21/08/2014: Llegada a Moldavia

Durante la madrugada nos llovió pero por fortuna paró antes de despertarnos y salió el sol, por lo que pudimos dejar secar las tiendas mientras nos duchábamos y preparábamos el desayuno y visitábamos el monasterio, que estaba justo enfrente del camping.

Saliendo de Suceava me desvié del track y pensé que podríamos cambiar el rumbo más adelante, pero un vistazo rápido al mapa reveló que no había enlaces entre la carretera por la que circulábamos y la que debíamos circular. Dimos media vuelta y continuamos en la dirección adecuada. No quedaba ni rastro de nubes y hacía bastante calor.

Sobre las 13h llegamos a la frontera con Moldavia. Nos quedamos un poco sorprendidos con las preguntas del policía de aduanas: “Pistolas, narcóticos?”. Tras bromear acerca de que no eran cosas que soliéramos llevar en vacaciones, pasamos a hablar con la policía fronteriza, que nos preguntó dónde íbamos. No se sorprendió cuando le hablamos de Chisináu (Capital de Moldavia) pero puso cara de susto cuando dijimos “Tiráspol”. Nos preguntó literalmente que qué se nos había perdido en ahí. Por su cara temí algún problema que no conociéramos, así que le pregunté y me empezó a hablar acerca de la situación política de Transnistria. Cuando le dije que eso lo sabíamos y que si había algún otro problema me dijo que no, aunque siguió con cara de sorpresa.

La frontera rumana estaba a un lado de una presa, la “tierra de nadie” cruzaba toda la presa y la frontera moldava estaba al otro lado. Siempre tengo la sensación de que las fronteras están en lugares donde en caso de problemas se puede derribar un puente, o en lo alto de un puerto de montaña.

Al llegar a la frontera moldava Álvaro tuvo problemas con su carta verde. Los señores de Verti dan la carta verde por 3 meses solamente, y la suya estaba caducada. Avisé antes del viaje del tema de la carta verde puesto que el año pasado tuve muchos problemas con ella, pero a Álvaro (Ni a nadie) se nos ocurrió pensar que la carta verde la dieran sólo por 3 meses.

El policía señaló una oficina cercana a la frontera (Una casa de seguros) y literalmente pasó de Álvaro, cogiéndonos la documentación a los demás. Optamos por hacernos los tontos y parece que funcionó, porque al final le cogió de nuevo la documentación a Álvaro y le selló el pasaporte, aunque sin apretar mucho con el sello jejeje

Cambiamos dinero (En Moldavia se usan leis moldavos) en una oficina en la misma frontera y nos fuimos. El cambio se notó en cuanto nos alejamos 1km de la frontera. No había absolutamente nada, sólo campos, asfalto en mal estado y poco más.

Al rato llegamos a un pueblo donde entramos en un pequeño supermercado donde compramos una especie de salami, pan y alguna otra cosa. La dueña debía tener 80 años y por supuesto no hablaba ni papa de inglés, así que le pedí que me escribiera en la calculadora el precio. Fue insultantemente barato, bromeábamos con esto, “Hoy invito yo”.

Nos apalancamos en un jardín para sorpresa de transeúntes y niños, que en ocasiones parece que no hayan visto una moto grande en su vida. Ya en la sobremesa pasó un hombre que en perfecto castellano nos preguntó “De dónde sois?”. La respuesta fue unánime “De España”. Su cara fue de chiste “Hombre ya, pero de dónde?”. Nos estuvimos riendo un buen rato, y es que tras varios días donde la gente preguntaba de qué país éramos, dimos por hecho que era lo que el hombre estaba preguntando. Había vivido 11 años en Carabanchel aunque era rumano y nos contó que pronto se iría a Italia a trabajar. Conociendo casos concretos puedes hacerte una idea de lo difícil que debe ser dejar tu país para ir a buscarte la vida a otro lado, o a otro, si la situación lo requiere.

Tras comer continuamos ruta en dirección Chisináu. El paisaje era muy muy soso, el asfalto horrible y hacía bastante calor. Parece que asfalten poniendo 2cm de asfalto, que por efecto de los camiones se ondula en las cuestas (Como si se arrugara al traccionar los camiones) y se hunde del peso donde pisan las ruedas.

En un desvío para enlazar con otra carretera siento que algo se ha desprendido de mi moto, miro el GPS pensando que se había soltado y no veo nada raro. Me paro y veo a Noelia y Ricardo parados más atrás, Noelia se agacha y me muestra mi candado, que suelo llevar en un soporte debajo del topcase. La pletina del soporte, de chapa de 3mm, se ha partido de tantas vibraciones, y es que las carreteras en Moldavia están realmente arrugadas y onduladas.

