23/08/2014: Largo camino de regreso a Rumanía

A las 7 de la mañana, tal y como habíamos quedado, Ricardo y yo nos plantamos en la playa. Noelia y Álvaro vienen después. Cumplimos y nos bañamos, el agua no está fría para nada, aunque Noelia y Álvaro sólo se mojan los pies.

Tras el chapuzón (Ya podemos decir que hemos llegado al Mar Negro con nuestra moto y que nos hemos bañado!) nos duchamos y desayunamos en el mismo hotel.

Después de desayunar intentamos resetear la centralita de la moto de Álvaro, el día anterior no iba bien y aunque sospechamos de la calidad de la gasolina queremos asegurarnos.

Un rato después de salir Álvaro nos confirma que la moto sigue fallando, se ahoga al pasar de 4000rpm, pues nada, ajustaremos la velocidad y ya está.

Saliendo de Odessa enganchamos un atasco impresionante y encima hace bastante calor. Empezamos a pasar por la izquierda de los coches parados y los que vienen de frente se apartan y nos dejan salir. Álvaro iba por delante y yo el segundo. En un momento veo que el coche que viene de frente en vez de apartarse viene haciendo luces y hace un amago de encerrarme. Clavo la moto y me quedo a dos dedos por cada lado del coche de mi izquierda y el del subnormal en cuestión. Unos segundos más tarde oigo un frenazo y siento un golpe por detrás, cuando me giro Noelia está a punto de caerse, ha sido ella quien me ha dado. Avanzo la moto y me bajo sin quitarme el casco, el tipo del coche que venía haciendo luces se baja y me señala mi maleta y su coche. Yo, que sabía que no le había tocado le respondo con un “Eres un gilipollas, vienes asustando a la gente o qué?”. Aunque era ucraniano debió de entenderme a la perfección porque le cambió la cara y se quedó callado, me giro y pregunto a Noelia si está bien, me confirma que si. Recojo la tulipa de mi luz de matrícula, que se ha roto con el golpe y vuelvo a preguntar a Noelia si está bien. Aunque tiene cara de susto no se ha hecho nada serio. En ese momento cuando le digo “Vale, pues vámonos” aparece el borracho del pueblo con la litrona en la mano y empieza a decirle al tipo del coche que saque fotos. Salgo zumbando, Noelia detrás de mi y Ricardo no tiene más remedio que tirar y rezar para que el borracho y su colega se aparten. Paramos unos metros más adelante para confirmar que realmente estamos todos bien y proseguimos, pronto se disuelve el atasco.

Iniciamos un track que el Google Maps nos quería hacer evitar a toda costa pero que decidimos hacer porque la alternativa era volver a cruzar Transnistria hasta Chisináu. No nos apetecía, y mucho menos después de la movida el día anterior.

Atravesamos un puente que une dos penínsulas y llegamos a una zona muy turística, llena de carteles de habitaciones y gente que está en los costados de la carretera esperando a reclutar turistas para llevarlos a sus casas donde alquilan habitaciones.

Tras salir del caos de esta población seguimos por carreteras estrechas y poco transitadas. En un momento el asfalto se termina y empieza una pista de tierra. Álvaro y yo nos empezamos a divertir pero tenemos que ir parando a esperar a las dos Fazers, por una vez tenemos ventaja jejeje

Noelia está bastante agobiada por conducir por tierra pero se sobrepone y continuamos alternando tramos de tierra con asfalto. Pronto nos damos cuenta de que hay un camino paralelo a la carretera y que el camino está en mucho mejor estado que el asfalto, que está lleno de agujeros.

En ese tramo Álvaro y yo le abrimos la oreja y nos divertimos de lo lindo hasta que se acaba el camino y debemos volver a incorporarnos a la carretera agujereada. Cuando circulábamos por ésta veo que de nuevo nace un camino paralelo y veo un poco de barro pero en ese momento me parece poca cosa. En cuanto me meto me doy cuenta de que me he equivocado de pleno y que hay mucho más barro de lo que parece, dos metros más y mi rueda trasera me está adelantando, otros dos metros y me encuentro de pie en mitad del barro y la moto tumbada al revés de como venía.

