Archive for 2013 Balcanes

29/08/2013: Salida hacia Barcelona

Mi último día no se presentaba demasiado interesante… Tenía por delante unos 190km de lo más aburridos, por lo menos a partir de Grosseto…

Llegué a Civitavecchia bastante temprano, sobre las 13h, mi barco salía a las 22:30 y debía estar ahí 2h antes, pero yo estaba ahí con bastante más antelación… Decidí hacerme unos bocadillos para gastar lo menos posible en el barco, así que localicé un gran supermercado a las afueras, donde pude dejar la moto en la puerta y a la sombra, compré pan, embutido y queso italiano rico y estuve sentado unas horas ahí leyendo a la sombra.

Cuando el sol se movió y el edificio ya no daba sombra decidí bajar al puerto, donde además de sombra había aire acondicionado.

La taquilla donde debía hacer el Check-In abría a las 16:30 así que continué con el libro un rato más. Vi aparcar detrás de mi moto una R1200GS matrícula española. Resultaron ser una pareja de Tarragona con la que entablé amistad. Estuvimos haciendo tiempo hasta que abrieron la taquilla y tuvimos nuestras tarjetas de embarque.

Antes de la hora ya estábamos dirigiéndonos al muelle 21, donde acababa de llegar el barco, el Cruise Barcelona de Grimaldi Lines. Vimos todo el desembarco de coches y camiones y a eso de las 20:30 nos dejaron pasar. Estábamos delante de la puerta así que entramos los primeros.

Subí rápidamente al camarote ya que quería aprovechar el haber embarcado pronto y elegir una cama de las de abajo y cuando llegué no había aún nadie. Me adueñé de una de las camas bajas y subí a cubierta a ver el resto del pasaje embarcando y a cenar.

Sobre las 23:30 me fui a acostar, con la sorpresa de no encontrar a nadie en el camarote. En cubierta se notaba menos afluencia de gente que a la ida, y debía de ser cierto cuando yo iba solo…

Comments

28/08/2013: Siena

Me desperté y desayuné en el bar del camping. Recogí los trastos y salí en dirección a Siena, donde tenía visto un camping y además quería volver a visitar la ciudad, que me encanta. Aunque pasaba por Florencia decidí no pararme, no me apetecía nada mezclarme entre las hordas de turistas…

Salí del camping con algo de sol pero había unas nubes sospechosas y muy negras en el horizonte. Por fortuna no cayeron más que unas pocas gotas y pude hacer camino sin complicaciones.

La Toscana tiene algo especial, con esas carreteritas reviradas y esas casas de piedra, los cipreses y viñedos… Me divertí de lo lindo curveando, visité un cementerio de soldados alemanes de la II Guerra Mundial y llegué a Siena.

Como de nuevo el cielo estaba totalmente cubierto y negro decidí ir primero al camping. Hice bien porque me dio tiempo a montar la tienda, soltar las maletas y se puso a llover. Esperé alrededor de una hora y aunque después paró, no estaba muy clara la cosa… Así que, ya que era la hora, decidí echarme una siesta y luego ir a visitar la ciudad.

Aparqué frente a una de las iglesias y continué a pie puesto que en teoría no se puede circular por el centro.

Digo en teoría porque a la práctica hay motos y coches, pero yo no quise arriesgarme.

Caminé por las calles empedradas, volví a ver la espectacular Piazza del Campo, famosa por la competición hípica llamada “Palio di Siena”. Como no podía ser de otra forma, compré un riquísimo helado y me senté en el suelo a observar la gente pasar.

Tras el helado, paseé un buen rato más, encontré una Wifi (Que las hay a patadas abiertas, pero todas de pago) y regresé al camping a cenar y a dormir.

Comments

27/08/2013: Venecia y Bolonia

Me desperté pronto como siempre, había dormido la mar de bien, me duché y ordené toda la ropa y trastos de las maletas. Cargué la moto a eso de las 9 y pico salía de Postojna. Mi destino era Italia, ya que me quedaba poco para coger el ferry de vuelta y no quería pegarme el palizón a conducir el día antes. Aunque ya había estado y no me interesaba especialmente, decidí, ya que pasaba por delante, visitar Venecia.

Debo decir que en Italia las autovías son de pago, y bastante caras por cierto… Así que me dirigí por carreteras nacionales hacia Venecia. Estas carreteras son bastante cansadas, atraviesan muchos pueblos y cada vez que pillas un camión o un tractor cuesta mucho adelantar. Pero como dicen por mi tierra, “la pela es la pela”, así que por fin llegué a Venecia.

