22/01/2015: Covilhã – Coimbra – Nazaré – Óbidos

Nos despertamos y al igual que el día anterior decidimos tirar sin desayunar, ya pararíamos más adelante.

Dimos un poco de vuelta por las empinadas calles de Covilhã, y es que vaya tela de ciudad…

Al poco de salir de la ciudad ya no había tráfico y la carretera era sencillamente espectacular. Curvas y más curvas, todas con radio constante, sin sustos, asfalto perfecto, gruesto y seco… Nos lo pasamos bomba y Álvaro iba rozando con el pie en el suelo jejejeje

Faltando pocos km para Coimbra pillamos suelo mojado, lloviznaba a ratos y además había tráfico y algunas obras en la carretera pero el hecho de ir paralelos al Río Mondego y las vistas compensaban.

Finalmente llegamos a Coimbra y aparcamos en el principio de la zona peatonal próxima a la Igreja da Santa Cruz y la plaza Oito de Maio. Desayunamos en el Café Santa Cruz, que forma parte de la propia iglesia, un poco caro pero había WiFi y además el lugar tenía su encanto con los arcos y techos.

Paseamos por el centro viendo el Arc de Almedina, la Igreja de São Tiago y fuimos hasta el río Mondego. Quisimos regresar hacia el centro atravesando el Jardim Botânico y no pudimos hacerlo ya que el acceso estaba cerrado. Volvimos entonces callejeando por las callejuelas de piedra llenas de escaleras y empinadísimas.

Al final hubo suerte y terminamos justo encima de la plaza Oito de Maio y no nos costó encontrar nuestras monturas tras la caminata.

Decidimos ir por carretera nacional pero no secundaria, llovía y no nos apetecía hacer centenares de curvas en esas circunstancias, así que salimos de Coimbra por la IC3-IC2 que apenas tenían curvas. Había bastante tráfico de camiones pero también bastantes tramos con línea discontinua, por lo que pronto pudimos dejarlos atrás. También ayudó el hecho de que fuera la hora de la comida.

Aunque un poco tarde para la hora de la comida portuguesa, llegamos a Nazaré con bastante hambre e inspeccionamos los sitios del paseo marítimo. Había unas olas considerables en la playa…

Decidimos descartar los restaurantes de primera línea de playa y meternos a callejear por la parte más alejada. Pronto vimos un lugar que nos llamó la atención. Estaba vacío y la dueña estaba comiendo en una mesa, no había más carta que la pizarra que estaba en la calle y entramos.

Álvaro pidió una especie de plato combinado y yo pedí porco a alentejana, una receta típica de magro de cerdo con almejas, todo ello acompañado de patatas fritas.

Como la mujer no nos dio opción a postre (Llamado sobremesa en portugues) ni lo mencionamos, y aunque pedimos cafés con leche nos tocó un solo a cada uno, cualquiera le decía nada a la señora…

Tras la comida seguimos paseando por la playa viendo las olas enormes, y del viento que hacía ni las gaviotas volaban.

Volvimos a las motos y enfilamos la subida hacia el faro que se veía desde la playa (Farol de Nazaré). El viento era fuerte y hasta arriba llegaba agua del mar pulverizada.

Tras las fotos de rigor emprendimos el camino hacia nuestro destino final ese día, Óbidos. Por suerte no estábamos muy lejos, unos 40km. Llegamos bastante rápido y fuimos primero a nuestro alojamiento a dejar los trastos y cambiarnos. Qué sorpresa nos llevamos… Esa noche nos quedábamos en una casa rural (Casa de Campo São Rafael) y la verdad es que aunque era la reserva más cara de las que teníamos, el lugar compensó totalmente. Un entorno tranquilo y rodeado de campos, próximo al pueblo (4km escasos) y la mar de bonito.

De camino a Óbidos paramos en el impresionante Santuário do Senhor Jesus da Pedra que data de 1747.

Y luego fuimos al casco histórico de Óbidos, donde aparcamos las motos para disfrutar a pie del entramado de calles empedradas que hay dentro de las murallas.

