéramos, así que le pregunté y me empezó a hablar acerca de la situación política de Transnistria. Cuando le dije que eso lo sabíamos y que si había algún otro problema me dijo que no, aunque siguió con cara de sorpresa.

La frontera rumana estaba a un lado de una presa, la “tierra de nadie” cruzaba toda la presa y la frontera moldava estaba al otro lado. Siempre tengo la sensación de que las fronteras están en lugares donde en caso de problemas se puede derribar un puente, o en lo alto de un puerto de montaña.

Al llegar a la frontera moldava Álvaro tuvo problemas con su carta verde. Los señores de Verti dan la carta verde por 3 meses solamente, y la suya estaba caducada. Avisé antes del viaje del tema de la carta verde puesto que el año pasado tuve muchos problemas con ella, pero a Álvaro (Ni a nadie) se nos ocurrió pensar que la carta verde la dieran sólo por 3 meses.

El policía señaló una oficina cercana a la frontera (Una casa de seguros) y literalmente pasó de Álvaro, cogiéndonos la documentación a los demás. Optamos por hacernos los tontos y parece que funcionó, porque al final le cogió de nuevo la documentación a Álvaro y le selló el pasaporte, aunque sin apretar mucho con el sello jejeje

Cambiamos dinero (En Moldavia se usan leis moldavos) en una oficina en la misma frontera y nos fuimos. El cambio se notó en cuanto nos alejamos 1km de la frontera. No había absolutamente nada, sólo campos, asfalto en mal estado y poco más.

Al rato llegamos a un pueblo donde entramos en un pequeño supermercado donde compramos una especie de salami, pan y alguna otra cosa. La dueña debía tener 80 años y por supuesto no hablaba ni papa de inglés, así que le pedí que me escribiera en la calculadora el precio. Fue insultantemente barato, bromeábamos con esto, “Hoy invito yo”.

Nos apalancamos en un jardín para sorpresa de transeúntes y niños, que en ocasiones parece que no hayan visto una moto grande en su vida. Ya en la sobremesa pasó un hombre que en perfecto castellano nos preguntó “De dónde sois?”. La respuesta fue unánime “De España”. Su cara fue de chiste “Hombre ya, pero de dónde?”. Nos estuvimos riendo un buen rato, y es que tras varios días donde la gente preguntaba de qué país éramos, dimos por hecho que era lo que el hombre estaba preguntando. Había vivido 11 años en Carabanchel aunque era rumano y nos contó que pronto se iría a Italia a trabajar. Conociendo casos concretos puedes hacerte una idea de lo difícil que debe ser dejar tu país para ir a buscarte la vida a otro lado, o a otro, si la situación lo requiere.

Tras comer continuamos ruta en dirección Chisináu. El paisaje era muy muy soso, el asfalto horrible y hacía bastante calor. Parece que asfalten poniendo 2cm de asfalto, que por efecto de los camiones se ondula en las cuestas (Como si se arrugara al traccionar los camiones) y se hunde del peso donde pisan las ruedas.

En un desvío para enlazar con otra carretera siento que algo se ha desprendido de mi moto, miro el GPS pensando que se había soltado y no veo nada raro. Me paro y veo a Noelia y Ricardo parados más atrás, Noelia se agacha y me muestra mi candado, que suelo llevar en un soporte debajo del topcase. La pletina del soporte, de chapa de 3mm, se ha partido de tantas vibraciones, y es que las carreteras en Moldavia están realmente arrugadas y onduladas.

Mientras estábamos recogiendo el candado un coche se para junto a Ricardo y empiezan a hablar, el dueño nos invita si nos esperamos al fin de semana, a una fiesta con, palabras textuales, todo el alcohol pagado.

Aprovechamos para repostar y busco en el GPS el waypoint del camping. Tras un par de vueltas cambiando de carretera y un corto tramo de pista de tierra llegamos al camping. Entramos en recepción y la chica no habla ni papa de inglés. Me ofrece un apartamento para 4 personas por 120€. Le digo que ni de coña vamos a pagar esa cantidad (Por un momento dudamos de si eran leis) y que lo que queremos es acampar. Me dice que no es posible y le señalo el rótulo a su espalda que pone “CAMPING & RESORT”. Tras 5 minutos de conversación absurda tipo “camping?” “no camping” señalando el rotulo decidimos buscar otra cosa aprovechando la wifi, que al menos es gratis.

Encontramos otro lugar a las afueras de Chisináu, nos toca cruzar la ciudad, pero al menos parece sencillo llegar… Introduzco las nuevas coordenadas en el GPS y cruzamos la caótica y sucia capital moldava. Cuando media hora más tarde llegamos a la población en cuestión no somos capaces de encontrar el lugar, por lo que paramos en una gasolinera Lukoil, que por lo general tienen Wifi, y mostramos las fotografías del lugar a los empleados, que nos indican que está a escasos 300m de ahí.

