22/08/2014: Transnistria y Ucrania

Nos levantamos bastante temprano porque le habíamos prometido a Macario que nos iríamos pronto. Además no teníamos nada para desayunar así que recogimos rápido y volvimos a la gasolinera del día anterior para aprovechamos del Wifi y tomar un café y un croissant.

Salimos en dirección Tiráspol volviendo a cruzar parte de Chisináu, por otro barrio distinto pero igualmente feo y sucio.

En pocos km llegamos a la frontera con la ciudad de Bender. Una policía con uniforme soviético y falda nos indicó que aparcáramos a un lado y entráramos a una oficina. Encontramos a unos alemanes que viajaban en moto y les preguntamos el proceso a seguir para entrar en Transnistria, nos dijeron que primero pasáramos por una ventana y luego por la otra.

Aunque los funcionarios se lo tomaban con calma pronto nos atendieron, pagamos la entrada al país (Supongo que era la tasa de carreteras o vete a saber) y pasamos a la segunda ventanilla, donde debíamos hacer la importación temporal de la moto y pagar un 0,18% del valor que estiman que tiene. Pronto descubrimos que el valor para ellos debe depender únicamente de la cilindrada, porque uno de los alemanes tenía una bronca con el funcionario debido a la diferencia de importe (Que por otra parte era irrisoria, todo hay que decirlo) entre una KTM 1190 Adventure y una R1200GS LC.

Álvaro fue el que más pagó y Ricardo y Noelia los que menos, así que la teoría de la cilindrada cobraba sentido.

En cualquier caso, una hora y pico después estábamos circulando en dirección Tiráspol. Por la mañana me di cuenta de que uno de los tornillos de mi estribera izquierda (Que a su vez sujeta la pata de cabra) que se me llevaba aflojando unos días se había perdido. En un semáforo vi un taller mecánico grande con buena pinta y entramos a preguntar. Uno de los mecánicos hablaba inglés así que le conté lo que necesitaba (Un tornillo M10) y me llevó a otro taller más pequeño de la misma calle, buscamos en la típica caja que tiene todo taller con cientos de tornillos y encontré uno que me servía. No me quisieron cobrar nada y además me dejaron las herramientas para ponerlo y poder apretar bien el otro tornillo. Por el momento muy buena sensación sobre la gente de Transnistria.

Le preguntamos cómo llegar al centro y nos indicó, llegamos 5 minutos más tarde y aparcamos las motos. Paseamos por delante de la estatua de Lenin, las tumbas de los muertos en la guerra de Transnistria y el monumento al soldado desconocido. Nos hicimos unas fotos delante del famoso tanque que hay en el parque y también frente al escudo de Tiráspol, que destaca la parte industrial y la parte agrícola de la ciudad, con el río Dniéster en el centro.

Concluída la visita al centro, volvimos sobre nuestros pasos con intención de visitar el estadio del Sheriff FC ya que habíamos pasado por delante al entrar en Tiráspol. Aprovechamos para repostar a precio de risa, pero ojo porque en Transnistria sólo se puede pagar en rublos transnistrios, leis moldavos o dólares, pero ni con tarjeta ni en euros.

Nos acercamos a la entrada del estadio y había un vigilante en una garita y la barrera bajada, le preguntamos si podíamos visitar el estadio y nos echó de manera bastante borde. Para su mosqueo, colocamos las motos en fila para hacer una foto con el estadio de fondo y nos fuimos antes de que se cabreara de verdad.

Salimos de ahí siguiendo las indicaciones de Одеса (Odessa) cruzando todo Tiráspol por un entramado de calles raras, donde no tienes claro si estás circulando por una carretera o por una calle muy grande.

Llegamos al puesto fronterizo y todo parecía ir bien, hasta que el policía dice “Only one, boss”. Me acerqué y me comentó que nos faltaba un papel de inmigración que nos tenían que haber dado en Bender al entrar. Le dije que habíamos hecho lo que nos habían pedido, le remarqué que habíamos hecho la importación de las motos, que habíamos pagado… Y me decía que debíamos volver a Bender a por el papel en cuestión. Le hice ver que el fallo era suyo y le pedí que llamara. Accedió y se metió en la oficina, tardó unos 10 minutos en volver a aparecer. Me confirmó que el fallo era de la policía fronteriza de Bender y que debíamos volver. Insistí tanto como pude en que si me estaba dando la razón en que el fallo era suyo ellos debían solucionarlo, no nosotros.

