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Trámites para el visado de Bielorrusia

Ayer recibí mi pasaporte con el visado para viajar a Bielorrusia/Belarus, por lo que os detallo un poco el proceso actualizado ya que no hay demasiada información publicada. Algún compañero de BMWMotos.com ya ha estado anteriormente, así que entre su info y la mía creo que quedará bastante claro.

En mi caso solicité visado de turismo de una sola entrada. Hay también de dos entradas y de múltiples entradas. El más barato es el de una entrada.

Pasaporte:

Sacarse el pasarporte. Parece una obviedad pero en mi caso tuve que renovarlo antes de hora. Piden 3 o 6 meses de vigencia posterior a la fecha de salida del país. Si mal no recuerdo eran 3 meses para Belarus y 6 meses para Rusia, pero en cualquier caso yo voy a ir a ambos países así que tuve que hacérmelo.

Fotos de carnet:
Necesitaréis una foto de carnet para el visado. Lo típico, fondo claro y liso, 40x30mm, etc.

Seguro médico:
Es obligatorio contratar un seguro médico que cubra en el país un mínimo de 10000€ de gastos. Necesitaréis que la aseguradora os envíe un certificado en ruso o en inglés donde especifique la cobertura en el país. En mi caso lo hice con Axa (Unos 25€ seguro para 3 semanas cubriendo toda Europa (Incluyendo Rusia, Bielorrusia y Ucrania) y 15000€ de gastos. Como en el certificado que me enviaron ponía los países pero no el importe, adjunté copia de la póliza y el certificado.

Visa support:
En la solicitud del visado hay que incluir un certificado del hotel/hostel donde nos alojaremos. No sirve una reserva hecha por internet tipo Booking.com o similar. En mi caso, les pedí el documento a la gente del Happy Hostel Minsk por 10 días. No voy a estar 10 días en el país pero te dicen máximo 10 días (Para la visa support) así que pedí el máximo. Luego puedes alojarte donde quieras, por supuesto, hay que hacer un trámite de inmigración con la policía, en el mismo hotel se encargan de ello, dentro de los 5 primeros días de estancia.

Formulario “Visa application”:
Hay que rellenarlo a mano o en el ordenador. Se puede descargar en PDF de la web de la Embajada de la República de Belarus en París. Recomiendo rellenarlo en el PC e imprimirlo ya lleno. Aquí pegaremos la foto y firmaremos.

Justificantes de pago:
Hay que incluir en el envío el justificante de pago de las tasas consulares (60€ en mi caso). Si se opta por la devolución del pasaporte por Hubnet como hice yo hay que hacer una segunda transferencia en concepto de gastos de envío e incluir el justificante. Hay otra opción para que sea envío con seguimiento, bastante más cara. El mensajero que me trajo el pasaporte de vuelta era de TNT.

Escrito con instrucciones:
Esta parte a mí no me quedó muy clara, así que redacté un pequeño texto indicando mis datos, el detalle de los documentos que adjuntaba y el trámite a realizar, así como instrucciones para el retorno del pasaporte a mi domicilio.
Algo así como yo, Perico de los palotes, adjunto pasaporte número XXXX así como confirmación de alojamiento, póliza de seguro médico, justificantes de pago y formulario de solicitud de visado para la tramitación de visado de turismo de una entrada. El pasaporte debe ser retornado a la dirección XXXX mediante HubNet.”

Mi recomendación, no paguéis a una agencia por el envío de los documentos a París, yo lo envié como carta internacional certificada urgente (9€) y llegó rápido. Con el número de seguimiento en la web de Correos pude ver que llegó el día 1 de agosto y el día 8 tenía mi pasaporte de vuelta, con lo cual, los plazos fueron exactos. Hasta 5 días para el trámite y 2-3 días de tránsito de devolución.

 

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Mirando al norte

Aunque todavía estamos a febrero, yo ya estoy pensando en el viaje de este año… Y es que siempre digo que el viaje son los meses de antes, las semanas del viaje y los meses de después.

Este año tengo intención de ir hacia el norte, para tachar algunos países pendientes de la lista como son Bielorrusia, Rusia (No tanto como quisiera, me faltan días!), Estonia, Lituania o Letonia y volver a algunos conocidos como Alemania o Polonia.

Estoy también juntando información para el visado de Bielorrusia, que no se puede tramitar en España puesto que no hay embajada (Toca hacerlo en París, por ejemplo) y acerca de visitas a la zona de Chernobýl (Ucrania).

Seguiré informando.

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22/01/2015: Covilhã – Coimbra – Nazaré – Óbidos

Nos despertamos y al igual que el día anterior decidimos tirar sin desayunar, ya pararíamos más adelante.

Dimos un poco de vuelta por las empinadas calles de Covilhã, y es que vaya tela de ciudad…

Al poco de salir de la ciudad ya no había tráfico y la carretera era sencillamente espectacular. Curvas y más curvas, todas con radio constante, sin sustos, asfalto perfecto, gruesto y seco… Nos lo pasamos bomba y Álvaro iba rozando con el pie en el suelo jejejeje

Faltando pocos km para Coimbra pillamos suelo mojado, lloviznaba a ratos y además había tráfico y algunas obras en la carretera pero el hecho de ir paralelos al Río Mondego y las vistas compensaban.

Finalmente llegamos a Coimbra y aparcamos en el principio de la zona peatonal próxima a la Igreja da Santa Cruz y la plaza Oito de Maio. Desayunamos en el Café Santa Cruz, que forma parte de la propia iglesia, un poco caro pero había WiFi y además el lugar tenía su encanto con los arcos y techos.