Llegamos anocheciendo al lugar y el encargado, un hombre mayor bastante rarito al que apodamos Macario, no habla inglés. Un cliente del lugar nos hace de intérprete, le contamos nuestra situación en el anterior “camping” y se ríe cuando nos dice que pese al nombre, esto tampoco es un camping. Por lo visto en Moldavia cuando dicen camping se refieren a un área de picnic, aunque usen la típica señal de la tienda de campaña… Lo que había eran cenadores de distintos tamaños con mesas y tejado.

Bastante desesperados, le pedimos al cliente si puede pedir permiso de nuestra parte para acampar. Macario accede y me dice que le ofrezca una cantidad. Haciendo un rápido cálculo mental me equivoco y le ofrezco 80 lei que Macario acepta. Cuando voy a dárselos veo que no tengo cambio, así que le doy un billete de 100 lei y el chico que nos hacía de intérprete pone cara de “Déjalo así, está bien”. Pronto Ricardo y Álvaro hacen uso de la calculadora y se dan cuenta de que en realidad le acabo de pagar menos de 5.50€ por los 4, es decir, que mi primera oferta fue aún más ridícula, de ahí la cara del chico.

Macario nos enseña una zona apartada donde podemos plantar las tiendas y una letrina, suficiente para pasar la noche, total ya estábamos dispuestos a hacer acampada libre.

Montamos las tiendas y nos ponemos a preparar la cena y pronto empiezan a caer gotas. Preguntamos a Macario si nos podemos resguardar en un cenador y nos da permiso. Segunda incongruencia del día, el cenador más barato valía 400 lei según la tarifa expuesta.

Ricardo nos prepara una rica cena con lo que hemos podido comprar en la gasolinera para asombro de Macario. Debo decir que para este viaje nos llevamos una cocina que compré el año pasado en DealExtreme, una réplica de una de marca, multifuel, que ha resultado funcionar de maravilla con gasolina.

Mientras estábamos terminando de cenar empieza a caer el diluvio universal y nos toca a Ricardo y a mi salir a cerrar las cremalleras de las tiendas, calándonos por completo. Volvemos bajo el cenador empapados y por un momento hace tanto viento que casi nos mojamos lo mismo debajo que fuera del cenador. Noelia y Álvaro deciden aprovechar un parón en la lluvia para meterse en la tienda de campaña y Ricardo y yo nos quedamos tomando un cubata. Habíamos ofrecido bebida a Macario anteriormente, que rechazó con cara de “No, no, yo nunca”. En un momento, se sienta frente a nosotros y señalando la botella de whisky “John Cor” del Mercadona pregunta “Ron?”. Nosotros muertos de risa le dijimos que era whisky de España y de nuevo le ofrecimos. Se puso 3 dedos en un vaso grande y tras un sorbito se bebió el resto de un trago sin inmutarse y exclamó “Good”.

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20/08/2014: Rumanía

Nos despertamos con el gallo del vecino, que no paraba de cantar. Desayunamos en cantidad y de nuevo ensaladilla, pan, mantequilla casera, café… Riquísimo.

Salimos en dirección Suceava. Teníamos que desviarnos un poco para ir a visitar el cementerio feliz de Săpânța. En algún momento me pasé el desvío y no me di cuenta, por lo que sin saberlo, continuamos con la ruta prevista. Cuando me di cuenta ya estábamos a 40km, por lo que debíamos hacer 80km de rodeo para ir al cementerio. Decidimos no dar la vuelta puesto que teníamos bastantes km por delante, además de que las carreteras que estábamos haciendo estaban resultando muy divertidas, con asfalto en buen estado y curvas a raudales.

Paramos en la localidad de Vatra Moldovitei a la hora de comer. Encontramos un supermercado y compramos bebida y comida. Fuimos al parking del monasterio que hay en la localidad (Mănăstirea Moldovița). Al aparcar Noelia se pega mucho a mi y cuando me estoy bajando me echo para atrás y choco con su moto, que se va al suelo sin consecuencias. Días más tarde se vengaría…

Como unos profesionales del picnic, extendimos la manta en el césped y sacamos nuestro arsenal de tabla de cortar, vasos, navaja, embutidos, pan, patatas… Comimos la mar de bien y luego hicimos el perro un rato en el césped, en compañía de dos o tres de los muchos perros abandonados que pueblan Rumanía.

Visitamos el monasterio, que data de 1532. La construcción es relativamente sencilla pero es espectacular la pintura que cubre cada centímetro de pared y techo, toda la fachada, paredes y techos están repletos de pinturas de santos, imágenes bíblicas, etc.