Tras mirar los distintos restaurantes del pueblo decidimos ir a probar suerte al vecino pueblo de Caldas da Rainha, porque todo lo que vimos era demasiado turístico (Caro). No logramos encontrar más que una pizzería y algún burguer cutre, así que aprovechando que Álvaro tenía que echar combustible, nos dirigimos al Intermarché, donde había gasolinera más barata.

Compramos queso y presunto ahumado (Jamón), pan, una litrona de Sagres y alguna otra cosa para cenar en el hotel, más barato saldría.

No estuvo nada mal la cena, nos liamos a ver series (En inglés porque muchas de ellas no las doblan) y a dormir.

 

 

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21/01/2015: Braga – Serra da Estrela – Covilhã

Salimos tarde de Braga porque el despertador no sonó. Precisamente el día que teníamos más trayecto. Decidimos desayunar de camino cuando nos entrara el hambre, así que nos pusimos en marcha, bastante lentos ya que la carretera estaba bastante concurrida y cruzaba muchos pueblos.

Cuando llevábamos una hora y pico de camino paramos a desayunar en una de las muchas pastelerías que hay, dos cafés con leche y un par de bollos grandes por 2.50€, qué más se puede pedir?

Nos lloviznaba a ratitos pero por fortuna cada vez había menos tráfico, llegando a ser inexistente a partir de Amarante.

Disfrutamos muchísimo con las vistas bajando a Peso da Régua, especialmente el trayecto paralelo al Río Duero (Douro), realmente espectacular.

Proseguimos por la N2 disfrutando de las sinuosas carreteras exentas de tráfico y parando únicamente en Lamego a hacer unas fotos y estirar las piernas.

Andamos un rato en paralelo a la autovía y ya empezábamos a notar la proximidad a la sierra, además del viento, la temperatura empezaba a descender.

Atravesando Castro Daire vimos un sitio para comer que nos gustó. Entramos a ver qué tal y resultó tener un menú de 6€ consistente en sopa de primero y segundo a elegir.

Lo de la sopa nos vino de perlas, resultó ser una crema de verduras riquísima y de segundo Álvaro pidió pollo a la brasa y yo unas berenjenas rellenas al parmesano. Delicioso!

Tomamos el café y salimos sin mucha prisa, acabábamos de ver en las noticias de la cadena estatal la Serra da Estrela con mucha nieve, coches atascados y quitanieves… Preguntamos a la camarera si para ir hacia Covilhã nosotros pasábamos por la zona que se veía en las imágenes de la TV y nos dijo literalmente “Si, un poco”.

Salimos del restaurante sin casi poder movernos debido a la comilona y llegamos a Viseu sin demasiado problema. En Mangualde descubrimos que Peugeot tiene una fábrica, porque literalmente el GPS pretendía que la atravesáramos. Tras rodearla enfilamos hacia la montaña.

Pronto empezamos a ver nieve en las cunetas, la temperatura bajaba y la carretera estaba llena de sal. Con más miedo que vergüenza seguimos subiendo y nos preocupamos cuando vimos un cartel indicando que había tramos cortados. Si no era por la derecha sería por la izquierda, pero llegaríamos a nuestro destino como fuera…

La niebla hizo su aparición y llegó un punto en que circulábamos en 2ª con la visera abierta, sin ver más allá de 3m, viendo las curvas cuando ya estábamos encima e incluso sin ver al otro más que por la luz.

El suelo ya estaba bastante sucio de nieve y circulábamos sobre las marcas de los coches, pero es complicado ya que a veces se cruzan y toca pisar la nieve de la calzada… Realmente íbamos acojonados y congelados… Por fortuna poco a poco la niebla empezaba a despejar y la carretera a descender, tras unos interminables kilómetros cada vez la nieve era más “pasta” y menos hielo hasta que sólo la vimos en los márgenes de la carretera. Desde ésta pudimos disfrutar de las vistas de Manteigas, nos habíamos desviado del track previsto pero sospechábamos que donde el track marcaba era precisamente el tramo cortado por la nieve, porque no habíamos visto ningún desvío transitable.