No recordaba que lo tienen montado de forma que es imposible dejar la moto en ningún sitio y por narices hay que pagar… Los pocos aparcamientos que hay lo saben y por supuesto se aprovechan de ello. Empezaba a estar un poco cansado de los italianos y su afán recaudatorio…

Tras dejar la moto en un aparcamiento me fui paseando por las callejuelas y canales hasta la Piazza San Marco y los demás lugares emblemáticos de Venecia. Aunque la ciudad está bien, terminé bastante agobiado por tanto turista, y es que llevaba demasiados días “aislado” de la civilización y los rebaños de turistas…

Tras comer algo rápido por ahí refresé al aparcamiento a paso más que rápido, no soportaba estar ahí ni un minuto más… Esto es un fenómeno que llevo tiempo observando, cada vez soporto menos las grandes aglomeraciones de gente, especialmente los rebaños de turistas…

Aunque había visto un par de campings antes de entrar a Venecia, era muy temprano y pensé en adelantar un poco más y dormir algo más cerca de Civitavecchia.

De nuevo por nacionales y esquivando coches lentos, camiones y tractores, avancé sin encontrar ningún camping. Llegué a Ferrara y nada, así que continué hacia Bolonia.

Llevaba rato viendo unos nubarrones negros la mar de imponentes, y por supuesto, empezó a llover.

En un momento empezaron a caer unas gotas gigantescas, que dolían como si fuera granizo, así que en cuanto tuve ocasión me refugié en una gasolinera. Creo que Murphy esta vez se apiadó de mi porque nada más parar la moto y quitarme el casco empezó una intensísima tormenta y un ventaval huracanado que mojó absolutamente todo lo que había bajo la marquesina de la gasolinera y arrastró y tumbó los carteles de ésta pese a tener pies de hormigón…

Estuve ahí cobijándome como pude contra la puerta (Porque la gasolinera estaba cerrada) durante más de media hora hasta que por fin la lluvia cesó y brilló algún tímido rayo de sol.

En 15km estuve en Bolonia y por fin vi una señal de camping, que seguí hasta encontrar. El camping estaba bien pero como todo en Italia era bastante caro, 17.5€ y 4€ más por poner una lavadora… Añoraba Bosnia y Herzegovina donde por 4 o 5€ pasaba la noche y la lavadora era gratis…

Comments

26/08/2013: Eslovenia

El día amaneció muy nublado pero por el momento sin lluvia. El precio del hotel incluía el desayuno, así que aproveché y desayuné como si no fuera a comer. Salí de Zagreb a eso de las 9:30 en dirección Eslovenia. A los pocos kilómetros, como no podía ser de otra manera, empezó a llover.

La lluvia no duró mucho y pude proseguir, pasé la frontera y paré a comprar la viñeta, necesaria para circular por las autovías eslovenas. La de 7 días, que es el mínimo, vale 7.5€ en el caso de las motos.

Seguí la marcha hasta Ljubljana sin más contratiempos. El tiempo me dio una tregua suficiente para visitar el casco antiguo de la ciudad.

En cuando salía de la capital eslovena, de nuevo empezó a llover, esta vez con bastante violencia.

Me refugié en un área de servicio, al igual que bastantes motos más, donde dado la hora que era, me comí un bocadillo y aproveché que en Eslovenia hay Wifi en casi todas las áreas de servicio para buscar algún “Sobe” cercano a Postojna, donde quería visitar sus famosas cuevas.

Encontré bastantes y como no tenía nada mejor que hacer mientras la lluvia seguía cayendo, me los anoté en un papel para tenerlos a mano al llegar.

Al cabo de 1h más o menos la lluvia pareció detenerse casi por completo, así que no me lo pensé mucho y salí a recorrer los pocos km que me separaban de la localidad de Postojna.

En cuanto llegué al pueblo vi uno de los “Sobe” que tenía anotados, paré a preguntar y no me lo pensé dos veces. La habitación era realmente grande, tenía mesa, sillas, armario y perchas (Para secar la ropa) y una enorme cama de 2x2m. Lo mejor de todo su precio, 15€. Tras descargar las maletas y dejar secando algunas cosas, monté para dirigirme a las cuevas, que se encuentran a escasos 3km del pueblo.