El monasterio se encuentra rodeado de murallas y torreones, viendo el exterior uno esperaría encontrar un castillo en lugar de un monasterio.

Continuamos nuestro camino, cada vez las carreteras se hacían más “normales” y más aburridas, con más tráfico y muchas menos curvas.

Llegamos por la tarde a la ciudad de Suceava, con grandes zonas comerciales, industriales, etc.

Nuestro camping estaba justo en frente del monasterio de Dragomirna. El corto trayecto de Suceava al camping fue muy bonito, con casitas bajas, granjas y muchos animales frente a las casas. Vimos gallinas, patos y ocas campando a sus anchas y caballos y vacas atados en la cuneta frente a la casa de sus propietarios.

El camping era bastante sencillito pero suficiente, compramos en el mismo camping unos espaguettis, salsa, cerveza y alguna otra cosa y montamos las tiendas en medio de una explanada rodeada de árboles. Éramos prácticamente los únicos habitantes del camping esa noche.

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19/08/2014: Dejamos Hungría, llegamos a Rumanía

Cuando nos despertamos la ropa estaba casi seca, lo suficiente para poderla terminar de secar en una bolsa sobre la maleta o el asiento, así que nos pusimos en marcha, íbamos hacia Rumanía.

Circulamos por autovía y también por carreteras comarcales entretenidas, viendo pueblecitos y sobretodo, lo cuidados que están. Todo el mundo recorta la hierba de delante de su casa, las calles están limpias… No he visto tanto cortacésped y cortasetos nunca.

Por fin llegamos a la frontera, donde cambiamos los pocos florines que nos quedaban y algunos euros más por leis, la moneda rumana. El cambio fue evidente nada más cruzar la frontera. Mi primera impresión fue una mezcla de sorpresa por los coches antiguos, camiones y algunas de las casas que veíamos, que parecían palacios. Aproximándome a un paso a nivel mientras adelantaba a una furgoneta me asusté puesto que vi que la furgoneta paraba. Pronto entendimos que a menos que los pasos a nivel tengan barrera hay que pararse y mirar si viene el tren!

Buscamos un supermercado y compramos algo para comer. Vimos un parque que nos gustó y nos echamos en un banco para comer. Mientras comíamos, se acercaron un par de niños gitanos a pedir dinero. Un hombre que andaba cerca se apresuró a echarlos de ahí y no volvieron a molestar.

Después de comer, proseguimos la ruta para llegar a Baia Mare, ciudad que visitamos más tiempo de lo que nos hubiera gustado, dando vueltas a lo tonto por culpa de una dirección incorrecta en TripAdvisor.

Al salir de Baia Mare tomamos una carretera muy divertida con un puerto de montaña donde Ricardo y Álvaro se calentaron. Yo, que por regla general soy más prudente (O cagueta, según se mire) subía a mi ritmo disfrutando, aunque tuve que pegar un zapatazo al suelo en una curva muy cerrada donde mi rueda trasera deslizó.

Tras el calentón de las curvas, nos dirigimos a Ocna Șugatag donde en teoría estaba el camping de ese día. Se nos estaba haciendo de noche (Además de que íbamos con horario español y en Rumanía es una hora más) y no lo encontrábamos, así que regresamos por el camino que veníamos ya que yo juraba haber visto una señal. Por fin encontramos el sitio que había visto, aparentemente sólo era una casa… Me acerqué a dos puertas abiertas y no vi a nadie, en una ventana se veía a un tipo viendo la TV que no nos hacía ni caso, saludamos y nada… Finalmente Ricardo entró con la moto y pitó varias veces, y al cabo de un buen rato salió una chica a ver. Le pregunté por el camping y me dijo que pasara dentro de la casa, me mostró dos habitaciones dobles muy majas, la casa era típica y entera de madera. No había camping ninguno, sólo eso. El precio me pareció correcto, 40€ por los 4 y podíamos cenar ahí, así que aparcamos las motos en el patio trasero de la casa y entramos.

Al rato estábamos sentados a la mesa, con un chupito de Rachiu (También se conoce como rakia en otros países), un aguardiente bastante potente, con WiFi y expectantes… Al poco rato la dueña de la casa, ataviada con los ropajes tradicionales y velo en la cabeza (Nafrana), empezó a sacar bandejas y platos con una especie de ensaladilla rusa, queso, carne salada, tocino, embutidos y un puchero de potaje que era sencillamente espectacular.

También pudimos degustar otro tipo de licor, de grosellas, mucho más suave.

Tras tan copiosa cena subimos a la habitacion a descargar los vídeos y fotos al disco duro y a dormir.