Paseamos por el centro viendo el Arc de Almedina, la Igreja de São Tiago y fuimos hasta el río Mondego. Quisimos regresar hacia el centro atravesando el Jardim Botânico y no pudimos hacerlo ya que el acceso estaba cerrado. Volvimos entonces callejeando por las callejuelas de piedra llenas de escaleras y empinadísimas.

Al final hubo suerte y terminamos justo encima de la plaza Oito de Maio y no nos costó encontrar nuestras monturas tras la caminata.

Decidimos ir por carretera nacional pero no secundaria, llovía y no nos apetecía hacer centenares de curvas en esas circunstancias, así que salimos de Coimbra por la IC3-IC2 que apenas tenían curvas. Había bastante tráfico de camiones pero también bastantes tramos con línea discontinua, por lo que pronto pudimos dejarlos atrás. También ayudó el hecho de que fuera la hora de la comida.

Aunque un poco tarde para la hora de la comida portuguesa, llegamos a Nazaré con bastante hambre e inspeccionamos los sitios del paseo marítimo. Había unas olas considerables en la playa…

Decidimos descartar los restaurantes de primera línea de playa y meternos a callejear por la parte más alejada. Pronto vimos un lugar que nos llamó la atención. Estaba vacío y la dueña estaba comiendo en una mesa, no había más carta que la pizarra que estaba en la calle y entramos.

Álvaro pidió una especie de plato combinado y yo pedí porco a alentejana, una receta típica de magro de cerdo con almejas, todo ello acompañado de patatas fritas.

Como la mujer no nos dio opción a postre (Llamado sobremesa en portugues) ni lo mencionamos, y aunque pedimos cafés con leche nos tocó un solo a cada uno, cualquiera le decía nada a la señora…

Tras la comida seguimos paseando por la playa viendo las olas enormes, y del viento que hacía ni las gaviotas volaban.

Volvimos a las motos y enfilamos la subida hacia el faro que se veía desde la playa (Farol de Nazaré). El viento era fuerte y hasta arriba llegaba agua del mar pulverizada.

Tras las fotos de rigor emprendimos el camino hacia nuestro destino final ese día, Óbidos. Por suerte no estábamos muy lejos, unos 40km. Llegamos bastante rápido y fuimos primero a nuestro alojamiento a dejar los trastos y cambiarnos. Qué sorpresa nos llevamos… Esa noche nos quedábamos en una casa rural (Casa de Campo São Rafael) y la verdad es que aunque era la reserva más cara de las que teníamos, el lugar compensó totalmente. Un entorno tranquilo y rodeado de campos, próximo al pueblo (4km escasos) y la mar de bonito.

De camino a Óbidos paramos en el impresionante Santuário do Senhor Jesus da Pedra que data de 1747.

Y luego fuimos al casco histórico de Óbidos, donde aparcamos las motos para disfrutar a pie del entramado de calles empedradas que hay dentro de las murallas.

Tras mirar los distintos restaurantes del pueblo decidimos ir a probar suerte al vecino pueblo de Caldas da Rainha, porque todo lo que vimos era demasiado turístico (Caro). No logramos encontrar más que una pizzería y algún burguer cutre, así que aprovechando que Álvaro tenía que echar combustible, nos dirigimos al Intermarché, donde había gasolinera más barata.

Compramos queso y presunto ahumado (Jamón), pan, una litrona de Sagres y alguna otra cosa para cenar en el hotel, más barato saldría.

No estuvo nada mal la cena, nos liamos a ver series (En inglés porque muchas de ellas no las doblan) y a dormir.

 

 

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21/01/2015: Braga – Serra da Estrela – Covilhã

Salimos tarde de Braga porque el despertador no sonó. Precisamente el día que teníamos más trayecto. Decidimos desayunar de camino cuando nos entrara el hambre, así que nos pusimos en marcha, bastante lentos ya que la carretera estaba bastante concurrida y cruzaba muchos pueblos.

Cuando llevábamos una hora y pico de camino paramos a desayunar en una de las muchas pastelerías que hay, dos cafés con leche y un par de bollos grandes por 2.50€, qué más se puede pedir?

Nos lloviznaba a ratitos pero por fortuna cada vez había menos tráfico, llegando a ser inexistente a partir de Amarante.

Disfrutamos muchísimo con las vistas bajando a Peso da Régua, especialmente el trayecto paralelo al Río Duero (Douro), realmente espectacular.

Proseguimos por la N2 disfrutando de las sinuosas carreteras exentas de tráfico y parando únicamente en Lamego a hacer unas fotos y estirar las piernas.

Andamos un rato en paralelo a la autovía y ya empezábamos a notar la proximidad a la sierra, además del viento, la temperatura empezaba a descender.

Atravesando Castro Daire vimos un sitio para comer que nos gustó. Entramos a ver qué tal y resultó tener un menú de 6€ consistente en sopa de primero y segundo a elegir.

Lo de la sopa nos vino de perlas, resultó ser una crema de verduras riquísima y de segundo Álvaro pidió pollo a la brasa y yo unas berenjenas rellenas al parmesano. Delicioso!

Tomamos el café y salimos sin mucha prisa, acabábamos de ver en las noticias de la cadena estatal la Serra da Estrela con mucha nieve, coches atascados y quitanieves… Preguntamos a la camarera si para ir hacia Covilhã nosotros pasábamos por la zona que se veía en las imágenes de la TV y nos dijo literalmente “Si, un poco”.

Salimos del restaurante sin casi poder movernos debido a la comilona y llegamos a Viseu sin demasiado problema. En Mangualde descubrimos que Peugeot tiene una fábrica, porque literalmente el GPS pretendía que la atravesáramos. Tras rodearla enfilamos hacia la montaña.