Finalmente llegamos a Colvilhã y nos costó un par de vueltas encontrar el hotel. Y es que Colvihã es una ciudad sin ninguna calle plana, de una calle a la de encima hay desniveles de 6 y 7 pisos! Mi WP era correcto, estábamos sin saberlo en frente de la 6ª planta del hotel, pero la entrada estaba en la calle de debajo. Tras dar la vuelta Álvaro vió de refilón el cartel. Aparcamos las motos delante de la recepción bastante resguardadas y subimos a la habitación.

El Covilhã Parque Hotel es un hotel viejuno pero limpio y nos había salido barato, así que era suficiente para nosotros.

Tras cambiarnos, escribir a la familia y cotillear las redes sociales, salimos a dar una vuelta y a buscar un lugar donde cenar.

Descartamos Telepizzas y similares y entramos en el Restaurante Merendola 2, del cual había leído en TripAdvisor.

El menú consistía en los entrantes típicos de aceitunas (Riquísimas) y pan con mantequilla salsada y de nuevo en sopa de primero y el segundo a elegir. La crema era de berros y estaba espectacular, igual que el vino blanco de la casa, que le gustó hasta a Álvaro, que normalmente no bebe.

De segundo Álvaro pidió pescado a la brasa y yo pedí pescado adobado y rebozado, que resultó estar delicioso.

De postre nos contaron varias cosas pero sólo entendimos algo que llevaba leche condensada, una mousse deliciosa con sabor a galleta.

La cuenta fue lo mejor de todo, 16€.

 

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20/01/2015: Bragança – Chaves – Braga

Nos despertamos con los alrededores nevados. Desde la ventana del hotel la carretera parecía limpia, pero no teníamos claro lo que nos aguardaba.

Tras bajar a desayunar al bar donde cenamos la noche anterior nos pusimos en marcha. En cuanto nos alejamos de Bragança disminuía el escaso tráfico y la temperatura.

La carretera estaba mojada pero sin hielo, aunque nunca te puedes fiar… Además en Portugal parece que usan sal mezclada con arena, con lo cual, no íbamos demasiado tranquilos. Veníamos comentando lo raro de la forma de repartir de sal hasta que de pronto nos encontramos un camión que circulaba muy despacio, con tres operarios en la parte trasera echando sal/arena a paladas!

La zona estaba espectacular, con todos los árboles blancos, ni siquiera pudimos parar a hacer alguna foto ya que sólo el tramo central de la calzada estaba limpio de nieve, ni los arcenes ni mucho menos los apartaderos.

Aproximadamente a unos 60-70km de Bragança ya dejamos atrás la nieve y proseguimos chispeando a ratos. Durante un buen rato circulamos tras una furgoneta autóctona que conocía muy bien la carretera, nos vino de lujo para ir más tranquilos y sin sustos.

Llegamos a Chaves en un rato que había parado de lloviznar, aparcamos en el centro y primeramente fuimos a tomar un café y uno de los deliciosos bollos que se venden por todas partes en el país luso.

Tras recuperar el calor corporal cruzamos el puente romano de Aquae Flaviae, construido por el emperador Trajano a finales del s. I.

Dimos la vuelta y nos encaminamos a la parte alta de la ciudad, donde pretendíamos visitar el fuerte. No pudimos ya que ahora es un hotel de 4 estrellas (Forte de São Francisco Hotel). Volvimos pues callejeando a las motos y terminamos de ver lo poco que queda del castillo y torre del homenaje en el trayecto de salida de la ciudad.

Continuamos la ruta por la N103 disfrutando de las curvas, el asfalto estaba casi completamente seco y a excepción de algún sustillo (Coches que inexplicablemente toman las curvas por el carril contrario cuando les estás adelantando) proseguimos a buen ritmo hasta Braga, sabiendo que llegaríamos un poco pasada la hora de comer.

Entramos en la ciudad y en efecto, tal y como había visto al reservar, nuestro hotel estaba en todo el centro, justamente frente a la estación.

