Rumanía: Empiezan las curvas

La noche transcurrió sin incidentes si obviamos los mosquitos asesinos (Mosquitos tigre muy violentos) que habitan en Sighetu Marmației), menuda nochecita me dieron, se colaban hasta por debajo de la puerta…

Desayunamos en la misma calle del apartamento, en una cafetería de propietarios valencianos (Granell Cafés). Incluso la camarera rumana nos atendió en castellano, todo un lujo.

Salimos de la ciudad sorteando el tráfico, intenso a esas horas, y a los pocos km ya rodábamos casi solos. Pronto llegamos a un punto que conocíamos de nuestro viaje de 2014: Borșa y la carretera DN18. Había cambiado, no obstante. Asfalto perfecto y nuevo. Además empezaba a salir el sol y nos empezábamos a quitar el entumecimiento debido al frío matinal.

Inicio de la carretera DN18

Con las primeras curvas y el sol nos empezamos a animar y llegamos al punto más elevado de la carretera 18, el Pasul Prislop, un paso de montaña que conecta las regiones de Maramureş y Bukovina, a 1416m de elevación. Volver a este lugar fue emotivo puesto que en 2014 habíamos estado haciendo unas fotos a las motos junto a Ricardo y Noelia.

Pasul Prislop

Tras la parada en el Pasul Prislop emprendimos el descenso y pronto vimos que algo había cambiado. En 2014 del Pasul hacia abajo la carretera estaba destrozada, llena de agujeros, piedras y arena. Ahora era sencillamente perfecta, con asfalto nuevo y el entorno, que seguía siendo impresionante, lleno de árboles y verde. La bajada fue muy rápida, ya que a los pocos coches que alcanzamos no tuvimos problemas para adelantarlos y salvo un susto con una vaca en una curva ciega, nos divertimos de lo lindo, especialmente en todo el tramo que la carretera discurre en paralelo al río, que cada medio km aproximadamente tiene unos puentes colgantes larguísimos que lo atraviesan.

Uno de los muchos puentes colgantes que atraviesan el río junto a la DN18.

La DN18 se acaba cuando se encuentra con la DN17 y es cerca de este punto donde nos desviamos hacia una ruta más secundaria, la conocida como Transrarăul (175B+175A). Esta ruta hace 26km y conecta las localidades de Pojorata (Al norte) y Chiril (Al sur) cruzando las montañas Rarau (De ahí su nombre).

La Transrarăul es una carretera plaga de horquillas de 180º, muy estrecha en algunos puntos y con unas vistas impresionantes. Hay puntos que apenas pasaríamos un coche y nuestras motos debido a su estrechez y apenas hay lugares donde parar, pero vale la pena.

Tras terminar la 175A fuimos a parar a la DN17B, que debía llevarnos hasta la punta norte del Lacul Bicaz, un lago muy grande que debíamos rodear hasta su extremo sur, para hacer la carretera 12C, famosa por las gargantas que el río Belcina ha ido excavando a lo largo de los siglos.

Cuando llegamos al lago nos encontramos un problema: La carretera de 40km estaba cortada y era imposible pasar el lago por su orilla este. La única forma de llegar al otro extremo del lago era rodeando el lago por el oeste, que era el lado montañoso. No había alternativa, así que retrocedimos e iniciamos la ascensión hacia Durău, que era un típico pueblo de montaña, con campings, estación de esquí, etc. La ruta que debíamos tomar empezaba literalmente en la estación de esquí, y esto nos llevó a perder un buen rato confundidos, hasta que vimos que se trataba de un camino de montaña. Como no teníamos ninguna alternativa y la pista parecía ser bastante aceptable, iniciamos la ascensión atravesando en algún punto varias de las pistas de esquí, suerte que estábamos en verano…

En un momento dado Álvaro me pitó y me detuve, me advirtió de que parecía que mi rueda trasera estaba baja de presión. Tras revisarla, en efecto, tenía un corte en la carcasa. Tenía mala pinta ya que no era un pinchazo sino un corte alargado de unos 3cm. Sacamos el kit de «gusanos» de reparación y lo apañamos. Ya en el mismo momento vimos que no había quedado del todo bien, pero confiamos en que aguantaría los 9-10km de pista que nos quedaban hasta que llegáramos a la carretera asfaltada. Sin dar tiempo a que la rueda perdiera más presión tras hincharla de más, empecé la bajada por la pista, rápido pero con cuidado por si se deshinchaba en exceso, y paré en dos ocasiones (Cada 5′) para comprobar la presión. Finalmente llegamos al asfalto y Álvaro me alcanzó, volvimos a dar un poco de aire a la rueda y por fortuna para nosotros, a unos 700m siguiendo la misma carretera encontramos un taller de coches. En un primer momento el mecánico me dijo «No toco motos» pero le convencí diciéndole «Si tienes desmontadora de neumáticos de coche lo podemos hacer». Y es que la ventaja de esta moto es que la rueda trasera va con tornillos como la de un coche y es de 17″. Superados sus temores iniciales, procedimos a desmontar la cubierta y poner un parche por dentro. Afortunadamente el corte era largo por el exterior, pero en su cara interior sólo tenía 1cm.

Reparado el neumático por 20€ al cambio (No fue barato pero tampoco carísimo, teniendo en cuenta que dejaron lo que estaban haciendo) proseguimos, pero tardaría unos cuantos km en quitarme ese miedo a que la rueda perdiera aire… Tras atravesar la población de Bicaz llegamos a las gargantas del mismo nombre. La carretera serpentea entre paredes de piedra altísimas y te sientes bastante minúsculo circulando por sus rendijas.

Gargantas de Bicaz

En este punto el tráfico era algo denso, por lo sinuoso del recorrido y por la presencia de bastantes coches y algún autobús, pero en cuanto llegamos a un complejo turístico prácticamente nos quedamos solos y pudimos apretar bien durante los últimos km de bajada hacia Gheorgheni, donde pasaríamos la noche. No sé si fueron las ganas de llegar, el volver a tener la rueda operativa o qué, pero la bajada fue de infarto.

Encontramos alojamiento en un hotel bastante correcto donde además pudimos cenar platos típicos, yo en este caso me decidí por el que parece ser el pescado nacional de Rumanía, la trucha.

AlojamientoImola Hotel Strada Nicolae Bălcescu, Gheorgheni 535500, Rumanía

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