Mientras estábamos recogiendo el candado un coche se para junto a Ricardo y empiezan a hablar, el dueño nos invita si nos esperamos al fin de semana, a una fiesta con, palabras textuales, todo el alcohol pagado.

Aprovechamos para repostar y busco en el GPS el waypoint del camping. Tras un par de vueltas cambiando de carretera y un corto tramo de pista de tierra llegamos al camping. Entramos en recepción y la chica no habla ni papa de inglés. Me ofrece un apartamento para 4 personas por 120€. Le digo que ni de coña vamos a pagar esa cantidad (Por un momento dudamos de si eran leis) y que lo que queremos es acampar. Me dice que no es posible y le señalo el rótulo a su espalda que pone “CAMPING & RESORT”. Tras 5 minutos de conversación absurda tipo “camping?” “no camping” señalando el rotulo decidimos buscar otra cosa aprovechando la wifi, que al menos es gratis.

Encontramos otro lugar a las afueras de Chisináu, nos toca cruzar la ciudad, pero al menos parece sencillo llegar… Introduzco las nuevas coordenadas en el GPS y cruzamos la caótica y sucia capital moldava. Cuando media hora más tarde llegamos a la población en cuestión no somos capaces de encontrar el lugar, por lo que paramos en una gasolinera Lukoil, que por lo general tienen Wifi, y mostramos las fotografías del lugar a los empleados, que nos indican que está a escasos 300m de ahí.

Llegamos anocheciendo al lugar y el encargado, un hombre mayor bastante rarito al que apodamos Macario, no habla inglés. Un cliente del lugar nos hace de intérprete, le contamos nuestra situación en el anterior “camping” y se ríe cuando nos dice que pese al nombre, esto tampoco es un camping. Por lo visto en Moldavia cuando dicen camping se refieren a un área de picnic, aunque usen la típica señal de la tienda de campaña… Lo que había eran cenadores de distintos tamaños con mesas y tejado.

Bastante desesperados, le pedimos al cliente si puede pedir permiso de nuestra parte para acampar. Macario accede y me dice que le ofrezca una cantidad. Haciendo un rápido cálculo mental me equivoco y le ofrezco 80 lei que Macario acepta. Cuando voy a dárselos veo que no tengo cambio, así que le doy un billete de 100 lei y el chico que nos hacía de intérprete pone cara de “Déjalo así, está bien”. Pronto Ricardo y Álvaro hacen uso de la calculadora y se dan cuenta de que en realidad le acabo de pagar menos de 5.50€ por los 4, es decir, que mi primera oferta fue aún más ridícula, de ahí la cara del chico.

Macario nos enseña una zona apartada donde podemos plantar las tiendas y una letrina, suficiente para pasar la noche, total ya estábamos dispuestos a hacer acampada libre.

Montamos las tiendas y nos ponemos a preparar la cena y pronto empiezan a caer gotas. Preguntamos a Macario si nos podemos resguardar en un cenador y nos da permiso. Segunda incongruencia del día, el cenador más barato valía 400 lei según la tarifa expuesta.

Ricardo nos prepara una rica cena con lo que hemos podido comprar en la gasolinera para asombro de Macario. Debo decir que para este viaje nos llevamos una cocina que compré el año pasado en DealExtreme, una réplica de una de marca, multifuel, que ha resultado funcionar de maravilla con gasolina.

Mientras estábamos terminando de cenar empieza a caer el diluvio universal y nos toca a Ricardo y a mi salir a cerrar las cremalleras de las tiendas, calándonos por completo. Volvemos bajo el cenador empapados y por un momento hace tanto viento que casi nos mojamos lo mismo debajo que fuera del cenador. Noelia y Álvaro deciden aprovechar un parón en la lluvia para meterse en la tienda de campaña y Ricardo y yo nos quedamos tomando un cubata. Habíamos ofrecido bebida a Macario anteriormente, que rechazó con cara de “No, no, yo nunca”. En un momento, se sienta frente a nosotros y señalando la botella de whisky “John Cor” del Mercadona pregunta “Ron?”. Nosotros muertos de risa le dijimos que era whisky de España y de nuevo le ofrecimos. Se puso 3 dedos en un vaso grande y tras un sorbito se bebió el resto de un trago sin inmutarse y exclamó “Good”.

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