Llegué y aparqué en el parking, que es de pago, pero gratuito para las motos. Decidí dejar en la moto los pantalones y la chaqueta impermeable y, Murphy mediante, mientras caminaba los escasos 500m del aparcamiento a las taquillas, me cayó todo el agua del mundo. Resignado a empaparme continué hasta la entrada, pagué los 22€ que vale y me senté en la cafetería. La visita empezaba a las 16h y eran las 15:30 así que la espera resultaría más amena ya que también había Wifi.

A las 16h monté en el trenecito que me conduciría al interior de la cueva. Ésta mide unos 21km, de los cuales se visitan 5km aproximadamente. 2Km en el tren de la ida, 1.5km a pie y otros 2km del tren de vuelta.

Cuando bajas del tren hay varios puntos de inicio de las visitas en función del idioma. Yo me fui al del inglés y me quedé cerca del guía para poder seguir sus explicaciones. La visita resultó de lo más interesante, las formaciones (Estalactitas, estalagmitas y pilares) son increibles, y me sorprendió ver también unas que llamaban cortinas, que se formaban al resbalar el agua por el techo de la cueva.

El paseo se me hizo corto, no podía dejar de mirar las caprichosas formaciones de carbonato cálcico.

La visita a pie termina en la “Concert cave”, una enorme cueva abovedada que tiene un eco bestial, de hasta 6 segundos. La llaman así porque antiguamente habían hecho conciertos ahí dentro. Actualmente no los hacen debido al efecto perjudicial para la cueva de albergar a tantas personas.

Cuando salí de la visita, que en total duró 1.5h aproximadamente, por fortuna ya no llovía e incluso lucía un poco el sol.

De vuelta al “Sobe” pasé por el supermercado y compré la cena y el desayuno, y es que si se puede, mejor ahorrar…

Aunque no era tarde estaba cansado debido a la tensión de conducir lloviendo con tanto tráfico, así que me quedé leyendo un buen rato hasta la hora de cenar.

Comments

25/08/2013: Zagreb

La mañana se presentó nublada y tuve tiempo para recoger la tienda y los trastos y ponerme el impermeable. Cuando salía del camping empezó una intensísima lluvia que duró todo el trayecto hasta Zagreb. Mis botas, hasta ese momento impermeables, dejaron de serlo, el pantalón también me caló algo de agua en la zona del asiento, el casco estaba empapado por abajo y sólo llevaba los guantes de verano, que por supuesto, me destiñeron dejándome las manos azules…

Para más INRI, en el trayecto había poquísimos lugares donde refugiarse, así que al cabo de 40km cuando por fin vi una gasolinera, me metí debajo. Había otras dos motos y mientras estaba ahí esperando tontamente a que arreciara la lluvia, llegó una pareja alemana, él con una R1200GS y ella con una F800R.

Tras 15 o 20 minutos de mirar al cielo, que no hacía ningún amago de despejar, reanudé la marcha y proseguí los 90km que me quedaban hasta Zagreb.

En un área de servicio con Wifi busqué 2 o 3 “Sobe” para poder tender la ropa y secarme en condiciones, al entrar en Zagreb me dirigí al primero y pese a encontrarlo no había nadie…

Los otros dos no los encontré en el GPS así que terminé en un hotel, aunque algo caro, por lo menos pude secar toda la ropa, las botas, etc. y conectarme a internet.

Por la tarde me acerqué con la moto descargada a Zagreb, paseé por su barrio viejo, hice las fotos de rigor, me tomé un par de cervezas y compartí conversación con una pareja de españoles que me había encontrado en el hotel.

Luego por la misma zona cené y ya de noche regresé al hotel.

Comments

24/08/2013: Bosnia y Herzegovina y Croacia

Como de costumbre, me desperté sobre las 7 y pico de la mañana y entre que recogí, desayuné y demás salía por la puerta a las 9. Paré a los 4 o 5km del camping para hacer unas fotos de la catarata que hay en el pueblo, Jajce, y tras ello seguí las indicaciones que me había dado el chico del camping, que creo que tenía buena intención pero pocas nociones de geografía, porque me indicó que para ir a Plitvice Jezera (Croacia) debía ir primero a Banja Luka y de ahí cruzar la frontera.

La vuelta supuso hacer el doble de km puesto que en vez de ir al oeste me fui hacia el norte, pero la verdad es que como ya es habitual, perderse vale la pena… La carretera era ancha, con el asfalto en relativo buen estado, muy poco tráfico y unos paisajes muy bonitos, andando muchos km en paralelo al río, con ese color turquesa tan habitual en los Balcanes.