Pronto empezamos a ver nieve en las cunetas, la temperatura bajaba y la carretera estaba llena de sal. Con más miedo que vergüenza seguimos subiendo y nos preocupamos cuando vimos un cartel indicando que había tramos cortados. Si no era por la derecha sería por la izquierda, pero llegaríamos a nuestro destino como fuera…

La niebla hizo su aparición y llegó un punto en que circulábamos en 2ª con la visera abierta, sin ver más allá de 3m, viendo las curvas cuando ya estábamos encima e incluso sin ver al otro más que por la luz.

El suelo ya estaba bastante sucio de nieve y circulábamos sobre las marcas de los coches, pero es complicado ya que a veces se cruzan y toca pisar la nieve de la calzada… Realmente íbamos acojonados y congelados… Por fortuna poco a poco la niebla empezaba a despejar y la carretera a descender, tras unos interminables kilómetros cada vez la nieve era más “pasta” y menos hielo hasta que sólo la vimos en los márgenes de la carretera. Desde ésta pudimos disfrutar de las vistas de Manteigas, nos habíamos desviado del track previsto pero sospechábamos que donde el track marcaba era precisamente el tramo cortado por la nieve, porque no habíamos visto ningún desvío transitable.

Finalmente llegamos a Colvilhã y nos costó un par de vueltas encontrar el hotel. Y es que Colvihã es una ciudad sin ninguna calle plana, de una calle a la de encima hay desniveles de 6 y 7 pisos! Mi WP era correcto, estábamos sin saberlo en frente de la 6ª planta del hotel, pero la entrada estaba en la calle de debajo. Tras dar la vuelta Álvaro vió de refilón el cartel. Aparcamos las motos delante de la recepción bastante resguardadas y subimos a la habitación.

El Covilhã Parque Hotel es un hotel viejuno pero limpio y nos había salido barato, así que era suficiente para nosotros.

Tras cambiarnos, escribir a la familia y cotillear las redes sociales, salimos a dar una vuelta y a buscar un lugar donde cenar.

Descartamos Telepizzas y similares y entramos en el Restaurante Merendola 2, del cual había leído en TripAdvisor.

El menú consistía en los entrantes típicos de aceitunas (Riquísimas) y pan con mantequilla salsada y de nuevo en sopa de primero y el segundo a elegir. La crema era de berros y estaba espectacular, igual que el vino blanco de la casa, que le gustó hasta a Álvaro, que normalmente no bebe.

De segundo Álvaro pidió pescado a la brasa y yo pedí pescado adobado y rebozado, que resultó estar delicioso.

De postre nos contaron varias cosas pero sólo entendimos algo que llevaba leche condensada, una mousse deliciosa con sabor a galleta.

La cuenta fue lo mejor de todo, 16€.

 

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20/01/2015: Bragança – Chaves – Braga

Nos despertamos con los alrededores nevados. Desde la ventana del hotel la carretera parecía limpia, pero no teníamos claro lo que nos aguardaba.

Tras bajar a desayunar al bar donde cenamos la noche anterior nos pusimos en marcha. En cuanto nos alejamos de Bragança disminuía el escaso tráfico y la temperatura.

La carretera estaba mojada pero sin hielo, aunque nunca te puedes fiar… Además en Portugal parece que usan sal mezclada con arena, con lo cual, no íbamos demasiado tranquilos. Veníamos comentando lo raro de la forma de repartir de sal hasta que de pronto nos encontramos un camión que circulaba muy despacio, con tres operarios en la parte trasera echando sal/arena a paladas!

La zona estaba espectacular, con todos los árboles blancos, ni siquiera pudimos parar a hacer alguna foto ya que sólo el tramo central de la calzada estaba limpio de nieve, ni los arcenes ni mucho menos los apartaderos.

Aproximadamente a unos 60-70km de Bragança ya dejamos atrás la nieve y proseguimos chispeando a ratos. Durante un buen rato circulamos tras una furgoneta autóctona que conocía muy bien la carretera, nos vino de lujo para ir más tranquilos y sin sustos.

Llegamos a Chaves en un rato que había parado de lloviznar, aparcamos en el centro y primeramente fuimos a tomar un café y uno de los deliciosos bollos que se venden por todas partes en el país luso.

Tras recuperar el calor corporal cruzamos el puente romano de Aquae Flaviae, construido por el emperador Trajano a finales del s. I.

Dimos la vuelta y nos encaminamos a la parte alta de la ciudad, donde pretendíamos visitar el fuerte. No pudimos ya que ahora es un hotel de 4 estrellas (Forte de São Francisco Hotel). Volvimos pues callejeando a las motos y terminamos de ver lo poco que queda del castillo y torre del homenaje en el trayecto de salida de la ciudad.

Continuamos la ruta por la N103 disfrutando de las curvas, el asfalto estaba casi completamente seco y a excepción de algún sustillo (Coches que inexplicablemente toman las curvas por el carril contrario cuando les estás adelantando) proseguimos a buen ritmo hasta Braga, sabiendo que llegaríamos un poco pasada la hora de comer.

Entramos en la ciudad y en efecto, tal y como había visto al reservar, nuestro hotel estaba en todo el centro, justamente frente a la estación.

Bajamos las motos al aparcamiento del hotel y subimos a nuestra habitación. El hotel estaba limpio aunque en general, era viejo. El ascensor era un tanto desesperante, pero qué más queríamos? Camas limpias, céntrico y barato…

Comimos en la habitación restos del día anterior, pan, queso, embutido… Perreamos un rato, en el que a Álvaro le dio tiempo de echarse una mini-siesta con ronquidos y todo y luego salimos a pasear por el centro de Braga.

En recepción nos habían dado un plano que nos vino muy bien.

Tras pasar el arco que da acceso a la parte más antigua de la ciudad, entramos ver la Igreja da Misericórdia, que está llena de trozos de arcos y piedras más antiguas.