Bajamos las motos al aparcamiento del hotel y subimos a nuestra habitación. El hotel estaba limpio aunque en general, era viejo. El ascensor era un tanto desesperante, pero qué más queríamos? Camas limpias, céntrico y barato…

Comimos en la habitación restos del día anterior, pan, queso, embutido… Perreamos un rato, en el que a Álvaro le dio tiempo de echarse una mini-siesta con ronquidos y todo y luego salimos a pasear por el centro de Braga.

En recepción nos habían dado un plano que nos vino muy bien.

Tras pasar el arco que da acceso a la parte más antigua de la ciudad, entramos ver la Igreja da Misericórdia, que está llena de trozos de arcos y piedras más antiguas.

Continuamos caminando, vimos la torre del homenaje, el Castelo de Braga, la Cámara Municipal y el Jardim de Santa Bárbara.

De regreso, pasamos junto a la catedral (Sé de Braga) y aprovechamos para localizar un restaurante del que habíamos leído buenas críticas en TripAdvisor.

Volvimos al hotel para descansar un rato y cuando fueron horas regresamos al restaurante (Taberna do Migaitas), situado en la Rúa D. Gonçalo Pereira, 39.

No había más que un par de mesas ocupadas, pero se trataba de un martes de enero, no es el día más concurrido en los restaurantes.

Pedimos medias raciones ya que habíamos leído que eran muy generosas, Álvaro pidió bacalao (Bacalhau) y yo pedí cerdo al horno (Porco asado).

Qué decir de la cena… Espectacular! El bacalao tenía naranja (En Portugal hay más naranjos que habitantes y al menos en enero están a reventar de naranjas) por encima y un pan de maíz muy rico. Mi plato era sencillamente delicioso… El cerdo estaba blandito y tierno y las patatas deliciosas al haber absorvido el sabor de la carne y del horno.

De postre pedimos un “pudim”, postre típico de Braga consistente en una especie de tocino de cielo recubierto de caramelo líquido, empalagoso y delicioso a partes iguales.

Tras tan copiosa cena tomamos un par de infusiones, para bajar la comida… La cuenta ascendió a 40€, que teniendo en cuenta que nos pusimos como “porcos” no estuvo nada mal.

 

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19/01/2015: Salida y llegada a Portugal

Aprovechando que yo tenía una semana de vacaciones y mi amigo Álvaro tenía días pendientes del 2014, sin pensarlo mucho decidimos irnos unos días a Portugal de viaje.

La ruta sería desde el norte hasta algo más al sur del centro del país vecino, toda por carreteras secundarias, evitando autovías y sobretodo, peajes.

Como en enero no hay demasiadas horas de sol, decidimos empezar las jornadas temprano para no llegar a oscuras a los sitios, por lo que quedamos en Villalba a las 9 de la mañana. Todo hubiera sido más sencillo de no ser por la nevada que cayó la noche anterior. Cuando salí a las 8:30 a inspeccionar el panorama, me encontré la rampa del garaje helada y un coche atascado en ella. Tuve que ayudar a la dueña a montar las cadenas para poderlo sacar.

La primera en la frente, sacar la vaca con sus 260kg no iba a ser sencillo… Al final tras sacar el coche, saqué la moto con el modo RAIN activado y sin montar en ella, pisando yo por donde menos hielo había y la moto por la zona helada, no podía hacer otra cosa. Funcionó y la moto estuvo en la calle mucho antes de lo que había imaginado en un principio.

Me dirigí a la gasolinera donde había quedado con Álvaro jugándome el tipo, había más nieve en esa calle que en todo el resto de Villalba. No tuve bemoles de meterme en la gasolinera, que era una explanada de hielo. Como aún tenía combustible (Ventajas de los 30l de depósito), iniciamos la marcha tras volver a pasar por la calle más nevada del pueblo.

La N-VI estaba completamente limpia y no tuvimos ningún problema a excepción del frío por el Alto del León. La temperatura rondaba los -4ºC.

En Villacastín decidimos parar a tomar un café para intentar entrar en calor, por suerte ya empezaba a calentar el sol.