Finalmente, crucé la frontera con Croacia, trámite que me temía muy pesado como cuando crucé de Montenegro a Croacia y todo lo contrario, cola de 1 minuto y 15 segundos de pasaporte, ni documentación de la moto ni nada más…

En cuanto crucé la frontera sólo debí recorrer 20km para llegar al parque nacional de Plitvice Jezera. Llegué a eso de las 15h y no había comido nada, así que lo primero que hice fue devorar un plato de longanizas locales muy buenas.

Por cierto, el parking del parque se paga, pero las motos entran gratis, me enteré porque el tipo de la barrera me hizo señas de que pasara a la vez que decía “Gratz, free”.

Tras la rápida comida compré la entrada al parque, que vale 110 kunas para un día. Esto da derecho a coger los trenecitos (Que son Unimogs camuflados) que hacen el recorrido entre las 3 “Stations” que hay en el parque, los barquitos y demás.

Yo tomé el trenecito para ir del Station 2 al Station 1, de ahí caminé un par de horas y cogí el barco que va de punta a punta del lago más grande, y luego proseguí la caminata durante 2h más.

Acabé un tanto cansado, pero lo cierto es que tenía unas ganas locas de bajarme de la moto y hacer cualquier otra cosa que no significara estar sentado.

Sobre las 8 de la tarde y con el sol poniéndose llegué a la moto y conduje los últimos 20km para llegar al camping. Tras montar la tienda y cenar con una pareja de catalanes “furgoneteros” que muy amablemente me invitaron, cosa que agradecí porque así no tuve ni que moverme, puse una lavadora ya que no me quedaba nada de ropa limpia. Además de hacer fresco, unos 14ºC, estaba cayendo un relente importante, así que me las ingenié para colocar una cuerda en uno de los comerdores cubiertos del camping. No había ni un solo gancho ni nada donde fijar la cuerda, pero pude apañarlo con un par de piquetas de la tienda aprovechando unas grietas de la pared. Menos mal que lo hice porque durante la noche llovió bastante, por lo que aunque no se me secó la ropa del todo, por lo menos no estaba empapada… Mi idea era emplear la técnica que ya había ensayado con anterioridad, consistente en doblar la ropa húmeda y guardarla en una bolsa de tela que posteriorme fijaría al topcase para que se secara con el aire y el sol. Qué ingenuo fuí…

Comments

23/08/2013: Bosnia y Herzegovina

Como de costumbre, me desperté a eso de las 6 de la mañana, miré la hora y dormí hasta las 8. Me duché, recogí los trastos y antes de irme pregunté para desayunar. Me dijeron que tenían un grupo de italianos y que debía esperar. Como iba siendo habitual, salí sin haber desayunado, me dirigía a Mostar, que se encuenta a unos 20km, por lo que decidí desayunar ahí.

Cuando llegué a Mostar tiré a ojo hacia la parte vieja, llegando a una calle donde no pude avanzar más. Aparqué en un hueco y caminé y a los 20 o 30m, bingo! El Stari Most (Puente viejo). Si llego querer hacerlo adrede no me sale tan bien, seguro…

Me senté en la terraza de un pequeño bar donde tomé un café con leche. La camarera era muy simpática y además sabía hablar un poco de castellano.

Tras el rápido desayuno crucé el Stari Most sin dejar de recordar las imágenes de los bombardeos que mandaron el original Stari Most al fondo del río. Compré unas postales para mandar a la familia y apoyado en un murete de una mezquita cercana las escribí. Paseé un rato por la ciudad vieja, toda empedrada, y volví al lugar donde aparqué la moto. Por si las moscas, había guardado un waypoint de la posición, por si no la encontraba jejeje

Salí de Mostar en dirección a Sarajevo, separadas unos 120km. Los primeros 50 o 60km resultaron de lo más interesantes, yendo todo el rato en paralelo al río Neretva. Más adelante, a la altura de Djevor, el río se ensancha y pude observar un par de helicópteros militares con cestas de agua amerizar y un enorme hidroavión que me sobrevoló muy muy bajo.