Continuamos caminando, vimos la torre del homenaje, el Castelo de Braga, la Cámara Municipal y el Jardim de Santa Bárbara.

De regreso, pasamos junto a la catedral (Sé de Braga) y aprovechamos para localizar un restaurante del que habíamos leído buenas críticas en TripAdvisor.

Volvimos al hotel para descansar un rato y cuando fueron horas regresamos al restaurante (Taberna do Migaitas), situado en la Rúa D. Gonçalo Pereira, 39.

No había más que un par de mesas ocupadas, pero se trataba de un martes de enero, no es el día más concurrido en los restaurantes.

Pedimos medias raciones ya que habíamos leído que eran muy generosas, Álvaro pidió bacalao (Bacalhau) y yo pedí cerdo al horno (Porco asado).

Qué decir de la cena… Espectacular! El bacalao tenía naranja (En Portugal hay más naranjos que habitantes y al menos en enero están a reventar de naranjas) por encima y un pan de maíz muy rico. Mi plato era sencillamente delicioso… El cerdo estaba blandito y tierno y las patatas deliciosas al haber absorvido el sabor de la carne y del horno.

De postre pedimos un “pudim”, postre típico de Braga consistente en una especie de tocino de cielo recubierto de caramelo líquido, empalagoso y delicioso a partes iguales.

Tras tan copiosa cena tomamos un par de infusiones, para bajar la comida… La cuenta ascendió a 40€, que teniendo en cuenta que nos pusimos como “porcos” no estuvo nada mal.

 

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19/01/2015: Salida y llegada a Portugal

Aprovechando que yo tenía una semana de vacaciones y mi amigo Álvaro tenía días pendientes del 2014, sin pensarlo mucho decidimos irnos unos días a Portugal de viaje.

La ruta sería desde el norte hasta algo más al sur del centro del país vecino, toda por carreteras secundarias, evitando autovías y sobretodo, peajes.

Como en enero no hay demasiadas horas de sol, decidimos empezar las jornadas temprano para no llegar a oscuras a los sitios, por lo que quedamos en Villalba a las 9 de la mañana. Todo hubiera sido más sencillo de no ser por la nevada que cayó la noche anterior. Cuando salí a las 8:30 a inspeccionar el panorama, me encontré la rampa del garaje helada y un coche atascado en ella. Tuve que ayudar a la dueña a montar las cadenas para poderlo sacar.

La primera en la frente, sacar la vaca con sus 260kg no iba a ser sencillo… Al final tras sacar el coche, saqué la moto con el modo RAIN activado y sin montar en ella, pisando yo por donde menos hielo había y la moto por la zona helada, no podía hacer otra cosa. Funcionó y la moto estuvo en la calle mucho antes de lo que había imaginado en un principio.

Me dirigí a la gasolinera donde había quedado con Álvaro jugándome el tipo, había más nieve en esa calle que en todo el resto de Villalba. No tuve bemoles de meterme en la gasolinera, que era una explanada de hielo. Como aún tenía combustible (Ventajas de los 30l de depósito), iniciamos la marcha tras volver a pasar por la calle más nevada del pueblo.

La N-VI estaba completamente limpia y no tuvimos ningún problema a excepción del frío por el Alto del León. La temperatura rondaba los -4ºC.

En Villacastín decidimos parar a tomar un café para intentar entrar en calor, por suerte ya empezaba a calentar el sol.

Proseguimos el camino por autovía, habíamos decidido evitarlas en Portugal, pero no importaba ganar tiempo usándolas hasta llegar a la frontera.

Pasado Zamora ya tomamos carretera comarcal y disfrutamos, hacía sol, la temperatura era fresca pero agradable y no había ni dios circulando.

Paramos a hacer unas fotos en el embalse de Villalcampo, muy cerquita ya de la frontera. La carretera era tan secundaria que cuando andábamos buscando una gasolinera para llenar antes de cruzar la frontera (El precio es más caro en Portugal, del órden de 15 céntimos) ya habíamos llegado a Miranda do Douro. Álvaro repostó y luego paramos en un supermercado (Mini Preço) donde compramos pan, queso y alguna cosa más para comer en plan perroflauta en el parking.

Tras la comida, disfrutamos como enanos en una carretera muy muy divertida, con cientos de curvas y buen asfalto por la N218.

El último tramo era más bonito todavía, con más curvas y más divertidas, pero al final se nos hizo un poco pesado debido a que había más tráfico. Además llegando a Bragança nos empezó a llover, por lo que además de la incomodidad (Tampoco fue excesiva lluvia) ya nos tocó bajar el ritmo.

Encontramos el hotel Ibis sin mayor dificultad, y es que pasamos por delante sin darnos cuenta… En el hotel nos dieron un mapa y nos señalaron el casco antiguo y tras dejar los trastos en la habitación fuimos a hacer el turista.

Bragança, capital de la región de Alto Trás-os-Montes tiene un casco antiguo con calles enteramente pavimentadas en piedra y un recinto amurallado la mar de guapo.

Aparcamos las motos en frente del castillo y paseamos tranquilamente por el casco antiguo deleitándonos con los edificios y construcciones.

Entramos en un bar muy pintoresco donde parecía reunirse la mitad de la población. Nos tomamos un par de Super Bocks, aunque yo personalmente soy más de Sagres jejeje

Regresamos ya a oscuras al hotel, nos cambiamos y tras un rato revisando correos, subiendo fotos y demás, salimos a investigar algún lugar donde cenar.

Tras una ojeada a TripAdvisor vimos que estábamos alejados de la mayoría de sitios, así que salimos a ver qué encontrábamos por las proximidades. No había mucho donde elegir así que tras un rato de dar vueltas nos decidimos por un bar.

Pedimos un par de cosas que nos llamaron la atención de la carta y que resultaron estar bastante bien, sobretodo teniendo en cuenta el precio, que fue muy barato.