Enseguida aparecen Ricardo y Noelia, yo estoy con un ataque de risa, Ricardo baja a ayudarme pero le prevengo de que no se meta mucho. Me ayuda y levantamos mi moto, arranco y no avanza, la rueda trasera se ha convertido en un donut y no avanzo. Ricardo me empuja y poco a poco consigo salir del barrizal sin volverme a caer. Casi me voy al suelo cuando ya estoy en tierra firme porque la rueda sigue completamente embotada.

Álvaro aparece entonces y su cara lo dice todo. No se había dado cuenta de que no íbamos y cuando se percató y se dio la vuelta se encontró con que yo estaba retozando en el barro.

Tras reponerme volvemos a montar y seguimos, a los pocos kilómetros llegamos a una carretera en mejor estado y más grande. Paramos en una gasolinera a repostar y no tienen lavadero. De hecho ninguna gasolinera tiene…

La carretera estaba destrozada, llena de agujeros en el asfalto donde parece que además se hayan entretenido en sacar lo que había dentro del agujero. Luego describiríamos la carretera como un campo de pruebas de mortero.

Iba yo delante bastante adormilado pese a que tomábamos de tanto en tanto alguna energy drink y al parecer pasamos bastante rápido por delante de una garita donde había dos policías. Digo al parecer porque yo iba tan empanado que ni los vi. Según Ricardo con el ruido de mi moto (Iba sin DB Killer jejeje) los desperté y salieron corriendo a dar el alto a Noelia, que tras dudar decidió pasar de largo. Ricardo tuvo que esquivar al policía que ya se había puesto en mitad de la carretera, pero es que con un Lada de los años 70 difícilmente nos iba a poder perseguir…

Un rato más tarde me tragué un cráter inmenso en mitad de la carretera, me asusté mucho porque además del golpe por un instante mi culo y mis pies se separaron de asiento y estriberas. Con el ruido y el susto no oí a Álvaro y al cabo de un rato me di cuenta de que iba solo, y es que iba bastante dormido. Me paré en un lado de la carretera y tras 4 o 5 minutos esperando y no venir nadie me temí algo malo. Di la vuelta a toda pastilla y me crucé con Noelia que me hizo gestos de que fuera hacia atrás. Por suerte, en el breve espacio de tiempo que nos cruzamos su cara no me pareció demasiado seria.

Al poco llegué a la altura de Ricardo y Álvaro. El topcase de Álvaro estaba en el suelo junto a la moto, me paré y pregunté. Ricardo me dijo “Algo se ha roto de la vaca”.

Tras examinar la moto vimos que uno de los soportes de la parte trasera del chasis, que sujeta el asiento trasero y las tres maletas y descansa sobre una oreja de la caja de cambios se había partido.

Fue en ese momento cuando Ricardo me dijo “Precisamente aquí, que nos ha dado el alto un policía un poco más arriba”.

Examinando la moto decidimos intentar fijar de alguna manera la pata del chasis a la caja de cambios, mientras Álvaro rescataba el trozo de metal y el tornillo de la mitad de la carretera.

Como yo llevaba cuerda de paracaídas, que es fina, ligera y aguanta muchísimo. La usamos para apretar todo lo que pudimos el tubo del chasis a la estribera, que va sujeta a la caja de cambios.

Mientras estábamos en estas me entra un retortijón que me dobla por la mitad. Necesito urgentemente mandar un fax… Qué suerte, hay una casetita a escasos 20m con buena pinta para esconderse detrás a… Eso. La casetita resulta ser una letrina, entro y no tengo claro si es mejor depositar la carga dentro que fuera. Me arriesgo… No atiné mucho con el agujero de la letrina pero en mi defensa diré que mi “pintada” no se notó mucho ya que al parecer no era yo el único “artista”…

Regresé aliviado y Ricardo se había liado a hacer nudos quedando un remiendo bastante apañado teniendo en cuenta los medios de los que disponíamos ahí en medio de la nada.