Sarajevo apareció ante mi enorme, caótica en cuanto al tráfico y muy muy calurosa… Parado en un semáforo observé edificios en estado ruinoso y con las fachadas acribilladas a balazos junto a nuevos edificios modernos llenos de cristal, un contraste bastante curioso…

Di un par de vueltas alrededor de la ciudad vieja sin saber dónde aparcar. Divisé un montón de motos aparcadas y estacioné al lado. Mientras dejaba los trastos apareció un hombre que dijo ser el propietario del parking (Estaba en la calle!) pero no había problema en aparcar mi moto ahí. Ni me pidió dinero ni se lo di… Tras eso me adentré en las callejuelas llenas de puestecitos de comida, obsequios y artesanía. Comí un riquísimo bocadillo hecho a la plancha en un puestecito.

Tras el paseo de rigor decidí salir de Sarajevo no sin antes pasar por el “Tunel of Life”, un pequeño museo con un tramo del túnel que el ejército bosnio construyó para comunicar la ciudad de Sarajevo, asediada por los serbios, con los territorios del otro lado del aeropuerto, que entonces eran controlados por Naciones Unidas.

Qué casualidad que el desvío que debía tomar (Un giro a la izquierda desde la carretera Sarajevo-Trnovo), estaba cerrado por obras, lo que me obligó a hacer un cambio de sentido más adelante y a tragarme un atasco monumental de los coches y camiones que iban dirección al aeropuerto. Tras lograr zafarme entre los coches, cosa nada fácil con el pedazo de atasco que había y con maletas puestas, llegué al túnel de marras y estaba cerrado… Cierran a las 16h, por si alguna vez pensáis en ir a visitarlo, hacedlo antes que yo…

Salí de Sarajevo hacia mi siguiente destino, la ciudad de Travnik, que visité brevemente no sin antes meterme por sus empinadísimas calles con la moto para terminar teniendo que dar la vuelta como pude sin caerme…

Después de Travnik el GPS vuelve a hacer de las suyas y el trayecto que debía ser de apenas 45km se convierte en el doble. No obstante la liada mereció la pena puesto que me hizo tomar una pista de unos 20km de largo por el bosque en la que además de ir fresquito, me divertí de lo lindo… La pista desembocó en una carretera de montaña que llevaba a una estación de ski, lo cierto es que para ser agosto en ese momento la temperatura estaba alrededor de los 10ºC, por lo que tuve que parar a ponerme la chaqueta del impermeable por encima a modo de cortaviento.

Finalmente llegué a Jajce cuando oscurecía, monté la tienda y cené en el mismo camping un delicioso y gigantesco cevapi acompañado de un par de cervezas de Sarajevo. No sé si lo he dicho ya, pero en Bosnia y Herzegovina los campings son harto baratos, este costó 10KM (5€) y el del día anterior costó 4€. La cena consistente en el cevapi, dos cervezas y un te fueron unos escandalosos 11MK (5.5€).

Comments

22/08/2013: Dubrovnik y Bosnia y Herzegovina

Me levanté a las 8, parece una costumbre, sin despertador ni nada… Me duché. recogí los bártulos de la habitación, desayuné y los cargué en la moto. A las 9 en punto estaba saliendo por la puerta. Mi destino, el cercano Dubrovnik (Croacia).

A los pocos km de salir de Kotor, el GPS me ordena girar a la izquierda y por un momento creo que se ha equivocado pues me manda directamente al agua. No se había equivocado, debía tomar un pequeño ferry que actúa a modo de puente para atravesar el fiordo. Cuando llegué se estaba yendo uno y ya llegaba otro. Pagué los 2€ que costaba y embarqué. Apenas tuve tiempo a quitarme el casco, los guantes y hacer un par de fotos desde el agua cuando tuve que volver a vestirme porque ya llegábamos. Y es que por 2€ no se podía pedir más jejejeje

Proseguí la carretera y a al cabo de unos 20km llegué a la frontera con Croacia. Había mucha cola, me salté bastante parte metiéndome por el carril contrario (Tras conducir por Albania ya nada me asusta) y cuando no tuve más remedio me incorporé a la cola, que pese a haber 4 carriles habilitados, iba lentísima. Mientras estaba en la cola y habiéndome desprendido del casco, la chaqueta y los guantes, abrieron dos carriles más, pero no pareció servir de mucho… Tras aproximadamente una hora de cola, me tocó el turno y no tardé ni 30 segundos en pasar.

Tengo la sensación de que la cola se debía a la tensión que aún 20 años más tarde hay entre los antiguos miembros de la ex-Yugoslavia. Vi a los policías croatas regodearse por estar haciendo sacar todo el equipaje a un coche serbio, por ejemplo.