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26/08/2014: Atravesando Bulgaria

Nos despertamos tras un reparador sueño. Tantos días de camping se agradecía dormir en cama, no tener que montar y desmontar tiendas, etc.

Bajamos a desayunar y alucinamos con el desayuno. Pastel, tostadas, queso, embutido, zumos… De todo, y por 3€ más del precio de la habitación.

Sacamos las motos del lavadero-garaje y nos pusimos en ruta rumbo Sofia. No teníamos autonomía para mucho más de 100km y vi un cartel de Lukoil donde indicaba que había una a 50km.

Cuando me daba la impresión de que llevábamos ya más de esos 50km, pasé de largo una gasolinera muy cutre sin darme cuenta de que justo detrás había una con buena pinta. Al rato me paré y Noelia hizo lo mismo, no sabíamos dónde estaban Ricardo y Álvaro. Al cabo de unos minutos aparecieron, Álvaro había visto la gasolinera “buena” y paró a repostar. Yo ya andaba en reserva. Seguimos por la carretera con la esperanza de encontrar una gasolinera. No quise meterme en mitad de la ciudad de Плевен (Pleven) así, por lo que finalmente busqué la gasolinera más cercana en los POI del GPS y seguí las indicaciones. Sólo había 2km, hicimos una pequeña pista pero por fortuna la gasolinera estaba ahí. Mi autonomía, 4km, por los pelos!

 

Tras repostar y tomarnos una bebida energética continuamos por la carretera. Era impresionante la cantidad de prostitutas que había a los lados y bromeábamos diciendo que en caso de parar seguro que terminabas sin moto ni ropa…

Finalmente llegamos a Sofia, hacía bastante calor y buscamos un lugar donde dejar las motos ya que habíamos parado en zona azul y no estaba muy claro si se podía aparcar en la acera. Encontramos un lugar entre unas jardineras y metimos las motos en medio. Estábamos en pleno centro, delante de la Banca Nacional de Bulgaria (Българска народна банка).

Caminamos hasta la Catedral de Alejandro Nevski, que estaba muy cerca y la visitamos. Es muy grande y el interior tiene pinturas por todas partes y unas bóvedas altísimas.

Seguimos caminando por el centro y como se iba acercando la hora de comer buscamos algún sitio. Vimos un restaurante al que se accedía por un pasillo que era un gran patio interior de un edificio. Nos gustó y nos sentamos. Pedimos rissotto en distintas variantes y probamos alguna cerveza nueva.

La comida resultó estar muy buena y el café también. Además pagamos el equivalente a no más de 4€ por cabeza… Qué más se puede pedir?

Tras la comida continuamos paseando, aprovechando a parar en un McDonald’s para tomar un helado y conectarnos a la Wifi, sentarnos en los parques, y como no, haciendo el tonto.

Salimos de Sofia entre un gran atasco. Encima la carretera por la que debíamos ir estaba cortada, intenté en tres ocasiones enlazarla más adelante y seguía cortada. Por fortuna, en un pueblo un señor nos explicó cómo hacerlo y con sus indicaciones y el GPS pudimos tomar la ruta correcta. Nuestro destino era la ciudad de Кюстендил (Kyustendil), la elegimos por ser muy próxima a la frontera con Macedonia, no estaba muy lejos, unos 90km, pero los últimos 15km resultaron muy pesados, por una carretera llena de baches y curvas y oscura como la boca del lobo. Por suerte llegamos a la ciudad sin incidentes.

Localizamos el lugar donde nos alojaríamos, llamado Salmina House, lo había encontrado en Booking, era una especie de hostel, muy barato (30€ los 4 en una misma habitación). Lo que no esperábamos era que la “recepción” fuera una extraña tienda de sombreros, pelucas y tétricas muñecas.

Nos recibió una mujer mayor que sólo hablaba búlgaro y que pese a que yo le intentaba hacer entender que no me enteraba de nada de lo que me estaba contando, hablaba como una cotorra. Bromeé con Álvaro diciéndole que era la típica situación en que aparecía la nieta, que hablaba inglés y además estaba buena y acerté casi al 100% porque nos quedamos con las ganas de saber si la chica estaba buena o no, sólo hablé con ella por teléfono.

La abuelita, que parecía la dueña de Piolín, nos abrió la puerta del jardín-terraza y con dificultad (Tuvimos que quitar las maletas para pasar por la puerta) metimos las motos dentro. La habitación, que estaba en la segunda planta de la casa era muy grande y tenía 6 camas, fregadero y cocina. El baño estaba fuera pero estábamos solos en esa planta.

Tras instalarnos salimos en busca de un lugar donde cenar. La ciudad era oscurísima y no se veía nada de movimiento. El único lugar que vimos animado resultó ser un hotel de 5 estrellas, donde seguramente nos hubieran echado nada más acercarnos a la puerta.

Al final terminamos yendo a un sitio que vi cuando nos acercábamos al hostel, tenía muy buena pinta y el camarero hablaba inglés con muchísimo acento, pero suficiente para entendernos.

Nos dejamos aconsejar por el camarero y cenamos la mar de bien, todo estaba delicioso.

Tras tan copiosa cena estuvimos hablando con un hombre en el restaurante que se quedó un poco alucinado con el viaje que habíamos hecho, pero la verdad es que lo que le sorprendió más que Noelia hubiera hecho el viaje con nosotros a todo lo demás. Le faltó decir “Vosotros tres habéis ido hasta Ucrania en moto? Menudos nenazas! Sin embargo ella es una valiente”.

Regresamos al hostel y tras un rato de cachondeo por las curiosas sábanas nos acostamos.