De pronto escuchamos un derrape bestial, se trataba de un camión que casi se cruzó para evitar el cráter.

Continuamos con más cuidado y menos velocidad. La moto de Álvaro no sabemos si irá a peor y encima yo noto algo raro en la mía.

Kilómetros más tarde paramos en un pueblo a buscar algo de comer. No nos quedan demasiadas grivnas, juntando lo que nos queda a cada uno conseguimos unas 65 grivnas, unos 3.8€. Entramos Ricardo y yo al supermercado con el dinero en la mano y empezamos a buscar algo y a sumar mentalmente el precio. Finalmente salimos del supermercado con un queso ahumado de casi 1kg, una bolsa de pan cortado en rebanadas, embutido, agua y alguna otra cosa… Y cambio, nos sobró dinero!

Decidimos no comer ahí mismo porque habíamos aparcado delante de un cuartel militar o algo parecido y dos tipos nos miraban con mala cara. Paramos 1km más allá en una gasolinera con césped.

Comimos en compañía de un par de perros salvajes y levantamos el aposento con ganas de salir del país. Unos kilómetros más y llegamos a la frontera. Mismo procedimiento de la entrada, un militar con ametralladora custodia la barrera, anota la matrícula en un papel y nos lo da para posteriomente abrir la barrera.

Hay que pasar por dos ventanillas, una de inmigración y la otra la aduana. Un rato más tarde estamos saliendo a la tierra de nadie. Curiosamente hay un tractor segando hierba en la tierra de nadie que cruza a sus anchas sin que nadie le diga nada…

El espacio entre ambas fronteras es larguísimo, aproximadamente 3km más tarde y tras cruzar las vías del tren en un par de ocasiones, llegamos a la frontera moldava. Cruzamos sin mucho problema y la verdad es que estamos deseando llegar a la frontera con Rumanía, que se encuentra a unos 40km. Cruzamos algunas poblaciones, un pseudo-puerto de montaña adoquinado y de nuevo carreteras bastante deterioradas.

Por fin llegamos a la frontera! Paramos en una gasolinera Lukoil a gorronear WiFi y buscar la dirección del camping que sabemos que hay en la localidad de Brăila, que está pegada a la ciudad fronteriza de Galați. Se nota que el combustible es más barato en Moldavia, en la gasolinera tienen unos tablones que colocan en el suelo para inclinar los vehículos y poder llenar más el depósito. Tras anotar la dirección del camping, salimos de la gasolinera, que está a escasos 300m de la frontera. Cuando estoy saliendo de la gasolinera le comento a Álvaro por el intercomunicador “Qué suelo más raro”, debido a que noto la dirección muy extraña y lo achaco a los adoquines de la gasolinera, pero en cuanto salimos al asfalto me doy cuenta de que es otra cosa, la rueda delantera está pinchada. Doy la vuelta e hincho la rueda en la gasolinera, parece que no pierde, quizás el Slime ha funcionado…

Bajamos a la frontera y está la barrera bajada. Nos paramos justo delante y me pongo a hablar con la policía que la custodia. Viste el uniforme pero lleva zapatos de tacón, las uñas larguísimas y arregladas y un cinturón de Prada. Antes muerta que sencilla. La chica habla italiano así que nos medio entendemos, nos dice que en unos 5-10 minutos podremos pasar. Mientras estamos parados y charlando observo que mi rueda se está deshinchando de nuevo. Pregunto a la chica si hay gasolinera cerca después de cruzar la frontera rumana y me dice que no, que quizás 10km hasta la más cercana.