Tras beberme del tirón una botella de agua que congelé en la pensión y volver a ponme los votos, continué hacia Dubrovnik por una carretera muy divertida, llena de curvas y cuestas. En una de las curvas cuando faltaban 5 o 6km tuve que parar a hacer unas fotos ya que la panorámica del Steri Grad de Dubrovnik era increíble.

Llegué a Dubrovnik y me dirigí a la ciudad vieja, conocida por sus murallas, patrimonio de la Unesco, que fueron bombardeadas en la guerra, y famosas también por aparecer en “Juego de Tronos” como la ciudad de “Desembarco del rey”. Tras apañármelas para dejar la moto en un hueco que encontré, me adentré en la ciudad amurallada y bajé una callejuela estrecha y con tropecientos escalones. Pronto llegué al puerto donde disfruté con las vistas de las murallas, la ciudad y el agua, sorprendentemente transparente incluso en el puerto.

Paseé alrededor de hora y media por las callejuelas y murallas, achicharrado, ya que la temperatura superaba los 30ºC y además había muchísimo bochorno debido a la humedad.

Tras el paseo y las fotos pertinentes regresé al lugar donde había aparcado la moto junto a la muralla y monté rumbo a uno de los múltiples pasos fronterizos con Bosnia y Herzegovina.

Llegué a eso de los 15 o 20km y de nuevo el policía de turno no aceptó mi “Carta gris” como válida, así que de nuevo tocó apoquinar 40€ por un seguro bosnio. Lo cierto es que me quejo pero me está bien empleado por no reclamar a mi aseguradora que me enviaran la original…

Tras los trámites, entré en Bosnia y pude contemplar el Dubrovnik desde el interior. La carretera subía y las vistas eran increíbles. Me chocó que no había literalmente nada por la carretera, ni casas, ni puestecitos de bebidas como en Albania, nada… Mi primera impresión de Bosnia y Herzegovina fue que era mucho más rural que los demás países, y ni siquiera se veía gente alrededor de las carreteras, sencillamente no había nada hasta llegar a las poblaciones.

Mi primera parada en Bosnia fue para repostar, había evitado hacerlo en Montenegro, donde los precios eran casi iguales a los españoles, y tampoco en Croacia, donde eran superiores.

En Madrid me fue imposible cambiar marcos convertibles (La moneda bosnia), pero el policía del puesto fronterizo me tranquilizó diciéndome que aceptaban euros en prácticamente todos los sitios. Y así fue, porque reposté y pagué en euros sin ningún problema.

El hombre de la gasolinera me preguntó de dónde era y acto seguido me preguntó extrañado por qué llevaba la moto sucia de barro. Mi respuesta: “Albania”.

Continué por una carretera bastante aceptable hasta Treblinje, que visité brevemente.

Tras partir, puse rumbo a Kravica, donde me habían recomendado visitar la versión bosnia de Plitvice Jezera croata. Cuando llegué encontré un gran parking de pago y curiosamente el encargado me indicó que tirara hacia abajo, me abrió una cadena y sin pensármelo dos veces bajé hasta casi el agua.

En la bajada había divisado una preciosa cascada enorme y gente bañándose. Aparqué la moto prácticamente donde terminaba el camino y bajé para encontrarme con unas increíbles cascadas y piscinas naturales donde la gente disfrutaba plácidamente del agua. La verdad es que pese a estar bastante concurrido no estaba masificado. Por desgracia para mi no pude bañarme, y es que aunque llevaba el bañador también llevaba la bolsa sobredepósito con mi documentación, dinero y demás, y no me quise arriesgar a dejarla sin vigilancia.

Aunque era algo tarde, me senté en un chiringuito y pedí un “cevapi” (Léase “shevapi”), que había leído que era típico de Bosnia y Herzegovina y lo acompañé con una gran cerveza local. El cevapi resultaron ser unas tiras de carne picada asadas a la brasa metidas en pan con tomate, cebolla y pepino, delicioso.

Me quedé un buen rato saboreando la comida y deleitándome con las impresionantes mujeres que había por ahí bañándose, que a riesgo de repetirme, están todas tremendas…

Cuando me estaba entrando sueño y debía tomar la decisión de tumbarme a la sombra o marcharme, emprendí el camino a Međugorje, donde tenía visto un camping.