 

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27/08/2014: El lago Ohrid

Nos despertamos con una mañana muy soleada. Sin mucha prisa recogimos los trastos, nos duchamos y fuimos a desayunar a una cafetería cercana al hostel que habíamos visto la noche anterior.

Nos lo tomamos con mucha calma en el desayuno y salimos sin ninguna prisa. Emprendimos un ascenso por una carretera un tanto rota y al cabo de unos 25km llegamos a la frontera con Macedonia, penúltimo país del viaje.

Los trámites en la frontera fueron rápidos y pudimos cambiar moneda en una tiendecita que había justo después de la frontera.

La carretera de bajada era estrecha pero con buen asfalto, aunque aún tuvimos que aguantar a Álvaro un buen rato protestando…

Teníamos por delante unos 300km bastante aburridos puesto que habíamos decidido ir sin prisa pero sin pausa (Gasolina y Coca-Colas aparte) hasta nuestro destino, Kalista, concretamente al Camping Rino, donde ya me alojé el año pasado y del que guardaba un excelente recuerdo.

El tramo hasta la altura de la capital macedonia fue bastante pesado, únicamente paramos a repostar o tomar algo.

Yo recordaba un puerto de montaña muy divertido del año anterior cuando hice ese mismo recorrido a la inversa y donde me picó una abeja. Cuando por fin llegamos Álvaro y Ricardo pasaron delante quedándonos Noelia y yo por detrás. No iba nada cómodo con los rodamientos de dirección tocados…

Al rato vimos a Ricardo viniendo en dirección contraria y de inmediato supimos lo que había pasado… Ansioso como estaba de curvas, ni corto ni perezoso se había dado la vuelta para hacer el puerto dos veces!

El cabreo de Noelia era monumental y de hecho no me dejó esperar sino que continuamos a nuestro ritmo durante muchos km hasta que finalmente Ricardo apareció por detrás. No se les puede dejar solos, se crecen y…

Por fin llegamos al Camping Rino, en la localidad de Struga (Струга en macedonio), un poco tarde para comer pero no nos importó, sabíamos que ya teníamos 24h de relax por delante. El dueño, Perparim, se acordaba de mi del año anterior y como siempre, nos acogió afectuosamente ofreciéndonos licor y café, todo cortesía de la casa.

El camping tiene su propio trocito de playa del lago Ohrid, que resulta ser uno de los 3 lagos más antiguos del planeta.

En una de las mesas que hay mirando al lago comimos la deliciosa comida que Perparim prepara, regándolo, como no, con la genial cerveza Skopsko (Скопско).

Aprovechamos también para preguntar si podíamos lavar ropa y le dimos a Perparim toda nuestra ropa, quedándonos con poco más que el bañador puesto.

El día transcurrió entre baños, sol, cervecitas y risas, estábamos en la gloria tras tantos días de moto.

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25/08/2014: Cruzando Rumanía para llegar a Bulgaria

El día amanecía nublado pero no llovía. Recogimos y salimos del hotel sin desayunar, ya lo haríamos al llegar a la cercana localidad de Bran, donde se encuentra el famoso castillo del Conde Drácula.

Exceptuando por un desvío que no tomé porque no me daba tiempo y donde indiqué a los demás que giraran, no hubo contratiempos. Al final, me colé yo, Álvaro me hizo caso cuando le hice señas de que saliera y Noelia y Ricardo vinieron detrás de mi. Tras un par de pirulas para tomar la dirección correcta, nos reagrupamos y continuamos tranquilamente hacia Bran.

Al llegar aparcamos en la calle principal en un hueco debajo de un cartel donde un coche no podría aparcar. Pese a ello, se nos acercaron un par de chavales vestidos con chaleco y acreditación diciéndonos que era de pago.

En un momento me giro y veo a Ricardo en el suelo, Álvaro y yo preguntamos a la vez “Pero qué haces? Eres tonto?” y Ricardo decía “No me puedo haber dejado la pata sin poner, se tiene que haber hundido o algo”. Y no, no se había hundido, se había partido! Tras examinar el trozo de pata mejor vimos que debía llevar tiempo partida y que había terminado de romperse en ese preciso instante.

Tras enganchar con una brida de nylon el “muñón” de la pata para que no se parara la moto, nos movimos a una calle más apartada del castillo donde vimos algún coche aparcado. Dejamos las motos en fila y aprovechamos para desayunar sobre las maletas de mi moto leche y unas galletas de chocolate que nos supieron a gloria.

Subimos a la entrada del castillo y tal y como habíamos leído, los lunes abrían más tarde (12 de la mañana), por lo que decidimos hacer tiempo en el mercadillo de debajo, escribir unas postales, etc.

Como vimos que se empezó a formar cola, nos pusimos en la fila y cuando abrieron no tardamos más que 5 minutos en llegar a la taquilla y comprar las entradas (25 lei/6€ aprox.). Subimos la cuesta que separa la entrada del castillo y visitamos el castillo, que aunque es interesante, tampoco es que sea la pera, ya lo sabíamos.

Lo que sí nos gustó mucho fueron las vistas desde el castillo, con todos esos bosques verdes y montañas.

Al salir del castillo nos comimos una mazorca cada uno, las habíamos visto al entrar y estábamos con antojo jejeje

Regresamos a las motos, que para nuestra sorpresa seguían donde las habíamos dejado y nos pusimos rumbo a Bucarest. Saliendo de Brașov atravesamos un enorme polígono industrial donde además estaban en obras, nos costó un buen rato y algún susto, pero logramos salir a carretera sin más contratiempos y a los pocos kilómetros estábamos circulando por una divertida carretera con curvas muy bien peraltadas y un asfalto excelente. Aunque mi rueda y la dirección seguían mal podía ir bastante bien puesto que eran carreteras rápidas, donde siguiendo el estilo rumano, adelantábamos en continua si no venía nadie de frente.