Tras consultar con mis compañeros, acordamos que volveré a la gasolinera de antes ya que justo al lado había un taller de neumáticos (Vulcanizare) mientras ellos hacen cola y en caso de que abran, me esperan al otro lado.

Con extremo cuidado subo hasta el taller del chico, si no muevo la dirección la moto se puede medio conducir, muy despacio en 1ª y con los pies preparados, pero es rozar el manillar y la moto se descontrola. Llego sin caerme, todo un logro… En seguida sale a recibirme y le enseño la rueda delantera, como no habla más que su idioma le voy señalando los tornillos que hay que aflojar para sacar la rueda delantera. Me preocupa que no tenga un vaso de 12 caras para los tornillos de las pinzas de freno, pero me sorprende sacando un maletín bastante apañado. Mientras él afloja el eje de la rueda yo retiro el captador del ABS, la pinza de freno… En un par o tres de minutos la rueda está fuera. No hace falta destalonarla porque se ha destalonado al andar sin aire, intenta meterla en la máquina desmontadora pero sus garras no abren tanto (Me río al verlo puesto que la máquina que tengo en mi taller abre hasta las 23”, por lo que puedo desmontar la rueda delantera de 21” de mi moto). Le toca desmontarla a la antigua usanza, con desmontables a mano. El pobre chaval suda de lo lindo, y es que las Heidenau tienen unos flancos duros de narices…

Revisamos la cámara y al parecer el fondo de llanta, algo deteriorado ha permitido que una de las cabezas de los radios toque la cámara, haciéndole un poro. Rápidamente el chico pone un parche y comprobamos en el tanque de agua que no pierde. Vuelta a sufrir para meter la cubierta y en un rato la rueda montada en la moto. A lo tonto he perdido 1h… Le pago 5€ ya que no llevo leis moldavos y es el billete más pequeño (Las monedas no se las cambian) y salgo zumbando hacia la frontera.

La barrera está bajada pero mis compis no están… Me quedo detrás de una fila de coches. Al rato aparece un chico rumano y me dice que pase delante de los coches, que no pasa nada… Lo había pensado pero no quise cabrear a los muchos coches que estaban esperando. Bajo hasta la barrera y “mi amiga” sigue ahí, me dice que están haciendo el cambio de turno y que es cuestión de 5 minutos. Esta vez resulta ser verdad lo de los 5 minutos y cuando abren la barrera salgo disparado detrás de un chaval en bici que baja a toda pastilla. Me paro en la garita y el chaval de la bici me hace gestos indicándome a quién debo dar mi pasaporte. Se lo doy a una funcionaria que se lo lleva junto con 10 o 15 más. El chico de la bici me vuelve a hacer señas de que me acerque a la ventanilla, la gente se asoma y si su pasaporte está en la mesa mete el brazo y lo cogen.

Cuando dejan mi pasaporte lo cojo y veo a otro policía mirando la moto, me acerco y me señala una maleta, le hago gestos de abrirla y la abro. Me pregunta si llevo tabaco y me coge el pasaporte de nuevo. Se mete en la garita y al poco me lo devuelve. Ya puedo salir de Moldavia.

Veo a mis tres amigos delante del Duty Free esperando. Me acerco y arrancamos hacia la frontera rumana. Tras colarnos por un carril que no era por ir siguiendo a un coche que parecía que sabía donde iba, llegamos a la frontera. El policía mira el pasaporte y empieza a preguntarnos de qué equipo somos. Yo, que detesto el fútbol, haciéndome el simpático le enseño mi pasaporte donde dice lugar de nacimiento Barcelona y le digo que por supuesto soy del Barça. Ricardo se queda con él cuando el policía a grito pelado pregunta “Real Madrir or Atlético de Madrid?” y le responde “Rayo vallecano!!!”, el policía le choca la mano entusiasmado.

