21/01/2015: Braga – Serra da Estrela – Covilhã

Salimos tarde de Braga porque el despertador no sonó. Precisamente el día que teníamos más trayecto. Decidimos desayunar de camino cuando nos entrara el hambre, así que nos pusimos en marcha, bastante lentos ya que la carretera estaba bastante concurrida y cruzaba muchos pueblos.

Cuando llevábamos una hora y pico de camino paramos a desayunar en una de las muchas pastelerías que hay, dos cafés con leche y un par de bollos grandes por 2.50€, qué más se puede pedir?

Nos lloviznaba a ratitos pero por fortuna cada vez había menos tráfico, llegando a ser inexistente a partir de Amarante.

Disfrutamos muchísimo con las vistas bajando a Peso da Régua, especialmente el trayecto paralelo al Río Duero (Douro), realmente espectacular.

Proseguimos por la N2 disfrutando de las sinuosas carreteras exentas de tráfico y parando únicamente en Lamego a hacer unas fotos y estirar las piernas.

Andamos un rato en paralelo a la autovía y ya empezábamos a notar la proximidad a la sierra, además del viento, la temperatura empezaba a descender.

Atravesando Castro Daire vimos un sitio para comer que nos gustó. Entramos a ver qué tal y resultó tener un menú de 6€ consistente en sopa de primero y segundo a elegir.

Lo de la sopa nos vino de perlas, resultó ser una crema de verduras riquísima y de segundo Álvaro pidió pollo a la brasa y yo unas berenjenas rellenas al parmesano. Delicioso!

Tomamos el café y salimos sin mucha prisa, acabábamos de ver en las noticias de la cadena estatal la Serra da Estrela con mucha nieve, coches atascados y quitanieves… Preguntamos a la camarera si para ir hacia Covilhã nosotros pasábamos por la zona que se veía en las imágenes de la TV y nos dijo literalmente “Si, un poco”.

Salimos del restaurante sin casi poder movernos debido a la comilona y llegamos a Viseu sin demasiado problema. En Mangualde descubrimos que Peugeot tiene una fábrica, porque literalmente el GPS pretendía que la atravesáramos. Tras rodearla enfilamos hacia la montaña.

Pronto empezamos a ver nieve en las cunetas, la temperatura bajaba y la carretera estaba llena de sal. Con más miedo que vergüenza seguimos subiendo y nos preocupamos cuando vimos un cartel indicando que había tramos cortados. Si no era por la derecha sería por la izquierda, pero llegaríamos a nuestro destino como fuera…

La niebla hizo su aparición y llegó un punto en que circulábamos en 2ª con la visera abierta, sin ver más allá de 3m, viendo las curvas cuando ya estábamos encima e incluso sin ver al otro más que por la luz.

El suelo ya estaba bastante sucio de nieve y circulábamos sobre las marcas de los coches, pero es complicado ya que a veces se cruzan y toca pisar la nieve de la calzada… Realmente íbamos acojonados y congelados… Por fortuna poco a poco la niebla empezaba a despejar y la carretera a descender, tras unos interminables kilómetros cada vez la nieve era más “pasta” y menos hielo hasta que sólo la vimos en los márgenes de la carretera. Desde ésta pudimos disfrutar de las vistas de Manteigas, nos habíamos desviado del track previsto pero sospechábamos que donde el track marcaba era precisamente el tramo cortado por la nieve, porque no habíamos visto ningún desvío transitable.

Finalmente llegamos a Colvilhã y nos costó un par de vueltas encontrar el hotel. Y es que Colvihã es una ciudad sin ninguna calle plana, de una calle a la de encima hay desniveles de 6 y 7 pisos! Mi WP era correcto, estábamos sin saberlo en frente de la 6ª planta del hotel, pero la entrada estaba en la calle de debajo. Tras dar la vuelta Álvaro vió de refilón el cartel. Aparcamos las motos delante de la recepción bastante resguardadas y subimos a la habitación.

El Covilhã Parque Hotel es un hotel viejuno pero limpio y nos había salido barato, así que era suficiente para nosotros.

Tras cambiarnos, escribir a la familia y cotillear las redes sociales, salimos a dar una vuelta y a buscar un lugar donde cenar.

Descartamos Telepizzas y similares y entramos en el Restaurante Merendola 2, del cual había leído en TripAdvisor.

El menú consistía en los entrantes típicos de aceitunas (Riquísimas) y pan con mantequilla salsada y de nuevo en sopa de primero y el segundo a elegir. La crema era de berros y estaba espectacular, igual que el vino blanco de la casa, que le gustó hasta a Álvaro, que normalmente no bebe.

De segundo Álvaro pidió pescado a la brasa y yo pedí pescado adobado y rebozado, que resultó estar delicioso.

De postre nos contaron varias cosas pero sólo entendimos algo que llevaba leche condensada, una mousse deliciosa con sabor a galleta.

La cuenta fue lo mejor de todo, 16€.

 

1 Comment »

  1. Ingrid Bogaardt said,

    January 27, 2015 @ 16:49

    Me encanta tu blog! Sigue así!

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