Proseguimos el camino por autovía, habíamos decidido evitarlas en Portugal, pero no importaba ganar tiempo usándolas hasta llegar a la frontera.

Pasado Zamora ya tomamos carretera comarcal y disfrutamos, hacía sol, la temperatura era fresca pero agradable y no había ni dios circulando.

Paramos a hacer unas fotos en el embalse de Villalcampo, muy cerquita ya de la frontera. La carretera era tan secundaria que cuando andábamos buscando una gasolinera para llenar antes de cruzar la frontera (El precio es más caro en Portugal, del órden de 15 céntimos) ya habíamos llegado a Miranda do Douro. Álvaro repostó y luego paramos en un supermercado (Mini Preço) donde compramos pan, queso y alguna cosa más para comer en plan perroflauta en el parking.

Tras la comida, disfrutamos como enanos en una carretera muy muy divertida, con cientos de curvas y buen asfalto por la N218.

El último tramo era más bonito todavía, con más curvas y más divertidas, pero al final se nos hizo un poco pesado debido a que había más tráfico. Además llegando a Bragança nos empezó a llover, por lo que además de la incomodidad (Tampoco fue excesiva lluvia) ya nos tocó bajar el ritmo.

Encontramos el hotel Ibis sin mayor dificultad, y es que pasamos por delante sin darnos cuenta… En el hotel nos dieron un mapa y nos señalaron el casco antiguo y tras dejar los trastos en la habitación fuimos a hacer el turista.

Bragança, capital de la región de Alto Trás-os-Montes tiene un casco antiguo con calles enteramente pavimentadas en piedra y un recinto amurallado la mar de guapo.

Aparcamos las motos en frente del castillo y paseamos tranquilamente por el casco antiguo deleitándonos con los edificios y construcciones.

Entramos en un bar muy pintoresco donde parecía reunirse la mitad de la población. Nos tomamos un par de Super Bocks, aunque yo personalmente soy más de Sagres jejeje

Regresamos ya a oscuras al hotel, nos cambiamos y tras un rato revisando correos, subiendo fotos y demás, salimos a investigar algún lugar donde cenar.

Tras una ojeada a TripAdvisor vimos que estábamos alejados de la mayoría de sitios, así que salimos a ver qué encontrábamos por las proximidades. No había mucho donde elegir así que tras un rato de dar vueltas nos decidimos por un bar.

Pedimos un par de cosas que nos llamaron la atención de la carta y que resultaron estar bastante bien, sobretodo teniendo en cuenta el precio, que fue muy barato.

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Philips X-tremeVision Moto

Hace poco fui a recoger unos repuestos y en la tienda vi esta bombilla, la Philips X-tremeVision Moto H7.

En el coche había montado las X-TremeVision H4 y el resultado era francamente bueno, así que decidí probar.

Aunque mi Adventure no monta faro principal de LED (Elegí una configuración muy atípica) debo reconocer que el halógeno da una luz muy buena y amplia, nada que ver con el faro de la F800GS, que es bastante pobre.

En cuanto coja la moto de noche comentaré impresiones.

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Protector de depósito Wunderlich

El enorme depósito de la R1200GS Adventure es de aluminio, muy bonito, pero se ralla con facilidad y además en invierno cuando está lleno se nota frío de narices!

Me gusta la estética y el color aluminio pero los protectores transparentes de 3M valen una fortuna para ser un vinilo transparente, por muy buena calidad que tengan, así que me decidí por las almohadillas que Wunderlich vende para mi modelo.

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Alzas Wunderlich

Desde el principio noté en esta moto que cuando llevaba unas horas conduciendo se me cargaban un poco los hombros y me sentía un tanto “echado para adelante”.

Por desgracia las alzas Rox de mi anterior F800GS no me servían para la Adventure, puesto que el manillar de esta última es más grueso.

En vez de comprar unas alzas Rox, que pivotan, vi que tanto SW Motech como Wunderlich tienen unas alzas fijas que acercan y elevan el manillar.

Aprovechando una compra de otra cosa, pedí las Wunderlich.