Međugorje es un pueblo bastante grande plagado de turistas, en su mayoría italianos, atraídos por una virgen que hay. Mis creencias (O mejor dicho, no creencias) me impidieron ir a visitar nada que tuviera que ver con la religión, y me concentré en buscar el camping. No hubo suerte, vi varios anunciados pero algunos eran sencillamente aparcamientos para autocaravanas. Al final hubo suerte y a la tercera o cuarta señal que seguí encontré uno.

El precio me impresionó, 4€ la noche, 1€ por la tienda y 3€ por cabeza, la moto no pagaba. Con derecho a internet, duchas y lavabos y electricidad. Nada mal.

Instalé la tienda y me acerqué a comprar una botella de litro y medio de agua helada, que terminé en cuestión de minutos, y es que la temperatura estaba en 34ºC… Me instalé en una mesa a la sombra y estuve “gorroneando” internet durante un buen rato, subiendo fotos a Facebook y escribiendo a la familia para contarles que seguía vivo.

Me dió la hora de cenar, así que recogí los trastos y monté para ir al pueblo a por algo de cenar. Tenía intención de cenar ahí pero el pueblo estaba masificado de italianos, por lo que cogí la comida y una cerveza bosnia y volví al camping, donde di cuenta de todo sentado sobre las maletas.

Me acosté pronto, pero lo cierto es que tardé horas en dormirme porque el calor era asfixiante. Creo que no me debí de dormir hasta pasada la 1 de la madrugada…

Comments

21/08/2013: Montenegro

Hice el perro más de la cuenta, me levanté tarde y me duché. Necesitaba un descanso tras la agonía del día anterior por Albania.

A eso de las 11 salí del “Sobe” y me dirigí de nuevo al Stari Grad. Aunque lo había visto de noche no tenía fotos de día. Tras un paseo y comprar una cerveza montenegrina en un puestecito del mercado, pasé por el supermercado y compré algo para cocinar en la pensión, ventajas de tener cocina. Los precios en Montenegro son casi como los españoles, tanto en los supermercados como en las gasolineras, no obstante más barato me salía si como Juan Palomo “Yo me lo guiso, yo me lo como”.

Tras la comida me eché una buena siesta, la primera del viaje… Me desperté bastante descansado y decidí ir a Budva, una localidad muy cercana a Kotor, a unos 15km, lugar bastante turístico y de playa. El trayecto resultó muy agradable, sin maletas y a un buen ritmo por una carretera que, aunque con tráfico, tenía curvas amplias y rápidas.

Llegué a Budva y aparqué la moto junto a otra F800GS, de una pareja griega a la que la policía parecía estar pidiendo los papeles. A pie, me fui hacia la playa y el paseo marítimo, donde una vez más confirmé que las mujeres de los Balcanes son increíblemente guapas… Mirara donde mirara había alguna “Barbie” o supermodelo, es impresionante…

Tras el paseo, un helado y algunas fotos, regresé al “Sobe”, esta vez con bastante tráfico y sin poder divertirme por las curvas.

De nuevo, pasé por el supermercado y compré la que iba a ser mi cena y aproveché para comprar también el desayuno de la mañana siguiente.

Comments

20/08/2013: Albania y Montenegro

Aproveché que me había levantado temprano para poner mi ropa en la lavadora. Tras sacarla usé una bolsa de tela de lavandería (Cortesía del Sheraton de El Cairo) y colqué mis prendas dobladas en dentro y la puse sobre el topcase con una red. El invento funcionó bien porque por la noche toda la ropa estaba prácticamete seca y no demasiado arrugada.

Dejé Pristina a eso de las 9 de la mañana y puse rumbo a Montenegro. Durante el camino, en un par de ocasiones vi una señal que indicaba “Dogana”, me sonaba de algo pero no recordaba de qué, pronto caí cuando vi que la Dogana era la aduana. Entraba de nuevo en Albania.

De la vez anterior me había sobrado el equivalente a unos 20€ en moneda albanesa que no había podido cambiar, así que pensé “Genial, así los gasto”. Paré a repostar y pregunté al hombre de la gasolinera si debía tomar una autovía bastante moderna que vi o la carretera. Me indicó que tomara la carretera, y tonto de mi le hice caso… Resultó ser una carretera alucinante, con unas curvas de infarto, ausentes de quitamiedos y sin nada de tráfico, me lo pasé francamente bien pero eso fue los primeros 90km. Luego me di cuenta de que de las tres rutas que podía haber tomado para ir de Kosovo a Montenegro esa era la más larga y lenta de todas.

