19/08/2014: Dejamos Hungría, llegamos a Rumanía

Cuando nos despertamos la ropa estaba casi seca, lo suficiente para poderla terminar de secar en una bolsa sobre la maleta o el asiento, así que nos pusimos en marcha, íbamos hacia Rumanía.

Circulamos por autovía y también por carreteras comarcales entretenidas, viendo pueblecitos y sobretodo, lo cuidados que están. Todo el mundo recorta la hierba de delante de su casa, las calles están limpias… No he visto tanto cortacésped y cortasetos nunca.

Por fin llegamos a la frontera, donde cambiamos los pocos florines que nos quedaban y algunos euros más por leis, la moneda rumana. El cambio fue evidente nada más cruzar la frontera. Mi primera impresión fue una mezcla de sorpresa por los coches antiguos, camiones y algunas de las casas que veíamos, que parecían palacios. Aproximándome a un paso a nivel mientras adelantaba a una furgoneta me asusté puesto que vi que la furgoneta paraba. Pronto entendimos que a menos que los pasos a nivel tengan barrera hay que pararse y mirar si viene el tren!

Buscamos un supermercado y compramos algo para comer. Vimos un parque que nos gustó y nos echamos en un banco para comer. Mientras comíamos, se acercaron un par de niños gitanos a pedir dinero. Un hombre que andaba cerca se apresuró a echarlos de ahí y no volvieron a molestar.

Después de comer, proseguimos la ruta para llegar a Baia Mare, ciudad que visitamos más tiempo de lo que nos hubiera gustado, dando vueltas a lo tonto por culpa de una dirección incorrecta en TripAdvisor.

Al salir de Baia Mare tomamos una carretera muy divertida con un puerto de montaña donde Ricardo y Álvaro se calentaron. Yo, que por regla general soy más prudente (O cagueta, según se mire) subía a mi ritmo disfrutando, aunque tuve que pegar un zapatazo al suelo en una curva muy cerrada donde mi rueda trasera deslizó.

Tras el calentón de las curvas, nos dirigimos a Ocna Șugatag donde en teoría estaba el camping de ese día. Se nos estaba haciendo de noche (Además de que íbamos con horario español y en Rumanía es una hora más) y no lo encontrábamos, así que regresamos por el camino que veníamos ya que yo juraba haber visto una señal. Por fin encontramos el sitio que había visto, aparentemente sólo era una casa… Me acerqué a dos puertas abiertas y no vi a nadie, en una ventana se veía a un tipo viendo la TV que no nos hacía ni caso, saludamos y nada… Finalmente Ricardo entró con la moto y pitó varias veces, y al cabo de un buen rato salió una chica a ver. Le pregunté por el camping y me dijo que pasara dentro de la casa, me mostró dos habitaciones dobles muy majas, la casa era típica y entera de madera. No había camping ninguno, sólo eso. El precio me pareció correcto, 40€ por los 4 y podíamos cenar ahí, así que aparcamos las motos en el patio trasero de la casa y entramos.

Al rato estábamos sentados a la mesa, con un chupito de Rachiu (También se conoce como rakia en otros países), un aguardiente bastante potente, con WiFi y expectantes… Al poco rato la dueña de la casa, ataviada con los ropajes tradicionales y velo en la cabeza (Nafrana), empezó a sacar bandejas y platos con una especie de ensaladilla rusa, queso, carne salada, tocino, embutidos y un puchero de potaje que era sencillamente espectacular.

También pudimos degustar otro tipo de licor, de grosellas, mucho más suave.

Tras tan copiosa cena subimos a la habitacion a descargar los vídeos y fotos al disco duro y a dormir.

El lugar en cuestión es La Pensiunea Anca, en la población de Deseşti, 100% recomendable.

1 comentario »

  1. Alvaro said,

    septiembre 9, 2014 @ 0:33

    Desde luego esto fue un acierto total, Ricardo y yo nos mostrábamos algo escépticos, pero se nos pasó todo de golpe, sobre todo a Ricardo, que creo que se bebió mi bebida «espirituosa» ¿o fuiste tu David? jajaja

RSS feed for comments on this post · TrackBack URI

Deja un comentario

Login