Llegamos a Bușteni, donde había muchísimo tráfico, pero no nos importó porque el pueblo era una chulada, con casitas típicas, un centro moderno y bonito y una estación de esquí.

Pronto nos dio la hora de comer y como me habían reñido por parar en una gasolinera con intención de comer, divisé un lugar majo y paramos. Resultó ser la estación de tren del pueblo de Sinaia. Nos instalamos en un banco del andén, sacamos los bártulos y disfrutamos de la comida viendo pasar algún que otro tren.

Tras la comida Álvaro y yo fuimos a por un café a la estación y observamos algún trasto curioso adaptado a la circulación por las vías del tren.

Retomamos la carretera, que cada vez era más lisa y aburrida, para finalmente convertirse en una especie de autovía de dos carriles por la que llegamos a Bucarest.

Teníamos intención de pasar de largo, pero como no era muy tarde decidimos pasar por el centro en vez de rodear la ciudad. La verdad es que pese a los atascos, el calor que hacía y el electroventilador de la moto, que saltaba cada dos por tres, nos sorprendió mucho, una ciudad moderna, muy europea y bonita. Ah, y los policías que montaban BMW R1200RT jeje

Cruzar por el centro nos llevó 1h aproximadamente, pero habíamos hecho suficiente visita, y es que todos coincidíamos en que visitar una o dos ciudades está bien, pero visitar todas es un coñazo.

Saliendo de Bucarest, empezando una autovía perdí a mis tres compañeros y empezó a diluviar, unas gotas enormes de esas que duelen como si fuera granizo. No había absolutamente ningún sitio donde parar, estaba todo vacío, por lo que decido enroscarle la oreja a la moto y salir zumbando, delante se veía el cielo despejado. Tras 10 o 12km así paró de llover y con la velocidad y el calor que hacía me seco igual de rápido que me había mojado. Ya prácticamente seco me paro en un costado a esperar a mis amigos, que no tardan mucho en aparecer.

Desde nuestra posición hasta la ciudad de Бяла (Byala) donde teníamos reserva de hotel sólo hay 120km, que discurren bastante rápido hasta que llegamos a la frontera, donde Ricardo y Noelia intentan comprar en una gasolinera la viñeta para quedársela de recuerdo. Luego descubrimos que las motos no pagan viñeta, y nosotros preocupados por si nos decían algo al salir!

La frontera está cruzando un largo puente sobre el Danubio donde vemos multitud de naves industriales y astilleros. Hay mucho tráfico sobre el estrecho puente, pero finalmente llegamos a la frontera, donde pasamos sin más en cuanto el policía ve que somos ciudadanos europeos.

Estamos ya en Bulgaria, en la ciudad de Русе (Ruse) y nos falta muy poquito para llegar a Бяла, la carretera no es de las mejores que hemos visto, el asfalto está viejo pero aceptable y circulamos bastante rápido. Pronto llegamos al desvío y nos metemos en el pueblo. Al final nos toca darnos la vuelta, resulta que el hotel está por la misma carretera que veníamos 500m más hacia delante de donde nos habíamos desviado.

Teníamos reserva en el Formula 1 Hotel, 32€ la habitación doble con desayuno incluído. Al llegar no me gusta que las motos están muy a la vista desde la carretera, pero enseguida la chica de recepción nos dice que podemos aparcarlas a cubierto. Las metemos dentro de un antiguo lavadero/engrase con forma de hangar, a salvo de miradas indiscretas.

Las habitaciones son muy modernas y están muy limpias, en general todo el hotel parece de muy reciente construcción. Hemos visto un bar-restaurante abajo y al rato estamos sentados en la mesa. Nos dan una carta en inglés y elegimos una ensalada y pan para todos y luego cada uno un plato. Nos sorprende el pan, que es una torta tostada por fuera estilo el pan marroquí, con un intenso sabor. El aceite de oliva (Es griego) es de los que a mí me gustan, potente, por lo que nos ventilamos el pan mojando en el aceite.

El plato está exquisito y probamos un par de cervezas autóctonas como Zagorka o Каменица (Kamenitza).

Aprovechando que tenemos wifi hablo con una amiga búlgara para ver si conoce a alguien que nos pueda echar una mano a fabricar un refuerzo para la moto de Álvaro y Ricardo hace lo mismo con otra conocida, sin mucho éxito. Poco a poco le hemos ido convenciendo de continuar, primero decía “Cuando llegue a Bucarest llamo a la grúa”, ahora dice “Cuando lleguemos a Sofía llamo a la grúa” y nosotros le instamos a terminar lo poco que nos queda de viaje con nosotros.

Alargamos la sobremesa jugando con los gatos que hay y escribiendo a la familia, subiendo fotos, etc. y luego nos vamos a dormir.

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24/08/2014: Brașov

Nos despertamos y lloviznaba. Ricardo y yo nos armamos de valor para ducharnos sin agua caliente, nos lo habían advertido el día anterior. Las duchas daban asco, estaba todo inundado con casi un palmo de agua y encima el agua estaba fría de narices. En fin, mejor que oler mal…

Al salir de la ducha se puso a diluviar, así que me refugié en la recepción donde además tenía Wifi. Que te pille la lluvia circulando puede ser molesto pero antes de poder recoger es un problemón.

Me puse a buscar alternativas ya que no nos quedaba ropa limpia y la previsión era de lluvia… Busqué precios de hoteles en Brașov y encontré uno con buena pinta por 29€ la habitación doble. Reservé, así por lo menos llegaríamos a un lugar seco y podríamos lavar ropa.

La lluvia aflojó un poco y Ricardo, Álvaro y yo nos acercamos al Carrefour que vimos la noche anterior a ver si encontrábamos una cincha para fijar mejor la parte rota de la moto de Álvaro. Encontramos una con tensor que tenía buena pinta y compramos para desayunar.