Debimos de tocar las narices a su superior porque pese a que al chico se le veía con voluntad de ayudarnos, tras el último viaje a la oficina salió muy serio diciendo “My boss says you have to return to Bender”.

Agotadas todas las opciones, bastante cabreados porque íbamos muy bien de tiempo, dimos media vuelta y volvimos a Bender cruzando de nuevo todo Tiráspol. Cuando llegamos se nos acercó un policía de los que habíamos visto por la mañana a preguntar qué pasaba, cuando le expliqué se sonrió y dijo “Yes, I know, I know”. A mí no me había hecho ni pizca de gracia…

Pasamos por la ventanilla de inmigración y en un minuto nos imprimieron un ticket a cada uno con nuestro nombre escrito en caracteres latinos y cilíricos.

Salimos zumbando de Bender para volver a atravesar Tiráspol. Adelantando a un coche pasé a toda pastilla por un control militar y por suerte los soldados estaban de cachondeo y debieron de ver a la legua que era un turista, de haber ido en coche igual me fríen a tiros…

Saliendo de Tiráspol tras girar en un cruce un policía con un sombrero estilo paellera soviética me da el alto. Iluso de mi pensé que era curiosidad… No hablaba nada de inglés así que saca su carnet de conducir transnistrio (Que fuera de ahí tiene el mismo valor que un billete de Monopoly) y me indica que quiere ver el mío. Saco el carnet de conducir y me enseña la pantallita de una pistola radar donde se ven varias fotos nuestras (De frente), una de ellas conmigo delante a 64km/h, el resto con los cuatro a mogollón a 59km/h.

Me hace entrar en la garita y se mosquea bastante cuando Álvaro, Noelia y Ricardo, que estaban fuera, asoman la cabeza dentro.

Me pinta en un papel una señal de limitación a 40km/h y luego escribe 64-40=24.

Saca su móvil del bolsillo y abre una aplicación de traducción donde escribe en ruso y veo en inglés “PENALTY”. Le digo que ni de coña, que no había ninguna señal y que no voy a pagar ninguna multa. Se levanta y sale fuera, me señala el coche patrulla y por un momento pienso que me he pasado de listo y que por bocazas me van a llevar al cuartel. Pronto me doy cuenta de que lo que quiere el tipo es que vaya a ver la señal con su compañero. Me subo al coche mientras veo la cara de incredulidad de mis tres compañeros. Salimos de ahí con otro coche detrás escoltándonos.

Mientras circulamos, le hago señas al otro policía de que nosotros no veníamos por esa calle sino que habíamos girado, me hace gestos de que me espere, llega a la calle por la que nosotros veníamos, hace un giro y se incorpora a la calle parándose justo al lado de la señal. OK, tú ganas, había señal.

Volvemos a la garita y le digo al policía “No lei, no rubles, only euros”, escribe en el papel 30E. Le cojo el móvil y usando la misma palabra que había salido antes escribo “PENALTY ONLY FOR ME”. Asiente con la cabeza, salgo de la garita y cojo 20€ de mi bolsa. Ricardo me da los otros 10€. Le doy los 30€ al policía de la paellera en la cabeza y sonriendo se los mete en el bolsillo. Sabemos que ha sido una mordida en toda regla y que probablemente con ese dinero vaya a cenar como un marqués varios días, pero qué se le va a hacer…

Salimos despidiéndonos con un “A cascarla!” y a pocos metros ya estamos a más de 100km/h, total, ya habíamos pagado mordida para todo el día.

Llegamos de nuevo a la frontera y el mismo policía de la vez anterior nos deja salir, no tardamos ni un minuto… Llegamos a la frontera de Ucrania donde primero un soldado nos da un papel donde anota “MOTO” y la matrícula para posteriormente abrirnos la barrera.