Son dos piezas de aluminio, con un mecanizado y tornillería de excelente calidad. El montaje es francamente sencillo y puesto que el acelerador es electrónico y freno y embrague hidráulicos, los latiguillos dan de sobra para colocarlas.

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Mi nueva compañera: BMW R1200GS Adventure 2015

Cuando empecé en esto de las motos lo hice más por necesidad/economía que por otra cosa, nunca llegué a imaginar que me gustaría tanto ni que iba a viajar en moto.

Fruto de los viajes llegué a la conclusión de que quería más… Más potencia, más comodidad y sobretodo muchos más viajes.

Por ello decidí vender mi querida F800GS que tantas satisfacciones me había dado para ir a algo más grande. Seguía con la espinita clavada de la Triumph 800XC que no compré por la incompetencia de la comercial del concesionario, pero quería algo más que una 800, y estaba convencidísimo de comprar una Triumph Tiger Explorer XC.

Fue en el periodo de ver opciones y demás cuando leyendo y viendo videos me echó para atrás una sola cosa de la Triumph. No fue ni su excelente motor, ni su impresionante estética, ni su fabuloso cardan… Fue su peso. Y antes de que alguno se me eche encima diciendo que pesa igual que la BMW, me explico.

La Triumph tiene un impresionante motor de 1200cm3 de tres cilindros paralelos. Esto significa que los cilindros van hacia arriba como en la F800GS, lo cual, unido al depósito hace que los 267kg se noten.

La BMW R1200GS Adventure pesa 265kg, pero su motor bóxer (Cilindros opuestos) paralelo al suelo hace que el peso esté muchísimo más bajo, de hecho la primera vez que monté en una R1200GS (Refrigerada por aire) me sorprendió la facilidad para levantarla de la pata de cabra, no parecía pesar tanto como la F800GS. Otros puntos a favor de la BMW fueron las suspensiones (Telelever y paralever) y mi conocimiento de la marca.

Y qué puedo decir… Que no me arrepiento de nada, es una moto alucinante, potentísima, frena muchísimo y las carreteras de curvas son una delicia. Además de los amplios asientos que hacen que viajar con pasajero no sea para nada incómodo, la protección aerodinámica y su enorme autonomía.

Elegí una configuración muy atípica, lo habitual es que la gente compre la moto con los tres “packs” y se gasten del orden de 22000€… Yo partí de la moto “pelada” y añadí los colectores de escape cromados, los intermitentes de LED blancos, el control de velocidad, antinieblas de LED, la alarma y los puños calefactables.

Porqué? Porque soy anti-ESA, por poner un ejemplo… Cuando falla un amortiguador cuesta una fortuna (800€ en BMW) y total para qué? Para que cuando se monta alguien detrás puedas darle al botoncito? No me cuesta nada darle al pomo de la precarga, es un sistema que difícilmente va a romperse, y si se rompe por esos 800€ puedo montar un amortiguador Öhlins o similar, infinitamente mejor que el original.

El único extra que realmente desearía tener es el faro principal de LED, viendo el impresionante rendimiento de los antinieblas, pero decidí sacrificar esa opción y ahorrar los 1000€ que cuesta…

Tras un mes con ella no puedo estar más contento… Es comodísima, más ligera de lo que aparenta, consume poco y es super estable, además de la mar de manejable en carreteras reviradas.

Obviamente no todo van a ser alabanzas, el motor bóxer es peculiar, con sus ruidos y comportamientos peculiares, la caja de cambios es bastante tosca y la primera un poco más larga de la cuenta, pero en conjunto es una máquina genial.

Como siempre iré contando en el blog su evolución y viajes.

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26/08/2014: Atravesando Bulgaria

Nos despertamos tras un reparador sueño. Tantos días de camping se agradecía dormir en cama, no tener que montar y desmontar tiendas, etc.

Bajamos a desayunar y alucinamos con el desayuno. Pastel, tostadas, queso, embutido, zumos… De todo, y por 3€ más del precio de la habitación.