Había parado de llover y salió el sol así que aprovechamos para secar las tiendas mientras desayunábamos. Entre pitos y flautas salimos sobre las 10:30.

La carretera estaba en buen estado y era tranquila, yo me estaba durmiendo sobre la moto e imaginé que mis compañeros estarían igual, así que paré en una gasolinera aprovechando a repostar. Compramos bebidas energéticas y café y estuvimos un buen rato despejándonos, parece mentira la modorra que te puede llegar a entrar sobre la moto…

Cuando reanudamos la marcha noto un pinchazo en la pierna, miro hacia abajo y veo una abeja que se ha quedado atrapada entre mi pierna y el asiento. Por suerte me ha picado a través del pantalón y a la media hora ya no me pica.

Estando a unos 50km de Brașov tuvimos que ponernos los impermeables porque empezó a llover. En una zona donde el agua cruza sobre la carretera me asusto porque la moto resbala de lado a lado.

Tras pasar por una presa empieza una zona revirada donde Ricardo me adelanta. Yo noto la moto cada vez más rara, especialmente al tumbar a poca velocidad, por lo que circulo despacio y observo que cuando me tumbo el manillar vibra muchísimo. En curvas cerradas y lentas es francamente difícil mantener la trayectoria y observo que en mojado es aún peor.

Empiezo a recordar el cráter del día anterior en Ucrania donde Álvaro rompió el soporte… Poniéndome de pie sobre las estriberas y observando la rueda delantera veo que se menea muchísimo. Debí de doblar el aro de la llanta en el maldito agujero… Siempre había dicho que la gente se quejaba mucho de estas llantas y las mías habían aguantado de todo. Hasta ahora.

Por fin logramos llegar a Brașov, yo bastante aliviado de parar porque no me siento nada seguro sobre la moto. Busco la dirección del hotel en el navegador del móvil y se lo paso a Ricardo, que tiene soporte, para que nos guíe. Noelia está un poco asustada porque nos había perdido en un cruce y encima empezaba a llover fuerte de nuevo.

Salimos detrás de Ricardo y en dos o tres rotondas me llevo un susto de muerte. La dirección de mi moto parece que se bloquee y salir de parado en mojado es toda una odisea. Respiro aliviado cuando llegamos al hotel, tengo los nervios de punta… Tras inspeccionar la moto veo que los rodamientos de dirección están dañados y la dirección se queda en el centro pillada. Maldito cráter ucraniano…

El Hotel Global de Brașov resulta ser un hotel cercano al centro, reformado hace poco y muy acogedor. Además la recepcionista se vuelca en ayudarnos y tras preguntar a su jefe si podemos lavar la ropa y darnos la negativa nos busca una lavandería por internet. Al cabo de un rato me dibuja un plano de cómo llegar a un centro comercial que está a 1km escaso donde hay una lavandería. Es domingo y no sabe si estará abierto.

Tras comer de picnic en la habitación del hotel, nos vamos con lo mínimo puesto (Pantalón corto y la sudadera sin nada debajo) al centro comercial en cuestión. Yo voy de paquete de Ricardo porque sigo preocupado por la moto.

Llegamos sin problemas al centro comercial y encontramos la lavandería. Justo cuando la vemos cerrada encontramos dos chichas con la misma cara de sorpresa que nosotros y sendas bolsas de ropa sucia. Da la casualidad de que son españolas, así que en un momento estamos 6 españoles, cada uno con nuestra bolsa de ropa sucia, mirando la puerta cerrada de una lavandería. Menudo chasco…

Volvemos al hotel con cara de tontos y lavamos en una papelera una muda para al menos tener algo para el día siguiente. Lo dejamos tendido en la habitación y tras preguntar a la chica de recepción nos explica dónde tomar el autobús para ir al centro.

Tal y como nos había dicho, encontramos la parada de autobuses y al cabo de dos o tres minutos llega un autobús de los que nos vienen bien para ir al centro. Subimos y cuando vamos a hacer amago de pagar al conductor ni se digna en mirarnos, así que nos sentamos rápidamente como si tal cosa.

Llegamos al centro y bajamos, no sea que nos detengan por colarnos en el bus y empezamos a caminar por el casco histórico de Brașov. Es una chulada y vemos las famosas letras en la montaña estilo HOLYWOOD pero que rezan “BRASOV”.

Tras hacer un poco el tonto continuamos paseando por las callejuelas y buscando un lugar que nos llame la atención para cenar. Tras ver un par de lugares que tienen muy buena pinta pero sólo son bares, decidimos entrar en un irlandés que hemos visto antes que nos había llamado la atención, el lugar se llama Deane’s.

Bajamos al sótano, que nos alucina por su decoración, nos sentamos en una mesa cerrada y un simpático camarero nos toma nota. Lo primero, unas buenas jarras de Ursus para todos menos Álvaro, que pide una Guinness.

Cuando nos traen la cena lo flipamos, qué bueno está todo!

Encima hay Wifi así que la cena se alarga bastante. Sabemos que no hay ya autobuses para volver pero el camarero nos indica dónde podemos coger un taxi. Caminamos los pocos metros que nos separan de la parada de taxis y nos subimos a uno de los muchos Dacia Logan. Los hay de todos tipos y colores, de policía, taxis, de reparto, particulares… Ya sabéis, hacen lo que los demás pero por mucho menos!

Para sorpresa de Ricardo, que va sentado en mitad del asiento trasero, el Logan es muy espacioso y cabe cómodamente pese a su 1.92m de estatura.

Llegamos al hotel en pocos minutos y pagamos el equivalente a 3.50€, nada mal para ser de noche y la distancia a la que estábamos.

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