Como digo, primeramente me divertí de lo lindo, en 2ª y 3ª todo el rato, oyendo la moto roncar en las subidas y petardear en las cuestas abajo, pero ya estaba metido de tal manera que era inviable dar la vuelta y sólo me quedaba seguir… Como en toda Albania, viajaba sin mapas y veía que yo iba haciendo km y km y la distancia en línea recta con mi destino era la misma. Si miráis el track entenderéis por qué…

Atravesé no sé cuantas montañas, se me hizo interminable, estaba tan obsesionado con terminar el camino que sólo paré a beber en un par de ocasiones, me dolía el culo, no había ni comido ni desayunado y no tenía ni hambre, sólo pensaba en salir de ahí. Afortunadamente en el norte del país las carreteras no están tan hechas polvo como en el sur, y quitando un tubo del agua empotrado en el asfalto del que no habían cubierto la zanja que me acompañó durante km, no había color con lo que había visto yendo a Tirana dos días antes.

Cuando ya me quedaban sólo 60km hasta la frontera el paisaje cambió, de una zona montañosa llena de helechos pasé a una zona bastante más llana con un gran lago, más calor y muchísimas menos curvas. A 15km de la frontera con Montenegro vi un rebaño de ovejas cruzando la carretera, aflojé todo lo que pude y me confié puesto que todas habían cruzado. Pero la última de ellas decidió cambiar de sentido y volver de nuevo al asfalto, con tan mala suerte de que irremediablemente la atropellé. Temí irme al suelo pero por suerte el ABS actuó y cuando la pillé prácticamente estaba parado, la oveja se llevó un golpe en el muslo y yo me libré de irme al suelo, cosa que ya era bastante dada la piña que me podría haber pegado…

Tras el susto continué y a los escasos 15 minutos estaba en la frontera con Montenegro. Nuevamente tuve problemas por la maldita carta verde que no era verde. Me tocó contratar un seguro que por suerte costó 10€ y pasé sin más problemas que unas rachas huracanadas que se levantaron de pronto y que se llevaban todo el polvo y las hojas que había en el suelo. Bastante incómodo por tener que llevar la visera cerrada con el calor y por ir de lado debido al viento, tomé rumbo a Kotor saltándome Podgorica, la capital, puesto que consideré que no tenía nada que valiera la pena ver. En Kotor tenía reserva en Skaljari en una pensión.

Cuando me quedaban 10km en linea recta a Kotor empezó una de las carreteras más alucinantes que he hecho en mi vida. Una sucesión de más de 30 horquillas de 180º con unas vistas de quitar el hipo. Visto desde arriba, Kotor me recordó a uno de tantos fiordos noruegos donde hasta los barcos de crucero entran en esa enorme lengua de mar que se mete en el valle. Aunque la carretera era increíble (Me río yo del Stelvio!) me la tomé con calma puesto que en la mayoría de las curvas no había ni vallas ni muro y además paré en diversas ocasiones a hacer fotos.

Tras bajar las innumerables curvas llegué a un túnel de más de 1.5km asquerosamente lleno de humo y al salir me encontré en Skaljari. Me costó encontrar la maldita pensión ya que no hay nombres de calle sino sencillamente números de casa… La pensión consistía en una casa antigua en la que su dueña, bastante mayor y con un inglés más que aceptable, había convertido cada habitación en casa de huéspedes, o como le llaman ahí “Soba” o “Sobe”. Me vino de perlas porque además había cocina, así que me iba a ahorrar algo de dinero yendo a comprar al supermercado y pudiendo cocinar.

Tras dejar la moto en la puerta y quitarle las maletas, bajé a pie hasta Kotor, visité de noche la ciudad antigua (Steri Grad) y el puerto.

Montenegro no tiene nada que ver con Albania, aquí se ven coches de todo tipo, y aunque quedan algunos “Yugo” con más años que el sol, hay coches modernos y motos grandes, la gente usa el casco… Aunque curiosamente sólo es obligatorio para el piloto, no para el pasajero, y en ocasiones ves al padre, al niño y la madre en la misma moto.

Frente a la puerta del Stari Grad pude ver muchas motos trail, casi todas italianas, cosa comprensible ya que les queda bastante cerca. Aunque la ciudad me encanta, reconozco que ver tanto “europeo” me supone un handicap.

Comments

« Previous entries Next Page » Next Page »

Login