Sacamos las motos del lavadero-garaje y nos pusimos en ruta rumbo Sofia. No teníamos autonomía para mucho más de 100km y vi un cartel de Lukoil donde indicaba que había una a 50km.

Cuando me daba la impresión de que llevábamos ya más de esos 50km, pasé de largo una gasolinera muy cutre sin darme cuenta de que justo detrás había una con buena pinta. Al rato me paré y Noelia hizo lo mismo, no sabíamos dónde estaban Ricardo y Álvaro. Al cabo de unos minutos aparecieron, Álvaro había visto la gasolinera “buena” y paró a repostar. Yo ya andaba en reserva. Seguimos por la carretera con la esperanza de encontrar una gasolinera. No quise meterme en mitad de la ciudad de Плевен (Pleven) así, por lo que finalmente busqué la gasolinera más cercana en los POI del GPS y seguí las indicaciones. Sólo había 2km, hicimos una pequeña pista pero por fortuna la gasolinera estaba ahí. Mi autonomía, 4km, por los pelos!

 

Tras repostar y tomarnos una bebida energética continuamos por la carretera. Era impresionante la cantidad de prostitutas que había a los lados y bromeábamos diciendo que en caso de parar seguro que terminabas sin moto ni ropa…

Finalmente llegamos a Sofia, hacía bastante calor y buscamos un lugar donde dejar las motos ya que habíamos parado en zona azul y no estaba muy claro si se podía aparcar en la acera. Encontramos un lugar entre unas jardineras y metimos las motos en medio. Estábamos en pleno centro, delante de la Banca Nacional de Bulgaria (Българска народна банка).

Caminamos hasta la Catedral de Alejandro Nevski, que estaba muy cerca y la visitamos. Es muy grande y el interior tiene pinturas por todas partes y unas bóvedas altísimas.

Seguimos caminando por el centro y como se iba acercando la hora de comer buscamos algún sitio. Vimos un restaurante al que se accedía por un pasillo que era un gran patio interior de un edificio. Nos gustó y nos sentamos. Pedimos rissotto en distintas variantes y probamos alguna cerveza nueva.

La comida resultó estar muy buena y el café también. Además pagamos el equivalente a no más de 4€ por cabeza… Qué más se puede pedir?

Tras la comida continuamos paseando, aprovechando a parar en un McDonald’s para tomar un helado y conectarnos a la Wifi, sentarnos en los parques, y como no, haciendo el tonto.

Salimos de Sofia entre un gran atasco. Encima la carretera por la que debíamos ir estaba cortada, intenté en tres ocasiones enlazarla más adelante y seguía cortada. Por fortuna, en un pueblo un señor nos explicó cómo hacerlo y con sus indicaciones y el GPS pudimos tomar la ruta correcta. Nuestro destino era la ciudad de Кюстендил (Kyustendil), la elegimos por ser muy próxima a la frontera con Macedonia, no estaba muy lejos, unos 90km, pero los últimos 15km resultaron muy pesados, por una carretera llena de baches y curvas y oscura como la boca del lobo. Por suerte llegamos a la ciudad sin incidentes.

Localizamos el lugar donde nos alojaríamos, llamado Salmina House, lo había encontrado en Booking, era una especie de hostel, muy barato (30€ los 4 en una misma habitación). Lo que no esperábamos era que la “recepción” fuera una extraña tienda de sombreros, pelucas y tétricas muñecas.

Nos recibió una mujer mayor que sólo hablaba búlgaro y que pese a que yo le intentaba hacer entender que no me enteraba de nada de lo que me estaba contando, hablaba como una cotorra. Bromeé con Álvaro diciéndole que era la típica situación en que aparecía la nieta, que hablaba inglés y además estaba buena y acerté casi al 100% porque nos quedamos con las ganas de saber si la chica estaba buena o no, sólo hablé con ella por teléfono.

La abuelita, que parecía la dueña de Piolín, nos abrió la puerta del jardín-terraza y con dificultad (Tuvimos que quitar las maletas para pasar por la puerta) metimos las motos dentro. La habitación, que estaba en la segunda planta de la casa era muy grande y tenía 6 camas, fregadero y cocina. El baño estaba fuera pero estábamos solos en esa planta.