Salimos de la frontera circulando por un polígono industrial y llevo un coche pisándome los talones, ya cerca de Galati perdemos a Ricardo y Noelia en algún semáforo y me mosqueo porque el coche de antes va demasiado cerca. Me paro a un lado para esperarlos y el coche se para junto a mi, mi mosqueo es máximo. El conductor me dice en inglés que nos ha visto un poco perdidos, que él también es motero y que si nos puede ayudar. Le comento que vamos de camino al camping y se ofrece a acompañarnos. Cuando aparecen Noelia y Ricardo empezamos a seguirle, conduce a toda pastilla, está empezando a llover y en una rotonda nos acojonamos porque entramos a todo trapo para tratar de no perder el Peugeot 406 de nuestro nuevo amigo.

Se para frente a una gasolinera y nos pregunta de nuevo dónde vamos. Le hablamos del camping y nos ofrece un camping “no oficial”, le decimos que necesitamos duchas y aseos y entonces saca el móvil para buscar en internet. Le indico el nombre del camping y lo busca, llama por teléfono y avisa de que vamos de camino. Nos pide que le sigamos un poco más y que cuando nos lo indique sólo debemos seguir hasta llegar a Brăila. Luego nos da la valiosa información de continuar hasta que veamos un Carrefour, sigamos 1km más hasta una rotonda, sigamos hasta una gasolinera y salgamos justo después. Se despide de nosotros lamentando no poder acompañarnos por compromisos. Nos hacemos una foto con él y nos busca en Facebook para agregarnos.

Seguimos sus indicaciones por la carretera más oscura del mundo, yo que voy delante tengo que andar con mil ojos, consigo engancharme a un coche y quedarme detrás, ahora la presión de ir el primero la tiene otro… Seguimos detrás del coche incluso dentro del pueblo hasta que vemos un Lidl, no tenemos nada para cenar ni para desayunar.

Entramos los tres hombres a hacer la compra y la emoción de volver a estar en un país medianamente civilizado y miembro de la UE nos embarga… Compramos espaguettis, queso, tomate, galletas, crema de cacao, cola…

Buscando un vino me asaltan las dudas puesto que el típico “Conde Noble” que solemos comprar los juernes cuando nos juntamos para hacer kalimotxo, lo hay en brick en rosado y blanco pero no en tinto. Mirando en botella no me queda claro, en las de vino tinto parece que pone “Semi dulce” y temo que sean tipo moscatel…

Cuando me fijo, en la cabecera de un lineal veo vino tinto español, “Castillo de Alcoy”, denominación de origen Valencia. Me río porque durante los 3 años que viví ahí nunca me gustó el vino, pero es barato e indiscutiblemente es tinto. Salimos del Lidl cargados hasta con helado, hemos tenido un momento de euforia consumista en el Lidl…

Siguiendo las explicaciones de Bodgan llegamos perfectamente al camping, nos damos cuenta de que si no llega a llamar y preguntar cómo llegar no lo hubiéramos encontrado jamás.

Cuando llegamos a la recepción la mujer nos dice “Ah si, los españoles de las motos”.

Montamos las tiendas y nos preparamos un kalimotxo mientras Ricardo se curra la cena. El vino “Castillo de Alcoy”, que por cierto, es de Fuente la Higuera, resulta ser excelente para nuestro paladar, el kali nos sabe a gloria… Igual que nos saben los espaguettis con salchichas que prepara Ricardo. Nos ponemos como cerdos y de postre helado, como dice Noelia, qué gochez!

Tras la cena los hombres nos vamos a las escaleras de la recepción a mirar el Google Mpas. Debemos variar nuestra ruta puesto que hemos acampado antes de nuestro destino teórico y debemos recortar lo que teníamos previsto. Nos tiramos más de una hora mirando y sacamos una alternativa, reservamos algunos hoteles porque no tenemos campings en los nuevos destinos y finalmente nos acostamos.

Cuando tras lavarme los dientes regreso a la tienda me río al ver que uno de los perros salvajes que pueblan el camping está durmiendo justo delante de Ricardo y Noelia.

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