El lugar en cuestión es La Pensiunea Anca, en la población de Deseşti, 100% recomendable.

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18/08/2014: Croacia y Hungría

Nos levantamos e hicimos el desayuno mientras veíamos incrédulos a un grupo de moteros Ducatistas, que no lograron arrancar la mitad de las motos… Tras el desayuno y recoger, arrancamos (Nosotros a la primera, no como otros) y salimos de Zagreb rumbo a Varaždin, un bonito pueblo antes de la frontera con Hungría, con un casco antiguo la mar de guapo, un castillo y un cementerio muy interesante de ver.

Tras visitar Varaždin nos dirigimos a la frontera húngara y tras atravesarla paramos a comprar la viñeta, obligatoria para circular por el país. Nos llevamos un chasco cuando es tipo Portugal, electrónica, te dan un tiquet que asocian a la matrícula, pero no pegatina como cuando yo estuve hace unos años.

Comimos en un área de servicio y continuamos por una aburrida autovía rumbo a Budapest, donde llegamos con bastante calor. Nos comimos un atasco importante y estuvimos un buen rato avanzando a paso de tortuga por uno de los puentes que cruza el Danubio. Aparcamos al otro extremo y subimos a pie al Bastión de los Pescadores, donde pudimos disfrutar de las vistas desde las alturas de la ciudad y el Danubio.

Tras ver unos puestos de un mercadillo, buscar sin éxito un geocaching y caminar bastante, volvimos a las motos para dirigirnos al camping de esa noche, en la localidad de Tiszafüred.

De nuevo aburrida autovía hasta los últimos 15km, de carretera comarcal.

El camping (Thermal Camping und Bad) no destacaba por su limpieza, ni modernidad ni nada en especial, y su único atractivo (La piscina) estaba cerrada por ser tarde. Teníamos que lavar ropa y el hombre de la recepción nos dijo que no había lavadora, yo creo que porque no tenía ganas de explicarnos cómo iba… El caso es que había una especie de cubo que se llenaba de agua con jabón y daba vueltas, así que lavamos la ropa como pudimos y la centrifugamos en otra máquina, que resultó funcionar bastante bien viendo la cantidad de agua que salía de ella.

El camping contaba con cocinas que aprovechamos para hacer la cena y estar cómodamente sentados.

 

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17/08/2014: Eslovenia y Croacia

Nos despertamos sin mucha prisa, nos duchamos, preparamos café, el desayuno, jugamos con los gatos… Al final estábamos saliendo casi a las 11 de la mañana.

Cogimos la autovía, que en Eslovenia son muy modernas y con asfalto perfecto y llegamos a la localidad de Postojna, donde el año pasado me alojé en un “Sobe” y donde se encuentran las famosas cuevas, patrimonio de la Unesco. De Postojna fuimos a Predjama, que está muy cerca, para ver el famoso castillo incrustado en la cueva en la montaña. No entramos puesto que la entrada no era barata y no nos pareció sumamente interesante, pero lo vimos por fuera, hicimos unas fotos y paseamos, además de divertirnos con el tramo de carretera revirada que hay que Postojna a Predjama y viceversa.

Salimos de Predjama y volvimos a tomar la autovía para llegar enseguida a Ljubljana, capital eslovena. Tras pasear por sus calles del centro, ver algunos de sus puentes sobre el río y buscar un geocaching junto a su famoso dragón, nos echamos a comer en el césped delante del parlamento, con mantita de picnic y todo.

Vimos llegar una moto matrícula española, que resultó ser un viejo conocido de Álvaro, y es que el mundo es un pañuelo.

Dejamos Ljubljana dirección Zagreb, donde nos alojaríamos en el camping Plitvice, que conocía del año pasado, aunque debido a la lluvia me alojé en el hotel del mismo nombre.

Tras montar el chiringuito en el camping, nos fuimos con dos motos (La hormiga de Ricardo y mi pollo) a Zagreb, a escasos 9km, para visitar el centro, donde aprovechamos para coger otro geocaching.

Hicimos tiempo y anocheció, así que cenamos en el mismo restaurante turco en el que cené el año parado (Lokma from Istambul). Nada que ver con los kebabs que comemos aquí jejeje

Volviendo al camping, Ricardo, que llevaba a Álvaro de paquete, decide mostrarle a éste último cómo anda la Fazer. Justo antes de nuestra salida de la autovía… Total, que se pasó de largo y se fueron a dar la vuelta hasta la frontera con Croacia! Y encima con poca gasolina. Noelia y yo estuvimos más de 1h esperándoles, y encima cuando aparecieron en el camping llegaron descojonándose. Y nosotros preocupándonos…

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