Tras instalarnos salimos en busca de un lugar donde cenar. La ciudad era oscurísima y no se veía nada de movimiento. El único lugar que vimos animado resultó ser un hotel de 5 estrellas, donde seguramente nos hubieran echado nada más acercarnos a la puerta.

Al final terminamos yendo a un sitio que vi cuando nos acercábamos al hostel, tenía muy buena pinta y el camarero hablaba inglés con muchísimo acento, pero suficiente para entendernos.

Nos dejamos aconsejar por el camarero y cenamos la mar de bien, todo estaba delicioso.

Tras tan copiosa cena estuvimos hablando con un hombre en el restaurante que se quedó un poco alucinado con el viaje que habíamos hecho, pero la verdad es que lo que le sorprendió más que Noelia hubiera hecho el viaje con nosotros a todo lo demás. Le faltó decir “Vosotros tres habéis ido hasta Ucrania en moto? Menudos nenazas! Sin embargo ella es una valiente”.

Regresamos al hostel y tras un rato de cachondeo por las curiosas sábanas nos acostamos.

 

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27/08/2014: El lago Ohrid

Nos despertamos con una mañana muy soleada. Sin mucha prisa recogimos los trastos, nos duchamos y fuimos a desayunar a una cafetería cercana al hostel que habíamos visto la noche anterior.

Nos lo tomamos con mucha calma en el desayuno y salimos sin ninguna prisa. Emprendimos un ascenso por una carretera un tanto rota y al cabo de unos 25km llegamos a la frontera con Macedonia, penúltimo país del viaje.

Los trámites en la frontera fueron rápidos y pudimos cambiar moneda en una tiendecita que había justo después de la frontera.

La carretera de bajada era estrecha pero con buen asfalto, aunque aún tuvimos que aguantar a Álvaro un buen rato protestando…

Teníamos por delante unos 300km bastante aburridos puesto que habíamos decidido ir sin prisa pero sin pausa (Gasolina y Coca-Colas aparte) hasta nuestro destino, Kalista, concretamente al Camping Rino, donde ya me alojé el año pasado y del que guardaba un excelente recuerdo.

El tramo hasta la altura de la capital macedonia fue bastante pesado, únicamente paramos a repostar o tomar algo.

Yo recordaba un puerto de montaña muy divertido del año anterior cuando hice ese mismo recorrido a la inversa y donde me picó una abeja. Cuando por fin llegamos Álvaro y Ricardo pasaron delante quedándonos Noelia y yo por detrás. No iba nada cómodo con los rodamientos de dirección tocados…

Al rato vimos a Ricardo viniendo en dirección contraria y de inmediato supimos lo que había pasado… Ansioso como estaba de curvas, ni corto ni perezoso se había dado la vuelta para hacer el puerto dos veces!

El cabreo de Noelia era monumental y de hecho no me dejó esperar sino que continuamos a nuestro ritmo durante muchos km hasta que finalmente Ricardo apareció por detrás. No se les puede dejar solos, se crecen y…

Por fin llegamos al Camping Rino, en la localidad de Struga (Струга en macedonio), un poco tarde para comer pero no nos importó, sabíamos que ya teníamos 24h de relax por delante. El dueño, Perparim, se acordaba de mi del año anterior y como siempre, nos acogió afectuosamente ofreciéndonos licor y café, todo cortesía de la casa.

El camping tiene su propio trocito de playa del lago Ohrid, que resulta ser uno de los 3 lagos más antiguos del planeta.

En una de las mesas que hay mirando al lago comimos la deliciosa comida que Perparim prepara, regándolo, como no, con la genial cerveza Skopsko (Скопско).

Aprovechamos también para preguntar si podíamos lavar ropa y le dimos a Perparim toda nuestra ropa, quedándonos con poco más que el bañador puesto.

El día transcurrió entre baños, sol, cervecitas y risas, estábamos en la gloria tras tantos días de moto.

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