Hay que pasar por dos ventanillas, la de inmigración y la de aduanas. Nos preguntan si vamos a Odessa y se sorprenden de que vayamos 4 personas en moto, el policía no para de preguntar “Four motorbikes?”.

Sin mayor contratiempo pasamos, ya estamos en Ucrania. Paramos en una gasolinera a llenar puesto que en Tiráspol sólo echamos lo que nos quedaba en leis moldavos.

No tenemos grivnas pero se puede pagar con tarjeta. Tras 10 minutos intentando entender lo que los dos tipos de la gasolinera querían llegamos a la conclusión de que no se fiaban y querían que echara uno, cobrarle, se echara otro, cobrarle y así sucesivamente. Llegamos el depósito a precio de risa, menos de 1€ el litro, además hay 3 tipos distintos de gasolina 95 y también gasolina de 92.

Las carreteras están del estilo de Moldavia, muy onduladas y con grietas. Vamos avanzando hacia Odessa sin muchos problemas y finalmente entramos en la ciudad. Los mapas que llevo son poco detallados así que echamos un vistazo rápido en el Google Maps para ver la ruta que debemos tomar para llegar al camping. Cuando estamos a las afueras pero aún en Odessa veo una señal de camping y decido entrar y pasar de ir al camping previsto, que estaba 40km más lejos.

Por un momento dudo, me he metido en una calle llena de chiringuitos, tiendas de playa y puestos de comida, llego a una barrera y pregunto al vigilante “Camping?”, me abre la barrera “Pues vale, será por ahí”. Cada vez más asombrado avanzo entre restaurantes, discotecas y centenares de personas que están de fiesta, bebiendo o bailando, incluso paso por medio de una boda! Unos metros más hacia delante un tipo con uniforme me indica dónde aparcar la moto, no salgo de mi asombro.

Se me acerca un chaval con cresta y me dice que nos vió el día anterior en Chisináu, es eslovaco y me dice literalmente que no hay camping pero que los apartamentos están muy baratos. Ellos van a salir por la noche de fiesta y podemos apuntarnos.

Dejo la moto y vuelvo atrás a buscar a los otros tres, que han aparcado más atrás. El chaval eslovaco nos acompaña a la recepción del lugar. Sale un chico que no habla inglés y nos lleva por un entramado de pasillos, escaleras y callejones a un lugar cuya puerta parece la de un establo, de madera y con un candado. Abre y nos enseña una habitación con una cama, no hay baño en la habitación y la vista por detrás parece la vista de una celda, con barrotes. Preguntamos el precio y no nos parece caro, salimos a unos 12€ por cabeza. Los baños están a tomar por saco de lejos y en el trayecto vemos a gente bebiendo y cocinando en las barbacoas. El lugar es raro de narices, parece una especie de hermandad como en las películas, o un centro de juerga a gran escala.

No se puede pagar en euros ni con tarjeta, pero el chico nos lleva a un cajero. Encontramos a un compañero del punky eslovaco cuya tarjeta se ha quedado metida en el cajero. No hay más cajeros… Preguntamos y nos dicen que cerca hay otro, así que nos ponemos a caminar como cuatro tontos mucho más del kilómetro que nos han dicho. Llegamos a unos apartamentos con mucha mejor pinta, preguntamos y valen aproximadamente lo mismo, podemos dejar las motos dentro de un recinto vallado y encima aceptan euros. Decidimos pasar del otro lugar, y encima no hemos encontrado el cajero. Volvemos por el paseo marítimo caminando la mitad que antes, el eslovaco ha logrado recuperar su tarjeta y aparentemente el cajero funciona. Decido arriesgarme y saco dinero, funciona. Aprovechamos todos para sacar grivnas, recogemos las motos y nos vamos al otro sitio, mucho más tranquilo. Además ahora tenemos grivnas así que tenemos libertad para buscar el lugar para cenar que más nos guste. La única pega es que la wifi es gratis sólo durante 10 minutos, no se puede tener todo.

Cenamos en un restaurante alemán bastante bien, tienen mantitas y menos mal, porque hace fresquito. Después de cenar Ricardo y yo quedamos para ir a bañarnos en el Mar Negro a las 7 de la mañana.

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