24/08/2014: Brașov

Nos despertamos y lloviznaba. Ricardo y yo nos armamos de valor para ducharnos sin agua caliente, nos lo habían advertido el día anterior. Las duchas daban asco, estaba todo inundado con casi un palmo de agua y encima el agua estaba fría de narices. En fin, mejor que oler mal…

Al salir de la ducha se puso a diluviar, así que me refugié en la recepción donde además tenía Wifi. Que te pille la lluvia circulando puede ser molesto pero antes de poder recoger es un problemón.

Me puse a buscar alternativas ya que no nos quedaba ropa limpia y la previsión era de lluvia… Busqué precios de hoteles en Brașov y encontré uno con buena pinta por 29€ la habitación doble. Reservé, así por lo menos llegaríamos a un lugar seco y podríamos lavar ropa.

La lluvia aflojó un poco y Ricardo, Álvaro y yo nos acercamos al Carrefour que vimos la noche anterior a ver si encontrábamos una cincha para fijar mejor la parte rota de la moto de Álvaro. Encontramos una con tensor que tenía buena pinta y compramos para desayunar.

Había parado de llover y salió el sol así que aprovechamos para secar las tiendas mientras desayunábamos. Entre pitos y flautas salimos sobre las 10:30.

La carretera estaba en buen estado y era tranquila, yo me estaba durmiendo sobre la moto e imaginé que mis compañeros estarían igual, así que paré en una gasolinera aprovechando a repostar. Compramos bebidas energéticas y café y estuvimos un buen rato despejándonos, parece mentira la modorra que te puede llegar a entrar sobre la moto…

Cuando reanudamos la marcha noto un pinchazo en la pierna, miro hacia abajo y veo una abeja que se ha quedado atrapada entre mi pierna y el asiento. Por suerte me ha picado a través del pantalón y a la media hora ya no me pica.

Estando a unos 50km de Brașov tuvimos que ponernos los impermeables porque empezó a llover. En una zona donde el agua cruza sobre la carretera me asusto porque la moto resbala de lado a lado.

Tras pasar por una presa empieza una zona revirada donde Ricardo me adelanta. Yo noto la moto cada vez más rara, especialmente al tumbar a poca velocidad, por lo que circulo despacio y observo que cuando me tumbo el manillar vibra muchísimo. En curvas cerradas y lentas es francamente difícil mantener la trayectoria y observo que en mojado es aún peor.

Empiezo a recordar el cráter del día anterior en Ucrania donde Álvaro rompió el soporte… Poniéndome de pie sobre las estriberas y observando la rueda delantera veo que se menea muchísimo. Debí de doblar el aro de la llanta en el maldito agujero… Siempre había dicho que la gente se quejaba mucho de estas llantas y las mías habían aguantado de todo. Hasta ahora.

Por fin logramos llegar a Brașov, yo bastante aliviado de parar porque no me siento nada seguro sobre la moto. Busco la dirección del hotel en el navegador del móvil y se lo paso a Ricardo, que tiene soporte, para que nos guíe. Noelia está un poco asustada porque nos había perdido en un cruce y encima empezaba a llover fuerte de nuevo.

Salimos detrás de Ricardo y en dos o tres rotondas me llevo un susto de muerte. La dirección de mi moto parece que se bloquee y salir de parado en mojado es toda una odisea. Respiro aliviado cuando llegamos al hotel, tengo los nervios de punta… Tras inspeccionar la moto veo que los rodamientos de dirección están dañados y la dirección se queda en el centro pillada. Maldito cráter ucraniano…

El Hotel Global de Brașov resulta ser un hotel cercano al centro, reformado hace poco y muy acogedor. Además la recepcionista se vuelca en ayudarnos y tras preguntar a su jefe si podemos lavar la ropa y darnos la negativa nos busca una lavandería por internet. Al cabo de un rato me dibuja un plano de cómo llegar a un centro comercial que está a 1km escaso donde hay una lavandería. Es domingo y no sabe si estará abierto.

Tras comer de picnic en la habitación del hotel, nos vamos con lo mínimo puesto (Pantalón corto y la sudadera sin nada debajo) al centro comercial en cuestión. Yo voy de paquete de Ricardo porque sigo preocupado por la moto.

Llegamos sin problemas al centro comercial y encontramos la lavandería. Justo cuando la vemos cerrada encontramos dos chichas con la misma cara de sorpresa que nosotros y sendas bolsas de ropa sucia. Da la casualidad de que son españolas, así que en un momento estamos 6 españoles, cada uno con nuestra bolsa de ropa sucia, mirando la puerta cerrada de una lavandería. Menudo chasco…

Volvemos al hotel con cara de tontos y lavamos en una papelera una muda para al menos tener algo para el día siguiente. Lo dejamos tendido en la habitación y tras preguntar a la chica de recepción nos explica dónde tomar el autobús para ir al centro.

Tal y como nos había dicho, encontramos la parada de autobuses y al cabo de dos o tres minutos llega un autobús de los que nos vienen bien para ir al centro. Subimos y cuando vamos a hacer amago de pagar al conductor ni se digna en mirarnos, así que nos sentamos rápidamente como si tal cosa.

Llegamos al centro y bajamos, no sea que nos detengan por colarnos en el bus y empezamos a caminar por el casco histórico de Brașov. Es una chulada y vemos las famosas letras en la montaña estilo HOLYWOOD pero que rezan “BRASOV”.

Tras hacer un poco el tonto continuamos paseando por las callejuelas y buscando un lugar que nos llame la atención para cenar. Tras ver un par de lugares que tienen muy buena pinta pero sólo son bares, decidimos entrar en un irlandés que hemos visto antes que nos había llamado la atención, el lugar se llama Deane’s.

Bajamos al sótano, que nos alucina por su decoración, nos sentamos en una mesa cerrada y un simpático camarero nos toma nota. Lo primero, unas buenas jarras de Ursus para todos menos Álvaro, que pide una Guinness.

Cuando nos traen la cena lo flipamos, qué bueno está todo!

Encima hay Wifi así que la cena se alarga bastante. Sabemos que no hay ya autobuses para volver pero el camarero nos indica dónde podemos coger un taxi. Caminamos los pocos metros que nos separan de la parada de taxis y nos subimos a uno de los muchos Dacia Logan. Los hay de todos tipos y colores, de policía, taxis, de reparto, particulares… Ya sabéis, hacen lo que los demás pero por mucho menos!

Para sorpresa de Ricardo, que va sentado en mitad del asiento trasero, el Logan es muy espacioso y cabe cómodamente pese a su 1.92m de estatura.

Llegamos al hotel en pocos minutos y pagamos el equivalente a 3.50€, nada mal para ser de noche y la distancia a la que estábamos.

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